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Biografía

Raúl Arévalo

Raúl Arévalo

40 años

Raúl Arévalo

Nació el 22 de Noviembre de 1979 en Madrid, España

Premios: 4 Goya (más 1 nominaciones)

Talento desde el principio

05 Noviembre 2010

Su encuentro con Daniel Sánchez Arévalo le convirtió en uno de los actores españoles con mayor proyección. Desde el inicio de su carrera, Raúl Arévalo demostró con creces que talento no le falta.

Nacido el 22 de noviembre de 1979 en Móstoles (Madrid), Raúl Arévalo Zorzo hizo un curso de teatro cuando estudiaba bachillerato, y decidió ser actor, aunque también pensó en estudiar Historia. “A mi padre le encanta el cine, pero aunque no me dijo que no estudiara para actor, tampoco estaba entusiasmado. Aún cuando empezaba a ser conocido, me recordaba que tenía que haber estudiado también otra cosa por si acaso”, comenta el actor.

Esperó a aprobar COU para matricularse en la célebre escuela de interpretación de Cristina Rota. Cuando aún no había acabado, fue escogido para interpretar a Carlos, uno de los chicos de la serie Compañeros. “Recuerdo la primera escena que rodé. Tenía que estar pendiente de quedar bien de cara a las tres cámaras que me filmaban y me pareció dificilísimo”, recuerda.

Desde entonces deambuló por numerosas series como Cuéntame cómo pasó y Hospital central. En cine apenas le tenían en cuenta salvo para pequeños trabajos en títulos como Los abajo firmantes y Cosas que hacen que la vida valga la pena.

Parecía destinado a pasarse la vida como secundario irrelevante hasta que le llegó el papel de Azul Oscuro Casi Negro, debut de Daniel Sánchez Arévalo. Encarnaba a Sean, un chico que descubría que su padre era homosexual. Obtuvo el Premio al mejor secundario de la Unión de Actores.

Este trabajo le convirtió en uno de los actores fetiche de Sánchez Arévalo, que también le reclutó para Primos, La gran familia española, y Gordos, por la que logró el premio de la Academia de España al mejor actor de reparto. “Me he puesto nervioso ahora que tengo el Goya porque antes no lo estaba. Estaba relajado porque no me lo esperaba”, comentó el actor al subir al escenario.

El éxito le abrió las puertas a otros trabajos, como El camino de los ingleses, dirigida por Antonio Banderas. o Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta. También probó fortuna con el teatro, como protagonista de “Urtain”, obra sobre el boxeo español donde encarnaba al púgil Pedro Carrasco. “En el teatro es como si diera clases todos los días. Me siento un principiante y aprendo cada día”, explica Arévalo.

A pesar de su poco creíble interpretación de un diácono embobado hasta el ridículo por Maribel Verdú en Los girasoles ciegos, y de su trabajo en el prescindible musical ¿Por qué se frotan las patitas?, Raúl Arévalo ha destacado como secundario en títulos como Che, Guerrilla, También la lluvia o Balada triste de trompeta. Hasta Pedro Almodóvar sucumbió ante buen hacer, convirtiéndole con Javier Cámara y Carlos Areces en uno de los azafatos, quizás eran lo único salvable de Los amantes pasajeros. Se prodiga también en series como El tiempo entre costuras, Con el culo al aire, Velvet y La embajada.

Brilló en el campo del thriller, sobre todo como policía de la transición en La isla mínima, pero también como jefe del gabinete de la presidenta en Cien años de perdón. A este género se circunscribe su debut como realizador, Tarde para la ira, sólido relato en el que Curro (Luis Callejo) trata de redimirse tras una temporada en prisión, pero despertará los fantasmas del pasado un desconocido (Antonio de la Torre, que despuntó con Arévalo en la citada Azul Oscuro Casi Negro). La cinta obtuvo el Goya al actor secundario (Manolo Solo), guión original (coescrito por él mismo), dirección novel y película. En la alfombra roja posó con su novia, la también actriz Melina Matthews, al tiempo que coindió con la ex, Alicia Rubio, que también forma parte de la profesión.

