Durante su presencia en Madrid para presentar "Frida", la película que le valió una nominación al Oscar, Salma Hayek sufrió un plantón de la prensa, cansada de esperarla 50 minutos. Era un obstáculo añadido al esfuerzo que había realizado la actriz para llevar a la pantalla la vida de Frida Kahlo, pues gracias a su fuerza de voluntad acometió un proyecto que en principio no interesaba a ninguna productora. En un salto cualitativo con respecto a su carrera anterior, la actriz es convincente como la mítica pintora cejijunta y con bigotes de vida desdichada, que hizo historia en la pintura, hasta llegar a ser tan recordada como su marido, el artista Diego Rivera. Al igual que Frida, Salma mantuvo el buen humor en la adversidad, y acudió rápido al lugar donde los fotógrafos habían desaparecido, y los redactores empezaban a levantarse; y supo mostrarse comprensiva con el enfado generalizado.
¿Cuando vio por primera vez un cuadro de Frida?
Tenía 14 años, y debo decir que entonces me parecieron horribles. Sin embargo, nunca los olvidé. No me los saqué de la cabeza, y esa intriga se convirtió en fascinación. Acabé buscando sus cuadros de museo en museo.
¿Está contenta con la película?
Me gusta el resultado final, que ha superado mis expectativas. Sobre todo, creo que hemos dado con el tono melodramático, necesario para transmitir que Frida era una mujer sufrida. Parece una película más cara de lo que es. Por ejemplo, en las escenas que transcurren en Nueva York no reconstruimos decorados de la época, ni nos trasladamos a esa ciudad, sino que la directora recurrió a un montaje muy original, en que las pinturas se hacen realidad.
Algunos parecen molestos porque la trama se centra más en la historia de amor que en la militancia política de Frida.
Creo que la gente tiene una idea preconcebida de cómo es Frida, que no coincide con mi visión. La esencia del personaje estaba en su forma de ser, no en sus actuaciones políticas. Lo que más me llama la atención es que mantenía su alegría a pesar de que pasó por momentos muy amargos. Además, esto es más difícil de reflejar en una pantalla. Es complicado mostrar los sentimientos, porque Frida mantenía siempre su dolor y su alegría detrás de una máscara. Son más profundos de lo que la gente cree. La alegría de Frida es personal y oscura, y su vida es una lucha continua contra la tristeza.
Para que una película llegue más al público, debemos buscar una característica con la que se identifiquen los espectadores. No todos los seres humanos se implican en política, pero todos buscan el amor. Es su faceta más humana, la que le permite sacar fuerzas para afrontar la vida.
Frida estaba muy enamorada de su marido, pero aún así tenían una relación muy liberal, y ambos se relacionaban con otras personas. ¿Toleraría algo así con su novio, Edward Norton?
Ella no exigía fidelidad, sino lealtad, seguir queriéndose a pesar de los escarceos con otras personas. Yo no aceptaría: exijo también la fidelidad. Soy más exigente que Frida.
¿Fue muy duro el proceso de transformarse físicamente en Frida?
El proceso de maquillaje llevaba entre 5 ó 6 horas al día. A veces había que repetir, por lo que se podía alargar 2 ó 3 horas más. Lo peor fue el yeso que llevo en las escenas del accidente. Intentamos construir uno que se abrochara y pudiera quitarse fácilmente, pero no era creíble, así que me ponían uno de verdad que se quedaba duro. Luego me lo tenían que quitar con un serrucho eléctrico, y eso daba mucho miedo, y además, me han llegado a cortar. También llevaba un aparato de hierro muy incómodo, que me daba alergia.
¿Supone un triunfo para usted que la nominaran al Oscar?
Hace unos años, ni siquiera me atrevía a soñar que alguna vez estaría nominada. No importa que no me lo hayan dado, ha sido todo un triunfo para mí.
Cuando empezó a involucrarse en el proyecto, ¿sabía que Madonna y Jennifer Lopez estaban interesadas en interpretar al personaje?
Sí, pero no me lo tomé como una competición. Yo llevo muchos años intentando poner este proyecto en marcha. Cuando llegué a Estados Unidos, iban a hacer la biografía de Frida, con Laura San Giacomo, pero como no la habían fichado definitivamente, traté de pedir una prueba para el papel. No lo conseguí. Mandaba cintas, telefoneé muchas veces a la oficina del director, pero no logré pasar de la secretaria. Al final, me dijeron que yo no era la más apropiada para el papel, porque era demasiado joven, aunque el verdadero motivo es que yo no era nadie. Sólo había hecho telenovelas en México, y eso en Estados Unidos no sirve de nada. Yo les dije muy enfadada que la película no se haría hasta que yo no tuviera la edad, y curiosamente, es lo que ha ocurrido al final.
Curiosamente, en la versión original en inglés, hay canciones y palabras sueltas en español. ¿Las entendían en Estados Unidos?
La palabra “panzón”, se repite mucho, y tiene un sonido tan específico que los anglosajones acaban entendiendo que se pronuncia con sentido cariñoso. Igual pasa con las canciones, que tienen tanta fuerza por su mensaje universal.
