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Entrevistas

El corazón de Werner Herzog

Se trata de un cineasta legendario, representante indiscutible del llamado Nuevo Cine Alemán. Werner Herzog es un hombre tranquilo, todo un caballero, dista mucho de los personajes enloquecidos de algunos de sus filmes, que emblemáticamente representó Klaus Kinski. El director, gran documentalista, nos habla de "La cueva de los sueños olvidados", y su visión del arte y la condición humana.

El corazón de Werner Herzog

El veterano cineasta alemán Werner Herzog es un gran maestro del documental. Con La cueva de los sueños olvidados, usando por primera vez el 3D, logra compartir con el espectador la emoción de introducirse en un mágico lugar donde nuestros ancestros moraron hace decenas de miles de años. En cierto momento del film pide a sus acompañantes que callen, para escuchar el sonido de la cueva, un silencio sólo roto por una atmósfera indefinible de ligerísimos ruidos, y finalmente por el latido de un corazón, la emoción ante el misterio.

Me acerco a Herzog y le pregunto, ¿los latidos del corazón que escuchamos en el documental son los suyos? Me mira tal vez con el temor de romper la composición que yo me hecho, pero con sinceridad me confiesa “No, no es mi corazón, ese sonido lo añadimos luego en estudio”. Pero me mira con complicidad y añade: “ese corazón, sí, podría ser el mío, pero es también el suyo, el de cualquier espectador que contempla emocionado la maravilla de la cueva Chauve”.

Werner Herzog ha pasado por Madrid para presentar La cueva de los sueños olvidados, una muesca más en su larga carrera de documentalista. Lo hace en una rueda de prensa acompañado por Juan Luis Arsuaga, científico ligado a las excavaciones de Atapuerca. En estas líneas recojo los comentarios de Herzog acerca de su poderoso film.

Afirma el director alemán que “el silencio desempeña un papel muy importante en mis películas, no en balde dirigí un documental titulado El país del silencio y la oscuridad. Pero también la música, creo que para mí es más importante que para otros compañeros cineastas. En mi caso ha sigo un gran descubrimiento Ernst Reijseger, el compositor del film, que maneja él mismo además el cello. Ahora acabamos de presentar juntos una instalación en la Bienal del Whitney Museum en Nueva York”.

La condición humana

Rodar una película sobre la cueva Chauvet y lo que allí hizo el hombre prehistórico obliga a interrogarse sobre la condición humana. Lo primero que tiene claro Herzog es que “los libros sobre la cueva con sus numerosísimas fotos no le hacen justicia, las dos dimensiones no alcanza a reflejar la atmósfera dramática que provocan las formas que adopta la piedra, la belleza de la cueva con sus pinturas, sorprendente, o los restos óseos, más de cuatro mil”. Así que, afirma, “he aprendido mucho, estoy sorprendido y he desarrollado el sentido del descubrimiento. Si no he transmitido esa misma sensación al público, pienso que he fracasado. Y se suscitan las preguntas, acerca de la ausencia de restos humanos en el interior de la cueva, o por qué las pinturas están en lo más recóndito”.

Además, Herzog detecta “una memoria cultural, que se perpetúa hasta Picasso con la serie del minotauro y la mujer, desde la mitología nórdica con Odin y la representación del caballo de ocho patas para mostrar su rapidez, y que conecta con el bisonte de ocho patas que tenemos en esta cueva”. Pero a la hora de interrogarse acerca de “qué nos hace hombres” “la ciencia se enfrenta a un misterio”. El cineasta comparte la idea de que “el comienzo del arte y el surgimiento de la representación figurativa permiten hablar del alma moderna”.

Interrogantes suscitados por el arte

La belleza y perfección de las pinturas de Chauvet conducen a Herzog a ser rotundo: “No son garabatos, sino arte grandioso. Y ese logro no pienso que sea consecuencia de algo patológico [la respuesta a una creación imaginaria de un mundo sobrenatural], no es una alucinación. Como cineasta, no considero que mis obras sean algo patológico. Yo transmito al público la sensación de vivir una maravilla, un milagro.”

Para Herzog la divulgación en la ciencia y en el arte es algo necesario: “Ya existe en el mismo arte prehistórico. Algunas representaciones como las de Altamira son icónicas, se repiten en otros lugares. Y ello me ha llevado a preguntarme si no habría pintores itinerantes que iban con su tabla de un lugar a otro. La figura del bisonte dormido se repite en varios lugares. Lo mismo ocurre con otras representaciones como las Venus de grandes pechos, que son esa especie de memoria cultural que llega hasta nuestros días, Pamela Anderson y Los vigilantes de la playa.” El director se ríe cuando habla de “esta especie de códice que se transmite” y aclara “cuidado, mi respuesta dista de ser científica”.

Primitivo y prehistórico

No le gusta a Herzog que se hable de “hombre primitivo”, “no me suena bien esa expresión”. Y ello “porque puede verse a una humanidad desarrollada en su arte y con ciertos instrumentos mecánicos muy ingeniosos, antes de que se inventaran el arco y las flechas”.

Habla de un modo curioso que el problema ecológico surge ya entonces, cuando el hombre prehistórico pasa de ser nómada a sedentario. Y se refiere a los primeros “pecados mortales de la humanidad”, el inicio de los cuales sería “cuando se crió al primer cerdo domésticamente”, una alternativa a la caza. Otro “pecado mortal” lo atribuye a Petrarca cuando, según cuenta él mismo, “escaló una montaña sólo por el placer de hacerlo. Lo cuenta con el temor de quien piensa que ha hecho algo que no debería haber hecho. No sabía que con eso había inventado el turismo. De todos modos, para mí el gran pecado es el turismo masivo. Me parece bien en cambio, y animo a mis estudiantes de cine a hacerlo, el venir caminando, por ejemplo, de Kiev a Madrid.”

Sobre la añoranza del estilo de vida del hombre prehistórico, piensa que “debemos ser muy cautos, no se puede volver al pasado”.

Documental y ficción

No encuentra Herzog tantas diferencias a la hora de abordar una película de ficción o un documental. Y pone un ejemplo: “En un documental tengo que hacer un casting, igual que en mis otras películas, tengo que seleccionar a las películas con las que voy a hablar y que aparecerán en el resultado final.” Y piensa que géneros y tonos se mezclan de modo inesperado, como en las imágenes de los cocodrilos albinos del epílogo del film, que para el director “conectan con la ciencia ficción y la poesía”.

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