Goya
2017

Ganador de 2 premios

Goya
2015

Nominado a 1 premio

Goya
2011

Ganador de 1 premio

Goya
2010

Ganador de 1 premio

Filmografía
Los europeos

2020 | Los europeos

La historia de Miguel Alonso, que se gana la vida como delineante, y Antonio, el hijo tarambana de su jefe, que lo arrastra a veranear a Ibiza, donde le han hablado de lo fácil que es ligar con europeas. Tras los primeros escarceos desesperados con unas chicas valencianas que se encuentran a su llegada, los dos amigos van conociendo la particular fauna de juerguistas que pululan por la isla con ganas de pasárselo bien. Mientras Antonio enlaza fiestas y salidas nocturnas, Miguel, más escéptico, prefiere mantenerse al margen. Hasta que se siente seducido por Odette, una francesa encantadora.

Black Beach

2020 | Black Beach

Carlos, un alto ejecutivo a punto de convertirse en socio de una gran empresa, recibe el encargo de mediar en el secuestro del ingeniero de una petrolera americana, en África. El incidente está poniendo en peligro la firma de un contrato millonario. En este viaje deberá enfrentarse a las consecuencias de sus acciones del pasado cuando fue cooperante en el país y elegir entre sus intereses personales y profesionales.

Dolor y gloria

2019 | Dolor y gloria

Salvador. Un español, director de cine, que triunfó en los 80 en la escena internacional. En lo relativo a su producción artística, en la actualidad se encuentra varado en el dique seco. Se le acumulan las molestias físicas, de columna, y dificultades para tragar, más terribles migrañas, un cuadro que le sume en la depresión y le lleva a estar acostado gran parte del día. En un estado de duermevela afloran recuerdos de infancia en su pueblo natal, de su querida madre Jacinta, de su gusto por la lectura y el cine, del único modo de acceder a la educación. Ello coincide con el reencuentro con Joaquín, protagonista de uno de sus éxitos, con el que terminó mal, siempre le reprochó su adicción a la heroína. Curiosamente otros dolores del alma le llevan a entablar con él una nueva relación, y a sumergirse él mismo en la droga, el comienzo de un inesperado camino que le posibilitará cerrar heridas y tal vez volver a crear. Pedro Almodóvar, director y guionista, como es norma, se pone en esta ocasión más serio de lo habitual, los años pasan, la gravedad se va imponiendo en su cine. “¿Drama o ficción?” le pregunta su médico a Salvador cuando le habla de un nuevo proyecto, y la respuesta del personaje interpretado por Antonio Banderas, su escueto “no sé”, explica parte del secreto del nuevo film del manchego, de claros tintes autobiográficos, hasta el aspecto físico del protagonista se asemeja a Almodóvar, aunque por supuesto, ficcione. Estamos ante una obra muy personal, estructurada en un presente donde los flash-backs asoman con fluidez, en que trata cuestiones muy queridas, la del amor al cine y todo lo que le rodea, pero también el modo en que nos marcan nuestras raíces. El tema de la madre, cómo influye en la vida de las personas, y concretamente en la suya, ya lo había tratado antes Almodóvar. Aquí insiste, aunque sacando a la luz, no sólo lo que es una amorosa y entrañable relación maternofilial, sino también los reproches y la conciencia de decepcionar a ese ser querido, con comportamientos y actitudes que no se pueden compartir, aunque el amor no cese, en una y otra dirección. Al tratarse de una película muy almodovariana, exige una complicidad para conectar con su estado emocional, quien carezca de tal complicidad reconocerá una obra hábil, bien diseñada, llena de guiños personales, cuidada hasta los últimos detalles visuales –decorados, atrezzo– y sonoros, canciones como la del río de Rosalía, las menciones a Chavela Vargas, los libros como subtexto... Pero tal vez los reencuentros y rememoraciones, los amores homosexuales del protagonista y la evocación del primer chispazo de deseo sexual, introducidos con demasiados “deus ex machina”, le resulten artificiosos, algo forzados. Igual que la insistencia en las drogas, la explicación de las “asignaturas” de geografía y anatomía, o el preparado de los fármacos pulverizados para una más fácil ingesta. El director ama sin duda a los personajes, y se agradece una mirada amable, no es ésta una película de ajustes de cuentas ni amarga. Estamos ante una reivindicación del arte como forma de vida, no sólo en el sentido de ganarse un sueldo, sino como casi la única forma de seguir existiendo y soportando este mundo y encarar la inevitable muerte, de encontrar algo parecido a la fe que mueve montañas cuando se carece de una fe religiosa. Y esto, y ciertas pulsiones de puro sentimiento, son las emociones a las que caba agarrarse en el claroscuro de la vida, llena de dolores, y en que los momentos de gloria, desde el punto de vista almodovariano, son escasos y esquivos. Da gusto ver un conjunto de personajes bien perfilados como el de este film, incluso los numerosos secundarios: el médico (Pedro Casablanc), la actriz (Cecilia Roth), el moderador del coloquio (Julián López), la beata del pueblo (Susi Sánchez), el padre de Salvador (Raúl Arévalo), la madre de Salvador ya anciana (Julieta Serrano), la ayudante de Salvador (Nora Navas)... También está bien Salvador niño (el debutante Asier Flores), y por supuesto Penélope Cruz (una madre que compone con desparpajo), Asier Etxeandia (el actor que no se hablaba con Salvador), Leonardo Sbaraglia (un amor reaparecido), y Banderas, que lleva el peso de la película con gran dignidad.

