Una genealogía de la pantalla. Del cine al teléfono móvil (Israel Márquez, Anagrama, Colección Argumentos, 267 págs)
Vivimos rodeados de pantalla. De tan innegable hecho parte este libro de Israel Márquez para trazar la historia, presencia e influencia de lo que al principio era un “telón sobre el que se proyectan las imágenes del cinematógrafo u otro aparato de proyecciones”, y que ha ido ampliando su campo y radio de acción con sus descendientes electrónicos, parte esencial de todo tipo de artilugios de uso común en la actualidad. Y lo hace de modo sugerente, incluso con citas literarias, Pedro salinas con su “Al principio nada fue. / Sólo la tela blanca / y en la tela blanca, nada...”, que subraya las posibilidades creativas de lo que allí se vierte.
De modo que ahí está la gran pantalla de cine, y la condición de la proyección y visionado como actividad colectiva, y el otro camino, el de la pequeña pantalla, que disminuye el tamaño del grupo de espectadores, puede quedar reducido a la familia, o al individudo, esto de un modo más claro con las ciberpantallas y las pantallas móviles. El autor ofrece los hitos que explican las diversas formas que adoptan las pantallas, avances técnicos, el sonido y el color, o guerras de pantallas, el miedo a ser fagocitado por las novedades que desean imponerse, y las convivencias que acaban estableciéndose. Concede por supuesto importancia a la interactividad y a las interfaces, y a los juegos de simulación que pueden establecerse.
Márquez repasa lo que ha ocurrido, por ejemplo la condición educadora en su sentido más amplio, de la pantalla, un aprendizaje que no es el que hasta ahora era más corriente, la familia, la escuela, la calle, y que está cambiando el paisaje. Está claro que, empezando por las películas, se puede acceder a culturas y estilos de vida antes inalcanzables, y que en la actualidad internet multiplica aún más las actividades, incluso englobando lo que previamente daban otras pantallas, películas, videojuegos, actualidad informativa, hasta los libros han quedado atrapados entre los bits de información. También la escritura ha abandonado la hoja de papel, la pantalla ha tomado el relevo.
La odisea de la pantalla sigue su curso, afirma con razón el autor. En la actual encrucijada se puede hacer ciencia ficción y pensar que nuestros ojos estarán conectados en breve a pantallas, esa realidad virtual que podría tal vez alienarnos más de lo que ya lo estamos.
