Netflix ha cerrado el ataúd de Gore, el biopic protagonizado por Kevin Spacey como Gore Vidal, y ha tirado la llave al fondo del océano del streaming.
Después de años en el limbo, el gigante digital ha confirmado lo que muchos sospechaban: Gore nunca será estrenada ni vendida a otras plataformas.
La película, dirigida por Michael Hoffman y con un presupuesto de 40 millones de dólares, quedó en postproducción en 2017, justo cuando estallaron las primeras acusaciones por abuso sexual contra Kevin Spacey. Netflix cortó la relación rápido, archivando el proyecto sin miramientos. Desde entonces, el film ha estado más enterrado que los secretos de Hollywood.
El productor Andy Paterson ha intentado resucitar la cinta durante años, presionando a la plataforma para que la libere o le permita buscarle otra vida. Pero la respuesta ha sido tajante: Gore no verá la luz. El motivo es más contable que moral. Según fuentes cercanas a la producción, Netflix ya se ha beneficiado de una desgravación fiscal por pérdidas. ¿Resultado? La película se ha convertido en una especie de unicornio fiscal: existe, pero nadie la puede tocar.
Del Oscar al olvido
Lo más paradójico es que antes del escándalo, Netflix tenía planes ambiciosos: estreno en salas, campaña de premios y hasta tráiler de temporada. Incluso, según testimonios, Ted Sarandos proyectó una copia acabada en su sala privada para presumir de joya. Hoy, esa joya está guardada bajo siete candados legales.
Mientras Kevin Spacey cae en picado y Michael Hoffman permanece casi inactivo, todo el equipo técnico y artístico de Gore ha quedado atrapado en un limbo cruel. Una película acabada, pero invisible.
Netflix todavía tiene en su catálogo House of Cards y otras cintas con Kevin Spacey, pero Gore es ya un fantasma fiscal.
