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"Mi año con Salinger", de Joanna Rakoff

Mi año con Salinger (Joanna Rakoff, Ediciones Bruguera, 336 págs)

La novela autobiográfica de Joanna Rakoff en la que se basa la película de reciente estreno Sueños de una escritora en Nueva York. Curiosamente la editorial que lo publicó en 2014 no ha aprovechado la ocasión para reeditarla en papel, de modo que en la actualidad solo está disponible como libro electrónico.

Estamos ante una obra nostálgica y que se lee con mucho gusto, pues rezuma amor a la literatura por todos sus poros, y no solo en lo relativo al proceso creativo, sino también en el amor a los clásicos, y en general a los libros que dejan profunda huella en sus lectores, y al mundo editorial y de los representantes de los autores, capaces de descubrir a artistas desconocidos y darles una oportunidad para que lo que escriben llegue al público general. Hace pensar en otras obras con planteamiento en esta línea, también llevadas al cine y basadas en la realidad, como “Max Perkins. El editor de libros”, de A. Scott Berg, y “84, Charing Cross Road”, de Helene Hanff.

La protagonista es la propia autora, Joanna, joven inexperta recién titulada y con aspiraciones literarias, pero que de momento debe conformarse con un trabajo en una agencia literaria en Nueva York a la vieja usanza, hasta el punto de a pesar de estar en 1996 los ordenadores no forman parte de las herramientas de trabajo, aún se opera con máquinas de escribir y dictáfonos. De momento Joanna no lee originales ni nada que se le parezca, sino que ejerce en la práctica de secretaria de su jefa, transcribiendo cartas dictadas, contestando a la correspondencia y atendiendo llamadas. Entre sus responsabilidades hay una que le va a marcar: atender las cartas dirigidas a uno de los autores estrella, el elusivo J.D. Salinger, Jerry, con una carta modelo explicando que el escritor no mantiene correspondencia. Tal actitud le parece fría, de modo que la tentación de involucrarse en las cartas más personales es muy grande. En lo relativo a su vida personal, Joanna se va a vivir con Don, un aspirante a escritor de ideas comunistas, lo que le hace sentirse culpable por traicionar a su novio de la universidad y no tener le valor de decírselo; de algún modo, aunque aprecio a su novio Don, no tiene muy claro que esté acertando con sus decisiones sentimentales.

La adaptación que Philippe Falardeau ha hecho de la novela resulta muy meritoria, aunque, resulta inevitable, elementos literarios de la subjetividad de la protagonista se quedan en el camino. El modo en que la lectura, al fin, de la obra de Salinger, marca a Joanna, tiene más fuerza en el libro, aunque todas las conversaciones telefónicas tienen encanto en uno y otro medio. Otro apartado donde caben las comparaciones y posibilidades de medios distintos es un suceso trágico que se salda con un suicidio, y que afecta hondamente a la jefa; la película se toma alguna licencia con respecto al libro, como la visita de Joanna a la casa de la otra, pero funciona bien. En la película se opta por dejar orillados a los padres de Joanna, y también la conclusión en que ya adulta es madre de familia con dos hijos, lo que sirve para subrayar el proceso de maduración que ha atravesado; estas decisiones dejan a la protagonista un poco sin los anclajes de la infancia y del futuro, aunque hay que reconocer que no era fácil darles justa presencia.

Resulta interesante detectar cómo Falardeau funde algunos personajes, o momentos que en el libro son epistolares, el director los convierte en presenciales. En tal sentido en la película funcionan bien las recreaciones con sus autores de las cartas a Salinger, o dar presencia al antiguo en Washington, donde también Joanna se convierte en testigo desde la distancia del encuentro del escritor con un posible editor de uno de sus relatos que originalmente apareció en “The New Yorker”. También Falardeau sabe dar un aire mágico original y muy cinematográfico a los momentos en que Joanna entra en el Waldorf-Astoria.

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