Tenía buena salud antes de fallecer por una sobredosis de Propofol. Al menos eso ha afirmado la autopsia de Michael Jackson. El artista tenía problemas varios, pero nada grave como para pensar que se estaba muriendo.
Contrariamente a lo que han publicado algunos medios, Michael Jackson no estaba gravemente enfermo cuando murió por una sobredosis del anestésico Propofol. Según ha dictaminado la autopsia, “el cantante tenía los brazos llenos de pinchazos, su cara y su cuello tenían cicatrices, y tenía tatuados cejas y labios”. Pero no era un cadáver andante, como muchos se empeñaron en hacer ver. El artista tenía bastante buena salud antes de que le sorprendiera la muerte. Su corazón era fuerte y su riñón y el resto de órganos también estaban bien. El tipo no estaba sano como una pera porque lo que sí tenía era artritis en las manos y en la zona baja de la columna, problemas pulmonares y en las arterias, aunque nada de esto le habría provocado la muerte.
En cuanto a la investigación de los hechos, todo continúa igual. Hay poca información sobre si finalmente el médico que administró a Jackson el Propofol, Conrad Munray, será detenido por homicidio involuntario.
