Creatividad, S.A. Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más allá (Ed Catmull, con Amy Wallace, Conecta, 368 págs)
Si hubiera que entregar el Oscar al mejor libro de cine del año, sin duda que el ganador sería "Creatividad, S.A.", un texto escrito con el corazón en la mano por Ed Catmull, presidente de Pixar y la división de animación de Disney, para dar razón, con agradecible modestia, del éxito de ambas creativas compañías. El autor explica su sueño, compartido con otro gran personaje, John Lasseter, de hacer películas de animación con la potente herramienta que son los ordenadores, pero sin olvidar que lo importante es ofrecer historias que calen, y crear un entorno de trabajo donde sea posible llevarlas a cabo.
Cultura de empresa. He ahí la clave. No tener miedo a la equivocación, e incluso cometerla enseguida, para rectificar con la lección bien aprendida. Catmull no nos ofrece simplemente una colección de grandes éxitos cinematográficos, limitándose a hacer autobombo y contar lo buenos que son en Pixar y Disney, sino que con desarmante franqueza cuenta errores pequeños y grandes cometidos a lo largo de una aventura que ha cumplido ya 25 años. El relato de que todo el trabajo de una avanzada Toy Story 2 estuvo a punto de irse al garete por una combinación de fallo humano e informático pone los pelos de punta –me hizo pensar en los propios fallos que propiciaron la caída de decine21.com hace ya más de un año–, y a la vez la confesión resulta tremendamente enriquecedora, pues hace ver que en cualquier sitio se puede meter la pata, que no se trata de caer en la simpleza de buscar chivos expiatorios, y que enseguida hay que aprender y tomar medidas, que no se produzca lo que que dice el dicho de el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Muchas ideas expresadas por Catmull sirven para cualquier empresa, aunque está claro que aquellas personas que desarrollan su actividad en el mundo creativo, las encontrarán especialmente útiles. No le importa además quedar mal, o contar ejemplos de muchos de los grandes animadores de Pixar, en los que la colaboración llevó a buenos resultados. Especialmente interesantes son las reuniones para ver cómo marchan las películas, en que todos expresan lo que piensan sin morderse la lengua, con el único objetivo de entregar cintas perfectas, lo que es posible cuando los grandes jefes facilitan un clima de confianza, y no tienen miedo de que les saquen los colores. Hay que estar abierto a lo nuevo –lo cómodo es instalarse en terreno conocido y no arriesgar–, lo que se ejemplifica con cintas como la esperada Inside Out, lo cual no quita para estar dispuestos a hacer secuelas, pero siempre que se pueda entregar un punto de vista verdaderamente novedoso.
Los ejecutivos, CEOs, etcétera, entenderán bien la apelación que hace Catmull a hacerse una foto lo más completa de la situación, valorando los pros y contras de lo que cada departamento –creativos, informáticos, marketing, etc– tiende a convertir en prioritario. También a la humildad de que nadie puede controlar todos los elementos, por lo que hay que escuchar a todas la partes a la hora de tomar decisiones. Por supuesto no faltan menciones a George Lucas y Steve Jobs, a los aspectos históricos de Pixar, y abundan las anécdotas ilustrativas. Pero por encima de todo hay un deseo de compartir la cultura corporativa de una empresa creativa como Pixar, lo que es muy de agradecer, nada más lejos de su intención que reservarse "secretos" para que nadie pueda repetir su innegable éxito. Catmull sabe que igual que se sube se puede bajar, pero desea que él y todos puedan llegar a lo más alto, sirviendo a clientes y espectadores, en su caso haciendo soñar al público con historias inolvidables.
