La web decine21.com visita el rodaje de "Las ovejas no pierden el tren", la comedia coral que ultima Álvaro Fernández Armero, responsable de títulos como "Nada en la nevera", que cuenta con un reparto encabezado por Raúl Arévalo, Inma Cuesta, Candela Peña y Alberto San Juan, entre otros.
En Las ovejas nunca pierden el tren los actores se meten en la piel de ese tipo de personas sin rumbo fijo ni demasiada personalidad que han convertido la sociedad en un entorno gregario donde el rebaño sigue al pastor en función de la moda. Y ahí, dándole vueltas a la cuestión, está el director de cine español Álvaro Fernández Armero, que busca hacer pensar y reír a partes iguales al público con su nueva comedia generacional.
Aquí el público empatizará con Alberto, un hombre que vive con su esposa e hijo en la ciudad y que, por deseo expreso de la parienta se ve obligado a trasladarse a un entorno rural (muy rural de hecho…). O compartirá avatares con Juan y Natalia, una pareja que se lleva 20 años de diferencia. Él, hombre divorciado que busca en su relación una vía de escape, ella una joven periodista en paro que solo quiere que su novio le demuestre un amor que no termina de ver…
Los protagonistas lamentaban no estar recubiertos de lana como las ovejas al recibir a la prensa en un día especialmente gélido, el 1 de abril, cuando se aproxima el final del rodaje. Situación: Valdeprados, un pueblo de Segovia. Algunos rayos de luz quieren asomar tímidamente pero no se atreven a dar la cara del todo y en el centro, ante una prensa ávida de testimonios valiosos, Fernández Armero parece feliz de estar donde está aunque nada salga como planeaba, sobre todo porque los reporteros le brindan la oportunidad de transmitir la filosofía de su largometraje. “Se trata de una película donde se entrecruzan tres historias sobre personas con un denominador común. Están perdidas en una sociedad que no las comprende y en un entorno al que no acaban de adaptarse por el paso de las generaciones", comenta el director. "El título hace referencia a los objetivos que nos marcamos en la vida, que para mí son los trenes que hay que coger o perder. En un momento te preguntas: ¿Quién me obliga a hacer esto? ¿La sociedad?".
Por su parte, los actores parecen estar esforzándose para transmitir el mensaje que tiene tan claro el director. “Nosotros sólo somos actores reclutados para enseñar la moraleja: una persona no debe angustiarse por cumplir sus expectativas, sino sentirse a gusto con lo que el destino decida”, comenta Inma Cuesta.
Y ese destino fue, precisamente, el que manejó la batuta en una jornada repleta de imprevistos. Justo entonces, en pleno “corten” y “acción” y en el meollo de todas las transformaciones, se ve en directo el espíritu de cooperación del equipo técnico, y el esfuerzo que requiere una filmación. Todo son impedimentos: cámaras mal situadas que deben reajustarse, cables que obstaculizan el paso, partes del guión que no encajan. Pero todo se sobrelleva por un ambiente familiar y desahogado. Al mal tiempo, buena cara, es la filosofía que parece seguir Raúl Arévalo. “Hoy han surgido multitud de imprevistos", comenta el intérprete de AzulOscuroCasiNegro. "Teníamos una secuencia de buen tiempo y ha sido imposible realizarla, hemos tenido que meter la frase: ¡Vaya día para montar un picnic!".
Así se gesta este vodevil sobre las oportunidades y la falta de criterio individual en la que el personaje de Arévalo es un escritor trasnochado que desde que publicó una novela de éxito no ha vuelto a escribir nada más. La joven estrella del cine patrio asegura estar muy contento repitiendo con Inma como compañera de reparto tras La gran familia española y Primos, y sentirse a gusto por el guión y el director, no por el género u otros factores secundarios. Por su parte, la actriz de Águila roja habla animada de su personaje. “Interpreto a una mujer bastante tranquila y cuerda, la más equilibrada de la familia creo yo, aunque esto se aleje un poco de mí misma”, sonríe risueña.
Aunque no les tocaba rodar ninguna secuencia, otros compañeros del reparto no quisieron perderse el “radiante día”, como por ejemplo San Juan o Escolar, que dedican más tiempo a las cámaras que sus compañeros al disponer de más tiempo, encantados al hablar del proyecto. “Me gusta el guión porque se muestra realista sin dejar de lado el humor. A las 'almas perdidas' de hoy les aconsejaría que se esfuercen por saber qué está ocurriendo para poder cambiarlo”. Son palabras de Alberto, que aclara que la historia no se mete en temas escabrosos de la actualidad, como pueda ser la política, y hace hincapié en la espontaneidad del director. "Álvaro tiene una gran virtud y es que siempre está abierto a la improvisación, que además a él le nace de forma natural”.
Como una oveja que no puede dejar de balar, Escolar no puede esperar a que le toque el turno y se apresura a encararse con los periodistas. Aclara que su pareja con Alberto representa "la brecha generacional en las relaciones sentimentales" y asegura que "el rodaje ha sido una gran experiencia donde casi no ha podido dejar de reír". Además se aventura a vaticinar: “La mejor forma de averiguar si tu trabajo es bueno o malo es observar las reacciones del equipo, que es como un libro abierto. Además lo fundamental para llevar a cabo una buena interpretación es que te coloquen en frente de un compañero con quien te guste actuar”.
Así transcurrió la mañana, con algún que otro susto provocado por un viento extremadamente fuerte que amenazaba con desbaratar el plan de rodaje. El “rebaño” de actores compartió con la prensa una parrillada cocinada al calor de la lumbre en un recinto que recordaba a una mansión encantada (el recinto donde tuvo lugar el almuerzo merecería una crónica aparte).
En suma, una grata experiencia el haber conocido a gentes del cine inclasificables, que en sus declaraciones a lo largo del día, se asemejaban a ovejas que deseaban escaparse del redil, capaces de inventar su futuro, de modificar su separata si así es preciso, ovejas que quieren aconsejarnos dejar de ser ovejas de una vez, y salir del rebaño para buscar un pasto propio.
