La actriz Mia Farrow se toma muy en serio su papel de Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF. Últimamente la tragedia de Darfur, en el sur de Sudán, ocupa todos sus esfuerzos. Vale la pena moverse, piensa la actriz de La Rosa Púrpura de El Cairo y La semilla del diablo, para ayudar a paliar el desastre que vive la región.
El último movimiento de Mia Farrow para llamar la atención sobre África, ese continente tan ignorado, ha sido reunirse el pasado 15 de agosto con supervivientes del genocidio acontecido en Ruanda en 1994. La actriz participó en una ceremonia de antorchas celebrada en la École Technique Oficielle de Ruanda, donde hace poco más de 10 años miles de personas de la etnia tutsi fueron vilmente asesinadas. La idea es imitar la célebre ceremonia olímpica de portar la antorcha con el fuego sagrado hasta el lugar donde tienen lugar los juegos. En este caso, se trata de visitar países que han padecido situaciones genocidas, como Armenia, Camboya, Alemania y Bosnia, y terminar el periplo en Hong Kong; la intención no es otra que presionar sobre China (anfitriona de los juegos de 2008 en Pekín), de modo que hagan valer su influencia sobre Sudán, un país con el que mantiene buenas relaciones. Se calcula que 200.000 personas han muerto en Darfur, además de que 2,5 millones han sido desalojadas de sus hogares. Y aunque la ONU ha autorizado el despliegue de una fuerza multinacional compuesta de 20.000 cascos azules más 6.000 policías reclutados entre civiles, el gobierno de Sudán se resiste a aplicar la resolución 1769, por lo que Farrow insiste, erre que erre.
Lo cierto es que Farrow no es de las que se conforma con hacerse “la foto” como apoyo a una causa humanitaria. Tiene una página en internet, miafarrow.org, donde informa puntualmente de sus actividades, denuncia lo que le parece mal, y cuelga fotos de las personas con las que se encuentra. El 27 de julio publicó un artículo en el prestigioso The Wall Street Journal informando de la situación actual en Darfur. Y el 5 de agosto tuvo el gesto de ofrecerse ella misma a cambio de un miembro de la oposición al gobierno sudanés, que ha estado en prisión y actualmente, enfermo, permanece hospitalizado. Dice la actriz en una carta dirigida al presidente de Sudán: “El señor Jamous, que sé es un hombre de gran integridad moral, tiene 62 años, y tiene nietos en Estados Unidos a los que nunca ha visto. Por tanto, me ofrezco a ocupar el lugar del señor Jamous, intercambiar mi libertad por la suya sabiendo de su importancia para los civiles de Darfur.” Es improbable que tal ofrecimiento sea tenido en cuenta, pero da idea de que la actriz se moja.
