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Chiripitifláutico ¡... es don José!

En esta ocasión reseño un libro que no es de cine, pero que sí lo es. O al menos, al describir con pelos y señales un programa televisivo que va más allá de su pura materialidad –incluso por el hecho de que no quedan apenas registros reproducibles de lo que fue–, aporta cierto contexto creativo en el que crecieron niños luego destinados a suceder a los Chiripitifláuticos en su afán de entretener a las nuevas generaciones infantiles. Es de justicia recordarles, y quizá inspiren a los artistas que ahora deben tomar el relevo de divertir educando a la infancia.

Chiripitifláutico ¡... es don José!

Chiripitifláutico ¡... es don José! (Cruz Delgado Sánchez y Jorge San Román, Diábolo Ediciones, 262 págs)

Definitivamente, un libro para la nostalgia, que rememora la andadura en Televisión Española de un programa infantil popularísimo, “Los Chiripitifláuticos”, del que se ha perdido casi todo el material audiovisual. Lo que ha contribuido, como bien apuntan los autores, Cruz Delgado Sánchez y Jorge San Román, a colocarlo en el lugar de honor en el panteón de la memoria de los que entonces eran niños. En efecto, así como otros programas televisivos antaño populares se pueden ver hoy con una perspectiva que los apea de su pedestal, “Los Chiripitifláuticos” permanecen en su sitio, divertidos compañeros de una infancia que se añora. Se entiende lo que cuenta Santiago Segura en el prólogo del libro, que el castigo amenazante de una tarde sin los Chiris pesaba como una losa, y la noticia de poder disfrutar, al menos, del audio grabado, un auténtico alivio. Mis recuerdos de infancia más claros hacen relación a los hermanos Malasombra, más malos que la quina, siempre vestidos de negro, aunque en ocasiones, manchados de blanca harina, dejaban asomar ciertos rasgos de bondad. O al “socorroco” de Locomotoro, que tengo más grabado en la memoria que la célebre frase “que se me mueven los mofletes”.

Delgado y San Román han hecho una labor de investigación casi arqueológica, con todas las entrevistas y correspondencia que eran de rigor, guiados siempre por la ilusión de lo que tenían entre manos y se nota. También se nota que el editor ha sabido detectar que un libro de estas características podía ser oro, y la presentación, con abundantes ilustraciones –la foto con la princesa Sofía no tiene precio–, resulta prácticamente inmejorable. Hay auténtica historia a la hora de señalar los primeros pasos de la programación infantil en televisión, Antena Infantil, con la labor impagable del creador argentino Óscar Banegas, y la entrada en escena en 1966 del enseguida popular Capitán Tan, Félix Casas, que convertiría en frase popularísima aquella de “sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo”. A Tan le seguirían Valentina –Mari Carmen Goño– y Locomotoro –Paquito Cano–, y luego en 1967 el tío Aquiles –Miguel Armario–.

No es fácil resumir un libro sembrado de datos apasionantes y un contexto que ayuda a entender el programa objeto de estudio, como la colecta popular para hacer un monumento en honor a Walt Disney en 1966, que finalmente dio pie a una escultura de Bambi, iniciativa pionera en el mundo mundial, que alentaron Valentina y Locomotora, de lo que el libro deja constancia gráfica. Además de la grabación de los programas, el modo en que se discurrían las tramas, las tiras de tebeo de Peñarroya y la incorporación de nuevos personajes, también se recogen los viajes de los Chiris por toda la geografía española, en acontecimientos varios como el certamen de cine infantil en Gijón. También se recogen algún comentario negativo de un crítico de televisión, respondido por una carta de una madre de familia que cita el argumento de autoridad de sus entusiasmados retoños. O la partida de Locomotoro, esas diferencias creativas o de otra índole que a veces parecen inevitables en el show business, y que le separaron de Banegas.

Los autores tienen el acierto de ofrecer unas “chirigrafías” que aclaran a la perfección quién es quién en el mundo chiripitifláutico, y su trayectora posterior al famoso programa, a veces ya fuera del mundo de la pequeña pantalla e incluso artístico, deshaciendo si es el caso leyendas urbanas carentes de fundamento sobre muertes antes de tiempo. Y lo que ahora llamaríamos “merchandising” puede sorprender por la abundancia de objetos chiris, más de los que cabría esperar, incluidos marionetas, cuentos, tebeos y discos.

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