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Lech Majewski: “Hoy en día la gente escapa de sí misma, se busca no pensar”

Director polaco, nacido en 1953. Su cine no es convencional y con su última película, "El molino y la cruz", ha demostrado su genio creativo. Hablamos con él con motivo del estreno del film.

Lech Majewski: “Hoy en día la gente escapa de sí misma, se busca no pensar”

¿Cómo surgió la idea de hacer El molino y la cruz?

Fue Pieter Bruegel quien quiso que hiciera la película… ja, ja. Desde que era yo un adolescente me encantaba Bruegel. Me fascinaban sus cuadros en Viena. Me recordaba a Fellini, porque me atraían físicamente. Luego, con el tiempo, fui descubriendo más capas y significados en sus obras. Años después conocí a Michael Francis Gibson, quien me dijo que yo tenía una mente muy brugeliana y me envío un libro suyo sobre el cuadro “El camino al Calvario”. Ese libro me produjo muchas imágenes en la cabez. Quise hacer una película sobre él, así que fui a París para hablar con Michael y le dije que quería hacer una película sobre su libro. Él me contestó que estaba loco, pero que lo haría… Por eso digo que en esta película es como si Bruegel hubiese llamado a mi puerta y me dijera que tenía que pagar mi fascinación por él. Creo que Bruegel es ese tipo de persona que no muere. Sentí su presencia durante los cuatro largos años del proceso.

¿Cómo es Bruegel para usted?

Creo que es un mago, un ilusionista. Cuando vas a un museo a ver sus cuadros te das cuenta de que sus personajes no son conscientes de que se les pinta. Están de espaldas, moviéndose, no miran. Pienso que Bruegel consigue que el espectador se sienta por eso como dentro del cuadro, de lo que sucede.

Su película da mucha importancia al sonido, a la música...

Me encanta escuchar los sonidos cuando estoy rodando. Sin embargo, en este caso era más difícil, porque si estoy en una historia de 1564 no puedo jugar con los sonidos modernos. Y es que hoy todo va muy rápido, hay como un escape generalizado, se escapa de uno mismo. Y se busca no pensar. El mayor negocio de hoy en día sería una empresa que fomentara el escapismo. Te harías millonario. Además, en mis tiempos la vida estaba en la calle. Yo me crié en una ciudad minera y entonces las gentes se asomaban a las ventanas y veían pasar a las personas, había ruido, vida callejera. Ahora, sin embargo, todas las ventanas están cerradas. La gente ve la televisión. Todo está lleno de vida artificial y los niños están perdiendo la percepción de la realidad.

¿Y la mentalidad de los hombres es la misma entonces que ahora?

La naturaleza huma sigue siendo la misma. Hay progreso y regresión, pero sólo en las cosas técnicas: astronomía, tecnología, etc. Pero en el espíritu humano no se ha avanzado, en temas como el arte, la pintura, la música seguimos igual. Es más, nada ha podido igualar la música de Johann Sebastian Bach.

¿Cómo contrató a los actores?

Fue sencillo. Michael York vio una exposición mía en el MOMA y se puso en contacto conmigo para hacer el film. Algo parecido sucedió con Charlotte Rampling, que al conocerme me comentó que quería colaborar conmigo. A Rutger Hauer le llamé por teléfono y prácticamente asentía a todo lo que yo le iba contando del film. Sobre la marcha decidió trabajar en su personaje.

Los colores y el vestuario están muy cuidados...

Dedicamos un año entero al vestuario de la película, en donde trabajaron 40 modistas para coser a mano cada una de las prendas. Tuvimos un problema con los colores, porque no podían ser modernos, sino vegetales, de modo que hicimos mixturas con remolachas, cebollas, manzanas. Debía ser tan natural como en aquella época.

¿Qué ha sido lo más complejo de la película?

El proceso técnico. Había que crear el espacio de los personajes del cuadro. Pinté todos los personajes distintos, pero era muy difícil captarlos a todos, captar su lugar específico. Descubrimos que el cuadro tenía 7 perspectivas diferentes, y entre ellas algunas eran contradictorias. De este modo, cada plano que hiciéramos debía ser distinto. El proceso de composición técnica de plano nos llevó dos años y medio, con un mínimo de 40 capas digitales diferentes para cada plano y un máximo de 120 capas. Lógicamente trabajé con multitud de técnicos gráficos expertos en diseño por ordenador.

¿Dónde hizo las filmaciones?

Las localizaciones de rodaje fueron variadas, sobre todo Polonia, República Checa y Austria. Aunque las nubes son de Nueva Zelanda...

La película es gótica en cuanto al sentido religioso, a la constante presencia de Dios...

Para existir arte pleno ha de haber un eje vertical que vaya desde arriba hasta abajo, es decir, desde Dios hasta el hombre. No es suficiente con que haya un eje horizontal, que muestra al hombre, su maldad, su materia negra. Este eje vertical es así siempre, en todas las épocas, no sólo en el gótico. Sin ese eje vertical todo arte está vacío.

En este sentido, ¿piensa que hay que hablar de religión, que no se puede olvidar a Dios en las escuelas?

Hoy en día parece que queremos cortar con el pasado, pero no se puede olvidar de dónde venimos. Por un lado está el derecho romano y por otro la religión judeo-cristiana. Europa está llena de iglesias, y éste es nuestro bello pedigrí. No tiene ningún sentido eludir esa realidad o hacer como si no existiera.

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