6/10
El plan

2019 | El plan

Tres hombre se dan cita en el piso madrileño de uno de ellos. Paco, Ramón y Andrade son íntimos amigos, perdieron su puesto de trabajo, están casi en la miseria y ahora se han propuesto llevar a cabo un plan que supone ir a alguna parte. Pero el coche que debería llevarles se ha averiado. Y mientras Paco se reconcome de impaciencia viendo el modo de salir de allí, el desaseado Andrade no hace más que fumar porros en un estado lamentable y Ramón parece ido, ausente, bebiendo cerveza a las nueve de la mañana y haciéndose surrealistas preguntas filosóficas que no vienen a cuento. Una obra teatral de Ignasi Vidal sirve al director y guionista madrileño Polo Menárguez para entregar una película que es todo un alarde interpretativo de los únicos tres actores de la historia. Antonio de la Torre, Raúl Arévalo y Chema del Barco se valen para tener al espectador cogido por las solapas durante los ochenta minutos de función, tiempo durante el cual charlan y discuten en el interior de un piso del que, con la excepción de una brevísima estancia a la acera del portal, nunca salen, un poco al estilo de Un Dios salvaje de Polanski, aunque en ese caso se tratara de tres parejas en lugar de tres hombres. Aunque funciona por momentos el tono de patética comedia, El plan no es precisamente la alegría de la huerta, más bien todo lo contrario. La película cuenta cosas serias, tragedias de entidad, y presenta un panorama desolador, miserable, deprimente, con unos protagonistas castigados por el paro laboral, sin autoestima y cuyas heridas irán saliendo a la luz poco a poco al hilo de diálogos y discusiones. Las revelaciones del porreta Andrade, el impaciente Paco y el alelado Ramón surgirán en un paulatino “in crescendo” hasta el abismo, mientras que el plan del título acabará siendo mera excusa, MacGuffin accesorio en esta catarsis del negro interior de tres perdedores, vidas arrastradas por la tristeza, la humillación y el victimismo. El ritmo es soberbio, la concisión –sólo 80 minutos– se agradece, pero, como se ha dicho, la atmósfera pesimista de la propuesta sólo es digerible gracias al trabajo de un elenco de actores sobresaliente.

