Cómo se hacen las grandes series. La televisión "a la carta" (Neil Landau, Rialp, Libros de Cine, 202 págs)
Un libro de lectura casi imprescindible si se desea navegar por el hipersaturado mundo de las series televisivas y hacerse una idea cabal del mismo. La multiplicación de las plataformas de streaming y la necesidad de producto para llenarlas y complacer a todo tipo de públicos, ha dado pie a ramificaciones imposibles de abarcar por la imaginación, en lo relativo a tramas y géneros. Cualquier camino narrativo, por peregrino que parezca, resulta posible en el panorama actual. Las posibilidades artísticas del creador artístico son así casi infinitas, otra cosa es el posible valor perenne de su obra, algo discutible, y que incluso en el actual panorama de pensamiento líquido parece un concepto pasado de moda, al que quizá no se aspira. Bastaría en todo caso con la gratificación instantánea de haber triunfado, y servido tal vez de modelo e inspiración para los que vengan detrás.
Sea como fuere, Neil Landau ofrece una valiosa guía para entender las series que se hacen en la actualidad, con el valor añadido de que él es también un buen conocedor de las clásicas que las han precedido y del cine. De modo que lo que dice tiene un sólido fundamento. Divide su análisis en seis capítulos, en los que está presente en todo momento el “Zeitgeist”, o sea, el espíritu de su tiempo, que es el de los creadores de series, lo que incluye cuestiones como desconcierto vital, y cuestiones de género y raza, con la óptica liberal al uso.
El autor aborda el desdibujamiento de las fronteras entre comedia y drama, la “dramedia” de series como Sexo en Nueva York, Girls y I Love Dick permiten unos saltos al abismo sin paracaídas, donde sus responsables no se estrellan. Y estudia la evolución que han experimentado las series procedimentales, en que la resolución de situaciones se extiende a lo largo de una temporada, una cocción a fuego lento que se aparta del tratamiento episódico cerrado de antaño. Por supuesto ejemplifica con títulos como The Night Of y Fargo.
Landau no pretende ofrecer una clasificación cerrada de tipos de series, pero sí que sabe destacar modos narrativos que han hecho fortuna, como las tramas en que los personajes se mueven por la simulación y la estafa mientras piden con descaro “confía en mí”, lo que puede ocurrir en títulos como The Americans. También pone el acento en las historias distópicas y con multiversos, que encajan bien con cierto pesimismo existencial muy actual, y que se detecta en series como El cuento de la doncella, The Leftovers o Black Mirror.
Además, ya en una línea más tradicional, recuerda la importancia que deben dar los creadores de series a plantar semillas para ser capaces de extender tentáculos en el desarrollo de las historias, algo que les van a exigir las compañías que les respaldan, que desean estirar el chicle del éxito durante varias temporadas. Y ejemplifica con títulos como Orange Is the New Black, en que se introducen variaciones a la historial real en que se basaba, hasta alejarse de ella, y estar simplemente “inspirada en”. También dedica un capítulo completo a uno de los creadores de series más de moda, al que no le falta trabajo, y que realmente es un ejemplo de capacidad prolífica, Ryan Murphy. El tono de títulos como American Horror Story y Feud varía, desde luego, pero es reconocible su personal marca que explica lo demandado que se encuentra.
