Se estrena la segunda temporada de la presidencia de Donald Trump tras el Día de la Inauguración. El nuevo Comandante en Jefe subió al podio, demostrando que no sólo ha sobrevivido a las tormentas del drama político, sino que las ha convertido en un éxito de taquilla.
Desde su primer mandato, Donald Trump ha demostrado ser un maestro en apropiarse de los trucos narrativos de Hollywood, dirigiendo su administración como si fuera una mezcla entre un reality show y una saga de acción de gran presupuesto. En su discurso inaugural, no perdió la oportunidad de interpretar el papel de un líder mesías al estilo de Dune, proclamando que su reelección supone un "mandato histórico para devolver la fe al pueblo estadounidense". Lo único que le ha faltado ha sido entrar montado en un gusano de arena.
Pero esta vez, la relación de Donald Trump con Hollywood promete ser aún más compleja, un enredo digno de un guion de Christopher Nolan. ¿Será el villano maquiavélico que amenaza con destruir la industria o el antihéroe que la revitaliza?
Si hay algo que Donald Trump ha perfeccionado, es su habilidad para mantener al público enganchado. Su estilo de liderazgo parece inspirado en la "estrategia del algoritmo de Netflix": haz algo tan controvertido que nadie pueda dejar de mirar, aunque sea para quejarse. Como un guionista en una sala de escritores con exceso de café, ha creado enemigos memorables, desde periodistas hasta estrellas de Hollywood, convirtiéndolos en villanos que alimentan su narrativa. Angelina Jolie, Robert De Niro y Jay-Z ya han tenido su cuota de insultos dignos de Saturday Night Live. A este ritmo, no sería extraño que Timothée Chalamet sea el próximo objetivo.
Incluso su estrategia de selección de gabinete parece salida de un reality show. ¿Jon Voight, Mel Gibson y Sylvester Stallone como "enviados especiales" para recuperar el negocio de Hollywood? Suena más a Los Mercenarios 4: La Misión de Washington. Mientras tanto, Stallone, en un discurso digno de un Rambo patriótico, comparó a Donald Trump con George Washington.
El Gran Villano: Hollywood vs. Donald Trump
A pesar de su evidente amor por las tácticas de Hollywood, Donald Trump no pierde la oportunidad de enfrentarse a la industria. Quizás todo comenzó con la espina que le quedó cuando The Apprentice nunca ganó un Emmy (según él, "amañados", obviamente). Pero ahora, su enemistad se ha intensificado.
Entre sus posibles jugadas en esta nueva temporada de su presidencia están leyes más estrictas contra la piratería en línea, algo que podría beneficiar a los estudios, aunque a costa de enfrentarse a grupos defensores de la libertad de expresión. En Los Ángeles, mientras tanto, algunas celebridades como Jamie Lee Curtis temen que las políticas de Donald Trump lleven a tiempos "más restrictivos y draconianos".
¿Y qué pasa con las estrellas latinas y el mercado internacional? Con un 42% de los latinos votando por Donald Trump, su influencia entre este público, que consume más películas per cápita que cualquier otro grupo, podría ser un arma de doble filo para la industria. Si el presidente decide denunciar a una estrella, podría impactar directamente en la taquilla, especialmente en mercados clave como el latinoamericano y el asiático.
Como buen productor de realities, Donald Trump sabe que la controversia vende. Su visita planificada a California tras los devastadores incendios forestales no parece ser un acto de compasión, sino más bien una escena de padre severo regañando a sus hijos. “Si no escucho que están haciendo sus tareas, habrá consecuencias”, pareció insinuar en su discurso inaugural, al referirse a las comunidades afectadas.
Mientras tanto, sus conflictos con Hollywood también podrían extenderse a la economía global. Las tarifas a productos chinos podrían restringir el número de películas estadounidenses que se estrenan en ese mercado crucial. ¿Y qué pasará con las fusiones empresariales? Si no le gusta un conglomerado mediático, Donald Trump podría bloquearlo, como supuestamente intentó con la fusión entre AT&T y Time Warner.