6/10
El aviso

2018 | El aviso

La acción transcurre en dos tiempos. En 2008 Jon, joven que ha perdido a su mejor amigo en un atraco a una tienda de 24 horas en una gasolinera, se da cuenta de que en el mismo lugar han ocurrido varias veces, en décadas pasadas, otros asesinatos violentos, con patrones muy parecidos, siempre los implicados tienen las mismas edades. Por otro lado, en 2018, Nico, un niño de 10 años encuentra en su mochila escolar una nota anónima que le advierte de que el día de su cumpleaños no acuda precisamente a ese establecimiento, que suele visitar con frecuencia. Tras una carrera llena de altibajos, Daniel Calparsoro demostró que mejora sustancialmente poco a poco en Cien años de perdón, aceptable thriller, quizás no redondo, pero lo mejor de su filmografía. Ahora confirma parcialmente su veteranía con El aviso, rodada con el suficiente pulso, donde también logra aceptables interpretaciones del reparto, sobre todo por parte de los dos actores que tienen más presencia, Raúl Arévalo, como esquizofrénico, y la siempre conmovedora Aura Garrido, como madre de niño acosado en el colegio. Aunque se trata de un entretenimiento sin muchas pretensiones, subyace cierta reflexión sobre la necesidad de superar el miedo ante situaciones en las que en principio no existen posibilidades de salir adelante. Sin embargo, el cineasta no logra remontar el principal problema de la mayoría de trabajos de su coguionista, Jorge Guerricaechevarría, que con excepciones como Celda 211, siempre logra atractivos puntos de partida pero no consigue rematar (sin ir más lejos le pasa en su trabajo inmediatamente anterior Perfectos desconocidos, pero también en todos sus trabajos para Álex de la Iglesia, como Los crímenes de Oxford, Las brujas de Zugarramurdi, Acción mutante, etc.). Partiendo en esta ocasión de la primera novela del autor Paul Pen, el libreto logra intrigar durante la mayor parte del metraje, pero en su resolución final, los elementos parecen metidos con calzador.

5/10
Memorias de un hombre en pijama

2018 | Memorias de un hombre en pijama

Adaptación del cómic homónimo de Paco Roca, quien figura acreditado como coguionista, el resultado dista de alcanzar las emociones contenidas en Arrugas, que también se basaba en una de sus novelas gráficas, y suponía un lúcido y agridulce acercamiento a la etapa vital de la ancianidad. Aquí tenemos una obra autorreferencial, basada en su propia vida, es de suponer que bastante libremente, con un narcisismo muy propio de nuestros tiempos que acaba siendo cargante, aunque disponga de la excusa de que es para reírse de uno mismo, lo que se supone es un ejercicio bastante sano. En la dirección, Carlos FerFer sustituye aquí a Ignacio Ferreras. Así, Paco Roca se supone que ha visto cumplido el sueño de su vida. Trabajar en lo que le gusta, el mundo del cómic, y hacerlo en pijama, en su casa, disfrutando de las libertades de una cómoda soltería. Precisamente el director de un periódico le escucha contar sus "batallitas" de soltero juerguista con sus amigotes, y piensa que ahí hay tema para una página de cómic en el diario. Dicho y hecho, se pone a ello, y triunfa. Hasta atraer la atención de una periodista del periódico, a la que llama "Jilguero", con la que empieza a salir y a acostarse. Lo que empieza a afectar a sus inveteradas costumbres. Quizá sobre el papel y con el recurso a gags autoconclusivos funcionen mejor las viñetas de "Memorias de un hombre en pijama", publicadas originalmente en la prensa valenciana en 2010, pero en la pantalla acaban siendo un conjunto de chascarrillos no muy ocurrentes y con frecuencia zafios, hilvanados sin demasiada gracia, y que sirven para tratar las cuestiones de las relaciones de pareja, la amistad y el compromiso en un cuarentón inmaduro con bastante superficialidad. Sorprende la insistencia en lo sexual, las abundantes escenas de alcoba, y lo insoportablemente egocéntricos que son los personajes, que no se hacen querer. En tal sentido, el final suena a impostado, un "happy end" poco consecuente con lo que hemos visto durante todo el metraje. La idea de mostrar al protagonista en carne y hueso al principio –Raúl Arévalo– y al final con su pareja –María Castro–, se diría una forma poco original de tratar de vender una película poco atractiva, poniendo cara real a los personajes.  

