Con motivo de la presentación de la película Black Hawk derribado, entrevistamos a su director Ridley Scott.
La película nos introduce en la guerra con fidelidad a los hechos acaecidos en Somalia el 3 de octubre de 1993. ¿Se asemeja el film a un documental?
Yo quise plasmar en la película lo que Mark Bowden cuenta en su libro: es la “biblia” de información que manejo. Es muy preciso, y recoge entrevistas directas con los protagonistas de los hechos. Esto lleva a un estilo más documental de lo habitual. Por eso nos resistimos a incluir historias paralelas o antecedentes de los personajes (sus mujeres, novias...): para acentuar el tono documental. Queríamos contar el episodio en sí. En el momento en que se incluyen esas historias, se cae en la dramatización. Y se pierde ese aire real.
Esa resistencia a la dramatización conduce a un peligro: la deshumanización del film. Tanta escena bélica... Precisamente en Blade Runner nos advertía del peligro de deshumanización que acecha a la sociedad.
¿Para usted los soldados están deshumanizados en la película?
Faltan más referencias entre tanto personaje. Dominan las escenas bélicas, y no logro identificarme con ningún soldado.
¿Y qué pasa con el general Garrison, que enjuga con un trapo la sangre de sus hombres?
El personaje de Kurth es un Delta que está ahora en Afganistán. ¿No te identificas con ese personaje, que dice ‘cuando una bala te pasa por aquí’ [hace el gesto de una bala rozándole] ‘toda la cuestión política se va al traste, lo único que importa es sobrevivir’? ¿No te identificas con Eversmann, el soldado sin experiencia de combate, cuando le preguntan ‘qué ha cambiado’ y él responde ‘no ha cambiado nada’, pero luego reflexiona y dice ‘Bueno, ha cambiado todo, porque he cambiado yo’? ‘¿Qué pasa, qué pretendes ser un héroe?’, le dice. Y responde: ‘No, sino que a veces las cosas, simplemente, salen de una determinada forma’, en alusión a los muertos.
Además [con tono guasón], se ve que esto no lo captó, está la carta real de un soldado, encontrada en un bolsillo, que al mes de su muerte, su viuda recibe, junto a los efectos personales. Y al final se hace la lectura de esa carta, muy tierna y sencilla. Podría ser la carta del ‘soldado universal’, bien podría ser de un soldado somalí.
¿Por qué esta historia en particular?
Cuando hago una película, tiene que atraerme la historia. La analizo, y que me guste es intuitivo. Doy vueltas al proyecto, sin hablarlo con nadie. Si lo comentas, es imposible expresar con palabras qué te ha atrapado de la historia sin que te digan algo. Por ejemplo, en este caso: una película de guerra, sin novia, sin romance, sin sexo, que sólo trata el proceso y procedimiento de una acción bélica... Y encima, un proyecto a gran escala, de coste elevado... No tiene lógica.
A mí me pareció que esta película suscitaba una cuestión muy interesante: la de la intervención, la injerencia en los asuntos de otra nación. ¿Debemos –y lo digo en plural– intervenir, cualquier nación, en los asuntos de otra en condiciones inferiores, que sufre una situación de despotismo político? Es lo que plantea la película, que además muestra qué sucedió en un caso concreto de intervención. Por ejemplo, ¿procede que Collin Powell hable con dos naciones, India y Pakistán, que son potencias nucleares? ¿Procede o no? Y en el caso de Israel y Palestina. ¿Debería mediar Estados Unidos? Ya sabemos lo que ocurriría si Israel decidiese ir a por todas... Barrerían del mapa a Palestina. Y eso provocaría una reacción en cadena de impredecibles consecuencias. Es una cuestión internacional. ¿Hay que intervenir? Y la pregunta no es tanto si deben hacerlo los americanos –aunque a ellos es a los que más se critica por hacerlo–, si no si procede intervenir.
¿Y cuál es su opinión?
Mi opinión es que no veo a nadie más hacer nada. Todo el mundo se abstiene, como mirando a otro lado. Esperando a ver qué hacen los americanos, para luego decir algo. Mi opinión es: gracias a Dios que tenemos a los americanos, que al menos están ahí intentando arbitrar y mediar.
La película ha contado con la asistencia del Pentágono. ¿No era un condicionamiento?
No lo creo. Porque tanto nosotros como el Pentágono coincidíamos en la meta de la película: proporcionar toda la información posible acerca de la operación que contamos. Y ni el libro ni la película se pronuncian a favor o en contra de la intervención. Para bien o para mal, ambos coinciden en mostrar simplemente lo que ocurrió.
