A sus 77 años, Oliver Stone trata de sacar adelante un nuevo largometraje de alto contenido político, aunque no se ha especificado el tema, ni ha conseguido financiación.
El propio Oliver Stone define la cinta, como “una última película narrativa ambiciosa”. Para hacer realidad este sueño, ha firmado con Atlas Artists, compañía que le representará en todas las áreas. Parece que el cineasta está poniendo todas sus fichas en la mesa, esperando que alguien apueste con él. En sus propias palabras: "Creo que me queda una más. Tengo en mente una película narrativa, pero no puedo decirles cuál es... Sé que me lo van a preguntar, pero es importante. Quiero hacer una película más si puedo lograrlo. Seguro estará lista el próximo año".
Traducción libre: "Tengo algo grande en el horno, pero ni sueñen que les voy a dar spoilers".
El único problema es que, según Oliver Stone, el dinero para financiar este proyecto aún no ha llegado. Durante su reciente aparición en el Quincy Institute, dejó caer que, probablemente, ha sido “vetado” de Hollywood desde su documental de 2017 sobre Vladimir Putin.
"He sido un apasionado, y desafortunadamente pagas un precio por eso. Probablemente estoy en una lista negra, o lo que sea, por haber entrevistado a Putin. En Hollywood están tan locos… tienes que llevar un cartel que diga cuán políticamente correcto eres. No lo soporto".
Aunque Hollywood le esté dando la espalda, tal vez algún productor europeo decida subirse al barco. Por ahora, parece que Oliver Stone está luchando por su último acto como si fuera el final de una de sus propias películas.
Un cineasta con historia (y líos):
Oliver Stone no ha dirigido una película narrativa desde Snowden (2016), que recibió críticas variopintas tras su estreno en el Festival de Toronto (TIFF). Su filmografía reciente incluye títulos como W. (2008), Wall Street: El dinero nunca duerme (2010) y Salvajes (2012), que no hicieron mucho ruido.
Pero si miramos atrás, el hombre tenía un currículum digno de una estrella del Paseo de la Fama. Entre 1986 y 1997, Stone lanzó bombas cinematográficas como Salvador (1986), Platoon (1987), Wall Street (1987), Nacido el 4 de Julio (1989) y JFK (1991). Se puede extender ese racha dorada a Asesinos natos (1994) —aunque a algunos nos parezca demasiado estrafalaria—, Nixon (’95) y Giro al infierno (’97).
Mientras lucha por su regreso narrativo, Oliver Stone sigue enfocado en los documentales. Su más reciente trabajo, Lula, se estrenó en Cannes en mayo. Al parecer, ahora es como el Chomsky del cine estadounidense: siempre crítico, siempre comprometido, y siempre listo para una nueva pelea cultural.
¿Podrá Stone salir de su lista negra y sorprender con una última obra maestra? Tal vez su próximo guion sea Oliver vs. Hollywood: El Último Duelo.
