El cineasta Jim Jarmusch tiene una presencia imponente. Alto, serio y delgado, con su tupé de pelo albino, explica cómo ha conseguido mantener la independencia a lo largo de su carrera, también con su último film, Los límites del control.
¿Por qué eligió España como escenario para Los límites del control?
No sé explicarlo realmente. Siempre tuve la idea de rodar en España. Incluso en las 25 páginas que fueron la base del guión. Siempre estuvo ambientado en España. No hay razón, más bien una intuición. Conozco desde hace más de 20 años el edificio Torres Blancas y siempre he querido rodar allí, me parece un edificio fascinante. Sevilla también lo conocía y quería rodar allí. Almería lo conocía muy bien, aunque fuera por mi subconsciente, como todo el mundo, por las películas de spaghetti-western y las películas épicas de Hollywood de los años cincuenta y sesenta. Pero en realidad, podía haber rodado la película en México o en Turquía, en cualquier país, pero me llamaba algo de España. Y luego iba añadiendo cosas poco a poco como los cuadros que se ven, que son de pintores del siglo XX, incluí el flamenco, guitarras -quería usar una versión del flamenco más realista, no tan comercial-. Pequeños toques que están en toda la película, son como tapas. Los molinos de viento que se ven desde el tren son una referencia clara a Don Quijote. Entonces eso, simplemente iba añadiendo más aspectos de la cultura y de la vida aquí. También quise sacar la Torre del Oro de Sevilla porque allí era donde se guardaban las riquezas del imperio. Es como un símbolo malvado de otra época de España.
En el guión inicial de 25 páginas, ¿qué surgió primero, la historia o el personaje?
Empecé con el personaje, porque llevo años queriendo trabajar de nuevo con Isaach De Bankolé. La primera idea fue la de alguien muy tranquilo, muy callado, un criminal que tiene una misión muy enigmática. Luego pensé el dónde y salió España. Ya después llegaron el resto de personajes.
El final de la película puede que no satisfaga al espectador. ¿Ha pretendido ponerlo al límite de su control?
No me gusta explicar demasiado la película, lo que sí es cierto es que la estructura de la película se basa en variaciones Me parece la forma más bella en el arte: música, arquitectura, etc. Esto es lo más importante para mí de la película. La historia en sí es menos importante. Estamos acompañando a un individuo que tiene su propia consciencia, sus propias ideas. Estoy un poco aburrido de la gente que te dice qué es la realidad, lo más importante que tenemos todos es la imaginación. Hay que proteger la imaginación de cada uno. Con esto se puede resolver cualquier cosa.
Es interesante lo que dice de lo que espera la gente. Nosotros decidimos llevar la película por un camino que a lo mejor no cumplía con lo que esperaría el público. Pero estoy harto de las películas que dan a la gente lo que está esperando. Nosotros decidimos hacer precisamente lo opuesto. Así que, inicialmente tenemos una película de acción sin acción, sin drama, sin venganza. Fue como quitar todas las expectativas de la gente y ver lo que quedaba al final. A lo mejor puede resultar frustrante para algunas personas, las que tienen expectativas muy definidas, pero creo que a veces nos comportamos como los perros de Pavlov, con reacciones muy programadas. A mí me gusta cambiar todo para frustrar las expectativas.
La estructura y las presencias geométricas de la película parecen contrarias a esa arbitrariedad.
Creo que no tengo una buena respuesta. Nunca he intentado analizar la película. No estudiaba cada cosa que estaba haciendo, sino que nos dejábamos guiar por nuestros instintos. Lo que intentábamos hacer es que cada plano fuera muy interesante. Hay reflejos, por ejemplo, trabajábamos con el concepto de composición. Cuando contemplas arte en un museo estás viendo la obra fuera de contexto y nosotros queríamos hacer un poco lo mismo. Hay una película que nos influyó mucho mientras estábamos rodando y es A quemarropa de John Boorman. Fue nuestra inspiración más que una influencia. Su estilo y cómo está rodada es una especie de celebración del artificio que hay en el cine. Me gusta el realismo, el neorrealismo, pero también me encanta el artificio del cine.
Llega un momento en que parece que el protagonista se va a despertar de un sueño. ¿Ha tenido alguna vez un sueño que haya influido tanto en la realidad?