4/10
Ola de crímenes

2018 | Ola de crímenes

Película vertebrada en torno a la confesión de Leyre a un sacerdote de los crímenes que han ocurrido a su alrededor, con ocasión de la visita de su ex Cosme, corrupto empresario, que viene a su casa con intención de desahuciarles a ella y a su hijo adolescente Asier. Éste acaba matando al progenitor, y el intento de ocultar el crimen lleva a un encadenado de más muertes violentas, que parece no tener fin. Sorprende ver a la directora Gracia Querejeta embarcada con el guionista Luis Marías en esta insulsa comedia negra. La colaboración resulta completamente fallida, la película está pidiendo a gritos un alocado ritmo dinámico, pero a cambio entrega un conjunto de sinsordadas sin chispa, que no logran arrancar apenas la sonrisa. Lo mejor del film es Maribel Verdú, que inasequible al desaliento, trata de imprimir gracia a su personaje. Peor paradas salen las compañeras femeninas de reparto, Juana Acosta y Paula Echevarría no tienen las pobrecitas nada que hacer. Mientras que a los dos actores adolescentes, Asier Ricarte y Miguel Bernardeau, les tocan unos personajes bobos, el segundo resulta especialmente soso como chaval guaperas con las hormonas disparadas por la atracción que siente por la mamá de su amigo, hasta dos veces repiten la misma gracieta zafia a cuento de su incontinencia. Los otros actores masculinos de más peso son puros comparsas, Raúl Arévalo, Javier Cámara, Antonio Resines y Luis Tosar, en este último resulta especialmente patética su intervención de apenas cinco líneas, en que escuchamos salir de su boca cerca de una docena de veces la palabra "cojones".

3/10
El Continental

2018 | El Continental | Serie TV

Años 20. Una década en la que parece que el país empieza a florecer de nuevo después de levantarse de las cenizas de “la gran guerra” (I Guerra Mundial). España se ha convertido en un país que intenta imitar al resto de Europa poniéndose “a la moda”. Al menos esa fue la intención de Alfonso Abascal al montar la sala de fiestas: “El Continental”. Un café elegante y un poco pretencioso para la época. Su dueño, Alfonso Abascal es un hombre decidido, valiente y con las ideas claras. Sabía que levantar un local así tras la I Guerra Mundial no sería algo fácil. Para ello pidió ayuda a unos prestamistas confiando que la mejora del local solventaría la deuda. Pero la suerte no estuvo de su parte y el local no logró despegar. A partir de ese momento comienza el drama y la tragedia: como no puede hacer frente a la deuda, Alfonso toma una decisión que acarreará terribles consecuencias para su vida y la de sus hijos, Andrea y Jesús.

