Los directores alemanes vienen revisando últimamente su historia reciente, no hay más que ver los últimos días de Hitler en El hundimiento, o la caída del muro en Good Bye, Lenin!, por poner dos ejemplos. Ahora le ha tocado el turno al terrorismo de Baader y Meinhof. Charlamos del tema con Uli Edel, director de R.A.F. Facción Del Ejército Rojo.
¿Qué le atrajo de R.A.F. Facción Del Ejército Rojo?
Cuando Bernd [Eichinger] me preguntó si quería dirigir R.A.F. Facción Del Ejército Rojo, mi primera reacción fue: ¿Quién si no? Se trata de la historia de nuestra generación, y es una historia que me ha ocupado como ninguna otra. A mi entender, fue la mayor tragedia de la historia de la Alemania de la posguerra.
Bernd y yo nos conocemos desde 1970, cuando estudiábamos los dos en la Academia de cine de Munich. Al ser dos años mayor que él, ya había pasado 1968 y 1969 en la Universidad de Munich estudiando arte dramático y literatura alemana antes de pasarme a la escuela de cine. Durante esos dos años, fui miembro de un grupo de teatro político y andaba metido en manifestaciones o mítines políticos un día sí, otro no. Esos días estaban sumamente cargados de emoción, que es algo que he tratado de reflejar en la primera parte del film. Yo mismo fui un romántico revolucionario sin remedio, como tantos otros jóvenes de entonces. Seguí los comienzos de la R.A.F. con gran interés. Resultó emocionante ver que había gente por ahí dispuesta a llegar a tales extremos. La sorpresa y la enorme desilusión no llegaron hasta 1972, cuando estallaron las primeras bombas y empezaron a producirse muertos y heridos.
¿Cómo abordó el material?
Antes de nada, hice memoria para ver lo que podía recordar. Luego leí todo lo que pude encontrar sobre el tema. También hablé con antiguos terroristas, a veces largo y tendido. Lo que hay que tener en cuenta al hablar con antiguos terroristas es que la mente puede jugar malas pasadas a la gente. 30 o 40 años después de los acontecimientos reales, algunos de ellos recuerdan los hechos de manera que reducen su propia participación y culpabilidad. Me recordó a las conversaciones que había tenido con la generación de mi padre. Apenas quince años después de la Segunda Guerra Mundial, ya no podían recordar su participación en el Tercer Reich. Supongo que es lo que se llaman recuerdos reprimidos, un proceso que permite a la gente vivir con su pasado.
¿Cómo enfocó visualmente R.A.F. Facción Del Ejército Rojo? ¿Qué clase de película quería hacer?
Quería evitar todo lo que se asocia típicamente al cine de género. En cambio, la autenticidad era el factor clave. Los franceses lo llaman "cinéma vérité“. Por un lado, eso suponía que, cuando preparábamos la iluminación del plató, sólo realzábamos la luz ya disponible o la natural, en lugar de añadir “iluminación de cine” dramática. Y evitamos ‘travellings’ o ángulos de cámara artificiosos. La mayor parte de la película se ha rodado cámara en mano, dando a los actores toda la libertad posible. No tenían que seguir a la cámara porque la cámara los seguía a ellos. Siempre que me era posible, rodaba en las localizaciones originales, por ejemplo, la manifestación del 2 de junio de 1967 en la Ópera Alemana de Berlín, el Congreso de Vietnam en la Universidad Politécnica de Berlín y el juicio de la R.A.F. en la sala de tribunal original de la prisión de Stammheim. También traté de evitar los efectos visuales y la infografía.
Sin embargo, algunos de los tiroteos de la película son sumamente violentos y ofrecen el tipo de violencia con armas de fuego habitual del cine de género...
Basamos el número de balas que usamos en esas escenas en los informes policiales. Por ejemplo, en el caso del secuestro de Schleyer, la policía encontró hasta 25 heridas de entrada en los cuerpos de la escena del crimen. Los secuestradores realizaron su labor con una brutalidad increíble. Efectuaron un total de 119 disparos contra el equipo de Schleyer. En el caso del asesinato de Buback, efectuaron 15 disparos, que es exactamente lo que mostramos en la película. También contamos los disparos efectuados durante el arresto de Andreas Baader y mostramos únicamente lo que figura en los informes policiales. No exageramos los tiroteos; mostramos solamente los disparos que se efectuaron realmente.
¿Cómo fue rodar en los escenarios reales de la historia?
Cuando rodamos la muerte de Benno Ohnesorg cerca de la Ópera Alemana de Berlín, exactamente en el lugar en el que le dispararon el 2 de junio de 1967, se me formó tal nudo en la garganta por la experiencia, que apenas podía dirigir la escena. Cuando rodábamos la escena en la que disparan a Rudi Dutschke, todo el equipo se emocionó tanto que algunos de ellos tuvieron que marcharse. En la Universidad Politécnica de Berlín, donde se celebró el Congreso de Vietnam y Rudi Dutschke ofreció su famoso discurso, tuvimos a 1.500 jóvenes berlineses en el auditorio gritando “Ho-Ho-Ho-Chi-Minh” un día entero. Tal era su entusiasmo que no se te podía culpar por pensar que volvía a ser 1968. Poder rodar el juicio de la R.A.F. en la sala de tribunal original de la prisión de Stammheim nos proporcionó a los actores y a mí una auténtica sensación de seguridad. Martina Gedeck, Johanna Wokalek, Moritz Bleibtreu y Niels Bruno Schmidt se sentaron en los mismos sitios que ocuparon hace 30 años Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin, Andreas Baader y Jan-Carl Raspe. Precisamente, al rodar nosotros allí, interrumpimos un auténtico juicio por terrorismo: curiosamente, ahora son miembros de Al-Qaeda los que se juzgan en Stammheim...
¿Hay alguna conexión entre Yo, Cristina F, Última salida, Brooklyn y R.A.F. Facción Del Ejército Rojo?
Para mí, R.A.F. Facción Del Ejército Rojo es la tercera parte de una trilogía sobre la violencia. Última salida, Brooklyn trata sobre la violencia social; R.A.F. Facción Del Ejército Rojo trata sobre la violencia política. Y Yo, Cristina F trata sobre la violencia que cometemos contra nosotros mismos. Si se fija bien en Yo, Cristina F, verá una única foto colgada sobre la cama del apartamento de drogadicto. ¡Es un retrato de Ulrike Meinhof! Yo mismo lo puse allí entonces, sin saber exactamente por qué tenía que ser precisamente Ulrike. ¡Ahora sé por qué!
