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El rostro del mal

Jackie Earle Haley es un tipo menudo pero fibroso. Su capacidad para encarnar la maldad, la locura, el desequilibrio, está fuera de toda duda. Sin embargo, en la vida real el ronco Freddy es un tipo afable y cercano con una dulce y melodiosa voz que emplea con cierta lentitud.

¿Qué has sentido al interpretar a un personaje tan mítico como Freddy Krueger?

Bueno, ha sido maravilloso. Poder hacer el papel de Freddy Krueger que es tan icónico, conocido en todo el mundo, ha sido un verdadero privilegio. El poder meterme en este género, estar por primera vez en una película de terror y además hacer de Freddy, es un honor. ¿Qué más puedo pedir? Especialmente cuando se trata de un personaje que ha sido interpretado tan bien por Robert Englund durante muchas décadas.

¿Crees que es el inicio de una nueva saga de “Pesadilla en Elm Street”?

No he oído nada. No me han llamado ni me han informado de nada pero sé que la película está funcionando bien y eso siempre es un buen indicio para que pueda haber más. Cuando firmé mi contrató incluía hacer dos o más películas, así que podría ser, pero no hay ninguna garantía.

A pesar de que hiciste una primera aproximación al personaje más realista, basada en asesinos en serie, luego optaste por ir por el lado fantástico.

La primera aproximación no me sirvió de mucho porque enseguida me di cuenta de que este personaje es “el coco” del que hablamos cuando contamos historias de terror alrededor de una hoguera. Empecé con el trabajo del actor, investigando, leyendo, intentando encontrar los atributos de ese personaje. Al leer el libro de psicópatas sobre Ed Kemper descubrí que había una película. La vi y me di cuenta de que era gore, muy violenta. Me cabreé mucho porque creo que si vas a hacer una película sobre un enfermo como ése, tienes que ser más real, entender qué es lo que está pasando en el individuo y no hacer una peli simplemente para hacer más sangre. Esto me hizo pensar y me di cuenta de que yo no estaba aquí para interpretar a un asesino en serie sino “al coco”, al “hombre del saco”.

Cuando se trata de un asesino en serie no es “el coco”, es un enfermo. No es alguien que nos persigue y que cuando acaba nos empezamos a reír. Me di cuenta de que se trataba de ese aspecto de nuestra cultura, cuando nos contamos historias de terror para que sintamos esa emoción del miedo pero después podemos acabar con una risa nerviosa aliviados, sabiendo que no es verdad, que no existe. Mi investigación me llevó a saber que no tenía que investigar, sino que tenía que centrarme en este tipo de “hombre del saco”.

En tu carrera hay varios personajes oscuros, trastornados, ¿qué parte de culpa tienes tú en la elección de estos papeles y cuánto crees que puede condicionar tu físico para que te elijan?

En el caso de Freddy me escogieron por mi “fisicalidad”, por como me muevo. Se basaron en trabajos que había hecho antes porque sí es verdad que he hecho muchos papeles de personas oscuras, desequilibradas. Creo que eso es parte de lo que les atrajo para escogerme para interpretar a Freddy. Yo disfruto mucho con la diversidad de todos los personajes oscuros y desquiciados que he hecho. Han sido personajes muy variados y pertenecientes a géneros diferentes. No hay uno que me guste más que otro, cada uno tiene su fascinación. 

Cuando haces un drama hay un proceso mayor de buscar la condición humana. Buscas una especie de iluminación a través de lo que estás expresando. En el caso del terror se trata sólo de entretenimiento, pero aún así todos estos personajes tienen interés para mí como actor. Claro que me encanta hacer papeles donde soy una persona normal y tengo que examinar cómo piensa el personaje, pero también me gusta hacer del “coco”.

Siempre se ha hablado de las dificultades que implica el maquillaje de Freddy. ¿Cómo fue la experiencia?

Es un proceso muy arduo, muy difícil. Montones de pegamento, silicona y todo tipo de productos de esa clase. Al principio tardaban seis horas en maquillarme cada día. Empezaban con las orejas, me las pegaban y después me ponían encima otras. Me ponían una pieza en la espalda..., y no es simplemente ponerlo y ya está, había que pegarlo todo con el pegamento, pegaban meticulosamente los bordes. En la cara se iba pegando todo pieza por pieza, trozo por trozo. Realmente fue algo muy lento. Tenía una nariz falsa, una barbilla. Desde el pecho tenía una pieza que iba hasta los párpados, después había otra pieza en la frente. Luego tenían que coger todos los bordes y disimularlo para que pareciera todo liso. Fue un proceso largo e incómodo. Cuando ya lo dominaron sólo tardaban 3 horas y media pero para quitármelo era otra hora.

Sin embargo, es algo que me motivaba para el personaje. Piensa que las puntas de los dedos eran falsas y que en la otra mano tenía las cuchillas. Me ponían lentillas y no veía nada por el ojo izquierdo y por el derecho algo, pero no demasiado. Cuando me lo ponían todo me retiraba porque realmente me sentía extraño, no me podía comunicar bien, no veía bien, lo que sirvió para alimentar un poco el personaje. Cogía todo lo que sentía, la incapacidad y todo lo que me representaba el maquillaje, los dedos y demás, y se lo intentaba transmitir al personaje.

Has dicho que has compuesto a Freddy pensando en el “hombre del saco”, sin embargo este “coco” es un pederasta, está relacionado con un tema muy serio. Es un monstruo de la vida real. ¿Cómo te quedaste cuando viste que Freddy tomaba ese cariz?

En base a lo que yo había visto de Freddy Krueger –vi la primera y partes de algunas más-, estaba muy claro que este hombre además de ser un asesino en serie era también un abusador de niños. En esta película queda mucho más claro, más patente. Añade la parte de la trama de los chicos intentando descubrir qué les pasó, descubrir y recordar. Cuando hablé con Samuel Bayer me dijo que quería volver al tono más oscuro y más serio de Freddy, de la primera Pesadilla en Elm Street.

Creo que Wes Craven también quería que su personaje se asociara con la pederastia, que se hubiera visto con más claridad, pero justo en esa época hubo en Estados Unidos un escándalo en una escuela. Coincidió y en 1984 no había la misma libertad que existe hoy, así que el estudio decidió no expresar el tema de la pederastia tan claramente. Y no hay que olvidar que, a fin de cuentas, se trata de Freddy Krueger que es la maldad personificada.

El director, Samuel Bayer, proviene del mundo del vídeo y de la publicidad, ¿cómo ha influido en el trabajo con los actores?

Yo creo que ha hecho un gran trabajo. Él controla muy bien todo el sentido visual. Me lo he pasado muy bien trabajando con Sam, aunque hay que tener en cuenta que yo estuve ausente durante una gran parte del rodaje. No estaba allí cuando trabajó con todos los adolescentes que salen en la película, pero viendo el resultado final creo que hizo un buen trabajo con ellos.

¿Crees que era necesario hacer una revisión de “Pesadilla en Elm Street” después de tantos títulos de la saga original?

Hay que tener en cuenta que este tipo de películas tienen su mejor público entre los adolescentes. El remake sirve para presentar a Freddy Krueger a una nueva generación. A los chicos de hoy les puede gustar una película de los años ochenta pero no dejará de ser una película antigua para ellos. Poner la historia en un contexto moderno con el que se puedan identificar hace que sea más relevante para ellos.

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