Parece que PETA ha clavado sus colmillos en la última película de Robert Eggers, "Nosferatu", y no están precisamente aplaudiendo como murciélagos emocionados.
Según Variety, el grupo defensor de los animales planea enviar una rata gigante al Teatro Samuel Goldwyn para protestar contra el uso de 5.000 ratas vivas en una escena de la película. El cartel que portará la rata protesta no tiene desperdicio: "¡Las ratas tienen derechos! ¡Nosotros no causamos la plaga!". Definitivamente, un mensaje para reflexionar y quizás reír nerviosamente.
PETA asegura que, al igual que los vampiros, las ratas tienen mala prensa sin motivo. Según ellos, estos roedores son criaturas sociales, afectuosas y, atención, se ríen cuando les hacen cosquillas (si eso no te convence de su encanto, no sé qué lo hará). Además, afirman que son menos peligrosas que perros o gatos en cuanto a transmisión de enfermedades, lo que deja claro que su problema no es con las ratas... sino con los directores que les hacen debutar en escenas apocalípticas. "Las únicas plagas que deberían preocuparnos son los cineastas que causan caos en los rodajes", aseguran.
Por su parte, Robert Eggers ha aclarado que las ratas en primer plano en Nosferatu sí eran reales, pero el ejército peludo del fondo fue creado digitalmente. Eso sí, confesó que no esperaba que fueran tan incontinentes, lo cual convirtió el set en un perfume poco deseado.
Para tranquilidad de los fans de los roedores, el diseñador de producción Craig Lathrop asegura que las ratas volvieron a casa sanas, salvas y, presumiblemente, satisfechas con su debut estelar.
En cualquier caso, la tesis no está nada clara. Durante siglos, se ha culpado a las ratas de haber propagado los parásitos que transmitieron la peste por Asia y Europa durante la Edad Media, enfermedad que mató a millones de personas. En los últimos tiempos, un nuevo y provocador estudio publicado en la revista PNAS ha elaborado un modelo de estos antiguos brotes y sugiere que estos roedores podrían no ser los culpables al fin y al cabo. Ahora, se acusa a los parásitos humanos —como las pulgas y los piojos— de ser los principales transmisores de la bacteria de la peste durante la Segunda Pandemia, una serie de brotes devastadores que se produjeron entre el siglo XIV y principios del siglo XIX.
Con estreno previsto para el 25 de diciembre, parece que Nosferatu no sólo nos traerá terror clásico, sino también un debate inesperado sobre los derechos de los animales.
