El alemán Oliver Hirschbiegel se hizo célebre con su mirada a los últimos días de Hitler en El hundimiento. El director sigue pegado a la realidad en Cinco minutos de gloria, una inmersión diferente al mundo del terrorismo, al juntar a la víctima y a su verdugo en un programa televisivo.
Tanto en esta película como en El hundimiento hay un elemento político claro, pero en ambos casos opta por centrarse más en la humanidad de los personajes.
Sí, para mí la humanidad es el tema principal de ambas películas. En parte es porque las situaciones extremas te dan un espejo para verte y empezar a hacer preguntas de todo tipo. En los últimos diez años parece que hay que tratar temas que importen, por eso no he abordado ninguna comedia en ese período.
En esta ocasión se trata de un tema ajeno a su país. ¿Cómo se ha aproximado a Irlanda y al IRA?
Yo veo el tema de manera universal, podría haber pasado por ejemplo, aquí, en el País Vasco. No es algo exclusivo de Irlanda del Norte. Me sentí muy cómodo cuando vi el guión porque me gustaron mucho los dos personajes por igual aunque sean de dos extremos opuestos. Conocía el tema del conflicto en Irlanda del Norte. Hablé con organizaciones, con personas del entorno. Pero evité hablar con gente del IRA o UEF. Con quien sí hablé fue con los psicólogos que ayudan a los presos y a otros afectados por la violencia y la situación. Y viví en Belfast, allí conocí su forma de pensar y me sentí muy cómodo. Salí con un poco de mentalidad norirlandesa.
Toda la película está construida hacia el clímax donde se encuentran los dos personajes. ¿Cómo ha sido el trabajo con los actores, se vieron antes de rodar esa escena?
Tuvimos un día para prepararlo juntos. Cuando era pequeño yo era un poco “chico malo” de las calles de Hamburgo, así que les enseñé alguna cosita. Pero también Liam Neeson era boxeador y James Nesbitt también tiene pasado con peleas. Entre todos arreglamos la pelea de la forma más adecuada.
¿Cómo construyó la escena de la pelea en la que se caen por la ventana?
Lo importante era que la pelea fuera muy sucia porque los dos habían crecido en las calles de Belfast y tenía que ser una pelea fea. Por esto montar la escena fue muy difícil, porque quería hacerlo sin que nadie resultara herido. Tenía un especialista preparando la coreografía de la pelea y cuando les pregunté si estaban preparados me dijeron que sí, lo rodamos, y salió bien. Yo estaba muy preocupado y hasta el día siguiente tenía el corazón que se me salía por la boca. Pero tuvimos suerte y no pasó nada.