Mi obra maestra

2018 | Mi obra maestra

El galerista Arturo Silva y su íntimo amigo el pintor Renzo Nervi han formado desde hace años una sociedad de éxito. Sin embargo, la paciencia del galerista está llegando a su fin: la obra de Nervi se ha devaluado desde hace el tiempo pero el artista se niega a renovarse, a escuchar, a seguir el gusto de los clientes, por lo que la ruina está a la vuelta de la esquina, lo cual puede arrastrar también a Arturo. Sin embargo, un suceso inesperado llama a la puerta. Comedia argentina con participación española vía Mediapro, que indaga en el mundillo del arte, en sus fraudulentos usos, en sus chanchullos y tejemanejes, en los caprichos y egoísmos de los artistas, a través de las aventuras de dos compadres caraduras que encuentran el medio de sacar tajada en época de crisis. Aunque tiene minutos brillantes y se saca lustre a muchas situaciones humorísticas, estamos ante una película irregular: por un lado tienen gracia –y mucha, en ocasiones– los gags continuos que genera el carácter arisco e intratable del pintor, capaz de sacar de sus casillas a su amigo galerista, pero es claro que el discurso narrativo atraviesa severas depresiones y la trama deriva en inconsistente, suturada con brochazos cuando no hay más remedio. Y el desenlace, ligerito, no convence. El guión de los hermanos Gastón y Andrés Duprat funciona por tanto en su planteamiento, pero el resultado final queda por debajo de otros de sus trabajos como El ciudadano ilustre o El hombre de al lado. Mima asimismo a los personajes protagonistas, unos Guillermo Francella y Luis Brandoni muy convincentes, que saben sacar chispa a los diálogos ocurrentes y llenos de humor, a veces negro, pero descuida sin duda a los secundarios, especialmente el personaje interpretado por el español Raúl Arévalo, cuya presencia en el film no tiene mucho sentido y huele a simple concesión de la producción. Por lo demás, Mi obra maestra se ríe de ciertos tópicos progres y pseudoartísticos que denuncian la falsedad del mercado y la tiranía de las modas, para concluir lo que ya sabíamos todos: al final sólo importa el dinero.

5/10
Oro

2017 | Oro

Hubo una época en que Agustín Díaz Yanes apuntaba maneras de gran director, su debut tras las cámaras con Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto hace ya más de dos décadas. Su posterior trayectoria ha sido irregular, aunque la taquilla le sonriera con la adaptación del héroe novelesco de Arturo Pérez-Reverte Alatriste. Ahora también toma como punto de partida un relato del escritor, además de una trama aventurera con telón de fondo histórico, la América de los conquistadores del siglo XVI, y también con esa misma mirada triste y desencantada, que busca rebajar la épica de la posible gesta, abundando en los aspectos de pura ambición, envidia, lujuria y violencia, aunque, un querer sin querer, admirando el valor de unos hombres que se enfrentaban a obstáculos sin cuento en territorio desconocido. En ese sentido, sigue la línea de la también fallida 1898, los últimos de Filipinas, dando en su mirada acomplejada una de cal y otra de arena. Hasta la música de Javier Limón se diría que se contagia de esas medias tintas, pues a ratos se arranca en una nota que parece va a ser el inicio de la genial partitura de Ennio Morricone para La misión, pero no, claro que no. Ante el esfuerzo desarrollado en lo que sin duda es una producción ambiciosa, con espléndida fotografía selvática de Paco Femenia, la pregunta del millón es “¿qué pretende transmitir al espectador Agustín Díaz Yanes?”. No es fácil saberlo, y ello se traduce en la carencia de emociones genuinas. El referente fílmico claro es Aguirre, la cólera de Dios, de la que toma prestada entre otras muchas, la idea de la voz en off de un cronista de la expedición. Pero francamente, se queda a años luz del imitado film de Werner Herzog, lo que entrega no funciona como cuadro de la avaricia desbocada por el reluciente oro. Ni siquiera hay una reflexión digna de ese nombre en torno a los nativos. Tenemos una expedición comandada por un anciano oficial, que lleva consigo a su señora esposa, deseada por sus hombres, y a una criada. La poca determinación del líder de la expedición es manifiesta, nunca nos creemos a su personaje, y el empeño en mostrar la fuerza de una mujer con personalidad, con la cara de Bárbara Lennie, parece responde sólo a satisfacer una cuota feminista de pantalla. Tampoco es fácil aceptar al resto de comparsas, a pesar del esfuerzo de las composiciones de Raúl Arévalo, Óscar Jaenada y José Coronado. Algunos pasajes son como viñetas sueltas, que parecen querer obligar al espectador a comulgar con ruedas de molino, véase la aparición de Juan Diego como una suerte de reverso luminoso del coronel Kurtz de Apocalypse Now con acento andaluz, o todas las escenas que protagoniza un caricaturesco fraile dominico.

