El 27 de julio fallecía Youssef Chahine, el cineasta egipcio más conocido. “El príncipe del cine árabe” estaba en coma desde hacía un mes, cuando sufrió un derrame cerebral. Con 82 años, su filmografía comprendía 28 películas, la primera de ellas rodada en 1950. Se cine se distinguió por su amplitud de miras, historias universales que no renunciaban a sus orígenes ancestrales.
Youssef Chahine nació en Alejandría, Egipto, el 25 de enero de 1926. Precisamente esta ciudad se convirtió en piedra angular de cuatro de sus películas, realizadas entre 1979 y 2004, y que muchos estudiosos del cineasta consideran lo mejor de su filmografía. Era católico, hijo de padre libanés y madre de origen griego. La rica herencia de una formación cristiana en un entorno mediterráneo encrucijada de culturas, le sirvieron para concebir un cine que pretendía mostrar cómo era posible la convivencia de civilizaciones diversas en paz y armonía. Sirva de botón de muestra su participación en el film colectivo 11'09''01. 11 de septiembre. Aunque Chahine no se engañaba acerca de la complicación de estos buenos deseos, pues había visto con sus propios ojos cómo su apoyo a la revolución en su país de Gamal Abdel Nasser no se traducía luego en el sistema de libertades que él deseaba.
Además de estudiar en el Victoria College, el colegio inglés, y en la Universidad de Alejandría, vivió una temporada en California, Estados Unidos, y fue en el Pasadena Play House donde aprendió a amar los musicales americanos. De regreso a Egipto, fue de la mano del director local Alevise Orfanelli que consiguió hacer su primer largo, Baba Amin (1950). un musical. Su siguiente película, Ibn el Nil, le permitió acudir a concurso al Festival de Cannes. Comenzaba una buena relación con el certamen, que culminó con la entrega del Premio Especial del 50 aniversario del festival. 1954 sería el año de Siraa Fil-Wadi, película que puso en el firmamento fílmico por primera vez a Omar Sharif, quien ocho años después sería reclamado por Hollywood para Lawrence de Arabia.
Los conocedores de la obra de Chahine –sus película apenas han tenido difusión en España– subrayan su eclecticismo, pues cultivó además del musical el melodrama, el realismo urbano, el cine histórico y la crítica social. Esta última le puso en el disparadero de los radicales islámicos, que no apreciaban su cine. Como ha señalado el presidente francés, el cine de Chahine estaba “muy ligado a Egipto, pero abierto al universo”, y además “denunciaba la censura, el fanatismo y el fundamentalismo”. Estas circunstancias agotaban al cineasta, que señalaba lo arriesgado que era para él hacer cine, y como de su dedicación profesional, el 80% del tiempo lo debía dedicar a hacer política, reunir dinero, suavizar asperezas y demás, mientras sólo el restante 20% podía emplearlo a fondo en lo que él deseaba, hacer películas. Con el novelista Naghib Mahfouz colaboró en filmes como al-Ikhtiyar. No fueron raras las polémicas con los radicales por sus interesantes películas sobre la figura bíblica del antiguo testamento José en al-Mohager y sobre el filósofo Averroes en El destino. Su última película, El caos, presentada en Venecia en 2007, era una crítica al actual régimen egipcio de Hosni Mubarak.
Cineasta enamorado, afirmaba que “en Oriente nos falta tecnología, pero somos más civilizados en lo que se refiere a las relaciones humanas. Si existe vergüenza para decir ‘te quiero’, eso significa que algo no va.” La muerte no ha pillado de improviso a Chahine. Ya en 1977 fue sometido a una operación a corazón abierto, y entonces afirmó: “No he tenido jamás miedo a la muerte, nunca la he oído venir. Lo único que me asusta son los fanáticos.”
