Win Wenders ha sido siempre uno de los favoritos del Festival de Cannes, donde ha tenido nueve películas en la sección oficial, ganó el premio al mejor realizador con “Las alas del deseo”, el Gran Premio del Jurado con “Tan lejos, tan cerca”, y la Palma de Oro con “París Texas”, y además ha sido presidente del Jurado.
Este año tratará de ganar el Ojo de Oro, galardón del certamen al mejor documental, que se entrega desde hace tres años, con su último trabajo, El Papa Francisco, un hombre de palabra, que se exhibirá en la ciudad francesa el día de la Virgen de Fátima, o sea, el próximo 13 de mayo. Por esta razón, ha concedido una entrevista para The Hollywood Reporter, donde habla de diversos temas (por ejemplo, cuenta que en una edición del certamen le robaron a él y a su esposa a punta de pistola cuando iba a la alfombra roja). Pero sobre todo, habla del impacto que le causó reunirse con el Pontífice y de cómo recuperó la fe.
“Por supuesto, había leído todo lo que había escrito antes de reunirme con él, por lo que ya era como si lo conociera”, recuerda el realizador alemán. “Pero aún así fue una sorpresa. Me resultó increíble ver que se acercaba completamente solo, sin ningún guardaespaldas, sin ningún séquito, preparado para simplemente estar allí para nosotros. Ni siquiera tenía un teléfono móvil. Fue muy atento y saludó personalmente a cada miembro del equipo, se tomó su tiempo para estar con todos, y después y trató a todos por igual”.
Cuando se le pregunta por su constante utilización del simbolismo cristiano en sus películas, Wim Wenders habla sin tapujos. “Cada artista es básicamente la suma de sus experiencias”, comenta el realizador –que se crió en una familia católica tradicional, y se llegó a plantear su posible vocación al sacerdocio– afirma que en un momento dado perdió la fe. “Fui un estudiante radical en 1968, alejándome de mi educación religiosa”, explica. “Pero regresé con fuerza en los 80, y descubrí que en realidad nunca me había alejado tanto de Dios. Mi retorno tuvo mucho que ver con la muerte de mi padre, ya que me resultó una experiencia increíble verle enfrentarse a la muerte sin miedo, y en realidad con cierta anticipación y alegría”.
Además, también afirma que el Papa Francisco no ha evitado hablar de ningún tema, ni siquiera de los que puedan resultar espinosos, como los escándalos sexuales. “No rehuyó ningún tema”, comenta. “Además, tuve que cortar mucho, para quedarme en 90 minutos, pero el Vaticano no se opuso a ningún recorte, dejaron completamente en mis manos el montaje final.“