Me gusta lo que dice, no porque sea una cosa literal. Pero me gusta la idea. Hay un momento en que no sabe si está hablando de un sueño o de una película. Está hablando de una secuencia dentro de una habitación donde hay mucha arena. Podía haber sido perfectamente un sueño, pero realmente vi una película de Tarkovsky, Stalker, que también habla de las similitudes que puede haber entre cine y sueño.
¿Por qué decidió que los excéntricos personajes que aparecen en la película tuvieran un nivel cultural e intelectual tan alto?
Es cierto que son personajes muy excéntricos y simplemente hablan de cosas que les interesan. Son cosas metafóricas que tienen lugar alrededor de la imaginación, que para mí es lo más fuerte que tiene una persona. Que la madera de un instrumento pueda guardar la memoria de la música, o la confusión entre sueño y cine, la idea de que se puedan reconfigurar moléculas y que de un par de zapatos viejos se puedan crear zapatos nuevos con nuevas moléculas. Todo esto son ideas que vienen de mi imaginación. Además los personajes son una abstracción. Ni siquiera tienen nombre en los títulos de crédito. No sé porqué lo he hecho.
Ha estado antes en el Festival de San Sebastián. ¿Qué le parece?
Es mi segunda vez. La primera vez no tenía película, así que me lo pasé muy bien porque no tenía ninguna responsabilidad. Pero en general me gusta mucho, porque no hay mucha presión, y además hay amor auténtico por el cine. Disfruto también de la ciudad, de la región, de la gente. Las personas son muy agradables. Es el único festival que conozco donde los fotógrafos te piden permiso para sacarte una foto.
¿Se le podría definir como el cineasta del desconcierto?
No lo sé. No es algo que hago conscientemente. Hicimos una película que a nosotros nos apetecería ver. Me pregunto qué pasaría hoy si se estrenara El reportero (1975) de Antonioni, cómo reaccionaría el público. Mi película no es un ejercicio intelectual que es fácil, es simplemente la historia de un hombre que está esperando. Vuelvo a lo de antes, y es que me da pena que con un medio tan bonito como es el cine se hagan tantas cosas sólo por cumplir las expectativas.
Algunos realizadores de cine independiente norteamericano como Gus Van Sant y Spike Lee, han combinado este tipo de cine con otro propio del star-system. ¿Ha tenido la tentación de hacer lo mismo?
Es cierto que hay directores que son adeptos a tener un pie en cada lado, pero a mí no me gusta la idea. Cuanto más dinero tengas, menos control tendrás sobre la película, y no me gusta la idea de tener que estar dando siempre explicaciones y satisfaciendo deseos de un hombre de negocios. Es cierto que cineastas como Spike Lee y Gus Van Sant han conseguido permanecer fieles a sus propias ideas, pero yo no sé si sería capaz de hacerlo. A lo mejor si lo intentara, acabaría matando al hombre de negocios, porque yo a él no le digo cómo tiene que llevar su negocio, y a mí no me gusta que él me diga cómo tengo que llevar el mío. A lo mejor estoy un poco celoso del hecho de que estos otros directores lo puedan hacer, pero a mí me gusta controlar todo lo que estoy haciendo.
Bankolé ha dicho que es un “freak controler”. ¿Esta película ha supuesto para usted un ejercicio personal de eliminación de obstáculos?
Es cierto que cuando estoy rodando tengo que controlarlo todo aunque en mi vida personal no soy capaz de elegir ni qué comer ni qué ropa llevar. En el plan de rodaje lo más importante fue que elegí a Christopher Doyle como director de fotografía, porque precisamente es muy difícil controlarle. Yo le decía lo que quería, pero con él era imposible, porque siempre me decía cosas como “por qué así, hay mil maneras buenas de hacerlo”. A las personas las controlo menos porque es más difícil, pero a los objetos sí que los controlo mucho. Pero vamos, me gusta controlar. Aunque no apoyo la teoría del autor, creo que el cine tiene mucho de colaboración. En esta película me gustaba colaborar con Isaach en la creación del personaje, con Eugenio Caballero y su equipo en el estilo de la producción, etc. Es algo que considero necesario porque yo tengo mis ideas, pero la ayuda de ellos es lo que hace que el resultado tenga una calidad superior.
Para mí la música es fundamental en mis películas y he pasado mucho tiempo produciendo el disco con la música y no veo ninguno por aquí. Resulta molesto que no lo tengáis, pedidlo.
