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Entrevistas

Un invitado de lujo

Denzel Washington es una estrella, en persona desprende el mismo magnetismo que en la pantalla. Ahora interpreta a un ex agente de la CIA muy oscuro en El invitado. Y hace hincapié en que no sólo le interesa la acción que domina sus últimos trabajos.

Un invitado de lujo

¿Por qué se involucró en El invitado, una película con un director desconocido como Daniel Espinosa?

La primera razón es que la película le interesó a mi agente, que desgraciadamente murió. El hecho de que a él le interesara me empujó a dedicarle atención. Durante casi 30 años habíamos tenido una relación muy estrecha, y de algún modo quise hacer la película como un homenaje al amigo.

Luego vi la película de Espinosa Dinero fácil y me gustó mucho, era muy interesante. Luego conocí al director y me interesó su background, su ascendencia chilena, el hecho de que se criara en África y luego se afincara en Escolmo en Suecia. Había sido un niño de la calle, que había cometido delitos menores, y que finalmente se había reconvertido en director de cine.

Un problema era el guión, me gustaba, pero no me convencía el acabado, de modo que pedí que se trabajara más, cosa que hicimos durante seis meses, en que me involucré en el proyecto como productor ejecutivo. Al final conseguimos el guión que queríamos. No quiero dar la impresión de que el guión originalmente no era bueno, pero sí que necesitaba ser trabajado.

¿Comparte la óptica del film, que desmitifica la CIA y cuestiona su actuación?

Mi interés principal para hacer la película no era desmitificar nada, no soy tan ingenuo para pensar que fuera a marcar una diferencia. Estar organizaciones siempre operan en la sombra, nunca pensé todo el mundo fuera honorable. La realidad es que la gente quiere que le protejan y vivir tranquila, y saben en el fondo que otras personas hacen el trabajo sucio para que ellos puedan seguir viviendo con libertad. Y prefieren ignorar el detalle de lo que hay detrás, que puede no estar bien. Vete a saber todo lo hubo previamente a la eliminación de Bin Laden. El presidente Obama hizo lo que hizo para acabar con Bin Laden, pero no podía decir “lo vamos a hacer la semana que viene”. Todo es subterráneo, y la gente prefiere no saber.

En el mundo del periodismo se quiere destapar lo que está oculto, lo sucio. No publican cosas buenas sobre la CIA, sino que sacan a la luz el Irangate, o la tortura de ahogamiento fingido, cosas así. Así es el periodismo. No existe un programa de televisión que se llame “Buenas noticias”.

¿Cree que un espía, obligado a acciones de dudosa moralidad, tiene la posibilidad de redimirse en la vida real?

Mi personaje es un sociópata, un manipulador, un ateo, un mentiroso, un asesino. Otros le llaman traidor. Él simplemente dice que el resto del mundo está equivocado y que él hace lo que haga falta para ganar. En todas las situaciones quiere ganar y probar que los demás están equivocadas. En la situación del ahogamiento simulado, cuando le torturan, siempre intenta dar la vuelta a las cosas, diciendo que están utilizando las toallas equivocadas. Es un poco sociópata.

¿Le resulta difícil rodar las escenas de acción como la pelea en el coche?

Bueno, el que te dejen el ojo hinchado en una escena es simplemente un mal día. Ahora mismo los vehículos están montados para que puedan ser filmados desde todos los ángulos. Aquí el conductor estaba montado en el techo nada menos. Ryan y yo no sabíamos en que dirección iba a ir el coche, por eso cuando nos peleábamos tuvimos ese pequeño accidente.

Vamos a tanta velocidad, y hay tanta acción, que es imposible que realmente Ryan condujera el coche. Hace años estas escenas se habrían hecho con dobles de acción desde lejos, pero ahora somos los actores de verdad lo s que estamos ahí, y pueden ocurrir estos percances.

Espinosa cuenta que se sentía algo intimidado de rodar con usted. ¿Es consciente de que produce este efecto?

No. (se ríe estentóreamente) La verdad es que soy una persona normal con un trabajo extraordinario.

El que el director no sea el típico de Hollywood, comercial, permite tomar algunos riesgos. Que no sea un Michael Bay...

No sé, no sé qué decir. Es Espinosa el que ha hecho el film, Michael Bay nunca me ha llamado. ¿Qué ha hecho este director? ¡Transformers, con robots! No me llamó para eso.

Toda su filmografía está traspasada por personajes de acción: soldados, policías, ladrones, deportistas... ¿Es éste un elemento determinante a la hora de decidir hacer una película?

Lo que me gusta sobre todo es la variedad. Bueno Grita libertad no es de acción, Malcolm X no es de acción, en la película que acaba de terminar, Flight, interpreto a un piloto alcohólico. En los últimos años he dirigido un par de películas que no son de acción, y compuse a Bruto en “Julio César” en los escenarios de Broadway.

Por alguna razón, en los últimos años Tony Scott me ha llamado varias veces, y hecho varias películas de acción seguidas, pero no es algo planeado.

En American Gangster tampoco había mucha acción. Estoy muy orgulloso del trabajo de Daniel, que procuró profundizar en la trama. Tenemos la tentación de etiquetar las películas con palabras como “acción”, “romance”, “thriller”, “drama”, el director ha hecho un  gran trabajo combinando elementos y profundizando en los personajes. Por otro lado, me gusta que las películas entretengan. Cuando hago películas serias, para los amigos, no va nadie, así que procuro encontrar un término medio.

¿Hay alguna película o personaje que querría hacer?

Tengo deseos de interpretar a Thelonious Monk, el pianista de jazz que compuso temas como “Round Midgnight”. Era un enfermo mental, y un día dejó de tocar, luego no hablaba, y se negaba a levantarse de la cama. Una película de acción (risas). Hubo un documental muy famoso sobre Monk, Straight, No Chaser. Me encantaría hacer este personaje.

Hace 20 años hice de Ricardo III en los escenarios y me gustaría volver a hacerlo. Y aunque aún no tengo la edad del personaje, me encantaría interpretar al rey Lear.

¿Por qué la película transcurre en Sudáfrica?

Fue una brillante decisión creativa de Daniel. Inicialmente estuvo situada en Buenos Aires, y luego en Río de Janeiro, pero esos escenarios evocaban demasiado a El fuego de la venganza. Como el director vivió en África, propuso rodar en Ciudad del Cabo, y al principio el estudio estaba extrañado. Es un lugar muy colorido, cosmopolita, con muchos elementos y mezcla de razas. Una decisión acertada al cien por cien.

También me parecía que por ser negro, me ayudaba a mezclarme y pasar desapercibido, aunque supongo que en Madrid también podía hacerlo.

¿Tiene alguna idea de hacer Plan oculto 2?

En mi maleta llevo conmigo un guión de Plan oculto 2, que estoy leyendo. Pero pienso que, al igual que pasaba con El invitado, me parece que el guión necesita ser pulido, yo estoy tomando notas y haciendo sugerencias, y a ver qué pasa.

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