Jacques Audiard ha revelado su amarga experiencia con la campaña de Emilia Pérez en los Oscar, calificándola de "guerra abierta".
Tras la nominación de Un profeta hace una década, el cineasta ha denunciado que la competición actual se ha convertido en un campo de batalla, donde la polémica y el marketing agresivo eclipsan el verdadero arte del cine.
Emilia Pérez, que se presentaba como favorita en la categoría de Mejor Película Internacional tras brillar en Cannes, se vio envuelta en controversias que han marcado su campaña. Los debates sobre la representación mexicana, la interpretación de personajes trans y la reaparición de antiguos tuits de la protagonista han desatado una tormenta mediática implacable. Jacques Audiard, visiblemente afectado, comparó la situación con un conflicto sin cuartel, en el que cada comentario se transforma en un misil lanzado a diestro y siniestro.
Durante una entrevista en France Inter, el director se mostró harto del ambiente actual y señaló que "ya no se trata de competir; es una guerra abierta que olvida el mérito artístico". Sus palabras, cargadas de ironía y resignación, critican un sistema que premia el escándalo y desvirtúa la esencia del cine. Para él, el problema reside en que la imagen y las estrategias de comunicación han sustituido la pasión por contar historias.
Audiard confiesa que, pese a los reconocimientos pasados, la experiencia con Emilia Pérez le ha dejado una cicatriz difícil de borrar. Su advertencia para la industria es clara: recuperar el valor del cine antes de que las disputas mediáticas se conviertan en el eje central de la narrativa. El director espera que, con el tiempo, se pueda sanar la herida y volver a apreciar el cine por su calidad y compromiso.
Audiard se mantiene en su convicción de que el arte merece ser valorado por encima de las controversias.
