Los zapatos guiaron a Ramón Salazar en Piedras. También conducen a Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York. Y es que es un complemento que puede llegar a marcar una vida. Si no, que se lo digan a Sandra Bullock y Blake Lively.
Ya ha dicho en alguna ocasión que está encantada con el Oscar, pero que desea volver a su vida normal. En esa vida normal, Sandra Bullock se enfrenta a un pequeño problema: no sabe comprar. La actriz ha reconocido que le encanta comprarse ropa, pero dado que no sabe administrar el dinero, ha optado por alejarse de las tiendas caras. Dice que su vida está llena de ejemplos que le recuerdan lo mal inversora que es. Así, dice que tiene en casa unos zapatos que le costaron 900 dólares y que nunca se ha puesto. Con su simpatía habitual ha reconocido que se ha planteado ponerlos en mitad del salón bajo un haz de luz, para que sean un recordatorio constante de lo mal que se le da la inversión cuando va de compras.
La postura de Blake Lively choca frontalmente con la terapéutica actitud de Bullock. Blake ha reconocido su adicción a comprar zapatos. Si hay algo que le ha permitido la serie Gossip Girl, es ser la dueña de unos 300 pares. Madre mía, pero cómo lo hace, ¿es que esta niña no duerme? Pues sí, porque para eso existen los “personal shoppers” que se encargan de que a Blake no le falte un zapatito que llevarse al pie.
