Danny Boyle ha vuelto a los infectados, pero esta vez armado con algo más terrorífico que el virus de la rabia: veinte iPhones rodando al mismo tiempo.
, la esperada secuela de su clásico de culto 28 días después, se estrena el 20 de junio con una sorpresa detrás de las cámaras que tiene a medio Hollywood mordiéndose las uñas... y no por el miedo.
En lugar de cámaras IMAX o drones imposibles, Danny Boyle ha apostado por el minimalismo extremo y la tecnología que llevas en el bolsillo. Según ha confirmado en una entrevista reciente, parte de las escenas de acción se rodaron con iPhones 15 montados en configuraciones tan locas como efectivas: desde equipos de 8 dispositivos hasta uno que agrupaba 20 móviles para capturar la acción desde todos los ángulos posibles.
El resultado, según Danny Boyle, es una mezcla de tensión visceral y libertad visual. Pobre bullet time, lo llama él, haciendo referencia a la técnica inmortalizada por Matrix. Pero aquí no hay trajes de cuero ni cámaras de un millón de dólares. Solo teléfonos apilados como si fuera un rodaje amateur... si tuvieras 80 millones de presupuesto.
El formato escogido, 2.76:1, es puro espectáculo. Danny Boyle y su director de fotografía, Anthony Dod Mantle, quieren que el espectador se sienta atrapado, obligado a escanear la pantalla como si los infectados pudieran saltar desde cualquier esquina. Y sí, hay una toma concreta que Boyle califica de “increíble” y que, promete, el público reconocerá al instante. Habrá sangre, movimiento y, probablemente, mareo.
Aunque películas como Tangerine o Unsane ya coquetearon con el iPhone, ninguna lo ha hecho con esta escala. ¿Estamos ante el futuro del cine o solo ante el fin de las cámaras tradicionales? Puede que ambas. Al fin y al cabo, en tiempos de apocalipsis, lo importante es sobrevivir... y tener batería.