3/10
La embajada

2016 | La embajada | Serie TV

El tándem formado por Ramón Campos y Gema R. Neira en Bambú ha acreditado de sobras su habilidad para crear series televisivas en España, ellos están detrás de éxitos innegables como Gran Reserva, Gran Hotel y Velvet. Acudiendo a una fórmula que han ido mejorando, de múltiples personajes que ocultan secretos aptos para la intriga, han entregado productos muy entretenidos y apañados, aunque en algunos casos, el paso de las temporadas no perdonaba la bajada de nivel. En cualquier caso, con La embajada incorporan el tema de la corrupción en el mundo político y empresarial, y al menos en los primeros capítulos, logran atrapar la atención del espectador. La acción arranca con la detención del embajador español en Tailandia, Luis Salinas, acusado de corrupción. Enseguida es llevado a España a declarar ante la Audiencia Nacional, y también su esposa Claudia, periodista. Entonnces se nos pone en antecedentes de lo ocurrido desde que Luis fuera nombrado embajador un año atrás: la misteriosa muerte de su predecesor en el cargo, los trapicheos para lograr contratos para empresas españolas en los que anda metido un dudoso personaje, el empresario Paco Cadenas, y en general las corruptelas mayores o menores en que andan enredados los diversos trabajadores de la embajada, y con las que Luis, un tipo honrado, no está dispuesto a pasar ni una. Unas fotos que le llegan a Claudia, que demostrarían la infidelidad de su esposo, le llevan a cometer una tontería en una noche loca, acostarse un joven, que resultará ser el novio de su hija. Con directores tan apañados como Carlos Sedes, y fichaje de lujo, Eduardo Chapero-Jackson, es de esperar que mantenga un cierto nivel. Las posibilidades de complicar la madeja son inmensas –la detención de la hija Ester por posesión de drogas, una trampa que le han tendido, es un botón de muestra–, y el reparto es muy atractivo, funcionando como "locomotora" Belén Rueda, pero con presencias tan valiosas como la Raúl Arévalo y Carlos Bardem, éste bordando su papel de sinvergüenza carente de escrúpulos.

6/10
Hablar

2015 | Hablar

Audaz y original película española dirigida por Joaquín Oristrell, quien pergeña una insólita historia coral –de extraordinario reparto– que tiene lugar en tiempo real y que acontece en un radio de medio kilómetro, en los alrededores de la Plaza de Lavapiés, en Madrid, punto de inicio de un continuo travelling que va pasando de un personaje a otro y nos va acercando a su situación real, a las vivencias en esos 75 minutos de un grupo de habitantes, en su mayoría jóvenes desorientados, frustrados, que deambulan en la noche de agosto madrileña y hablan, discuten, cantan, piden, recitan... Ahí está la perorata de un “loco” que ve por todas partes una conspiración social; la cita telefónica de una enamorado; la entrevista de un reportero; las excusas de un jefe a una empleada a la que debe dinero; los lamentos de una joven madre hambrienta; los diferentes enfados de una chica obsesiva con varios interlocutores telefónicos; la compra callejera de un director de hotel; la frustración de una joven que busca trabajo; las explicaciones de un hijo a su madre sobre su adicción a la pornografía; las discusión entre dos limpiadoras de basura; los jóvenes que van de marcha; la canción de un artista; la actuación de unos actores... Teniendo en cuenta que toda la película ha sido rodada en un único plano y que el set es un entorno urbano real, calles transitadas habitualmente en el centro de Madrid, hay que reconocer el enorme mérito de una narración ejemplar en cuanto a la planificación y a la extraordinaria pericia al ajustar la entrada y salida del encuadre de los diferentes personajes y sus tramas. Sólo por este soberbio ejercicio de estilo la película merece admiración. Destaca en este sentido el número rimado que se marca un enorme Antonio de la Torre. A su vez, indudablemente planea sobre el conjunto un cierto aire irreal, generado por la artificiosidad de captar a cada hombre y a cada mujer en el preciso instante que se requiere para que sus conversaciones se entiendan, se sigan, se esperen... De fondo, hay en los personajes que aparecen en la película un halo de tristeza y frustración ante la adversidad, pues todos son perdedores y cargan con su personal saco de dificultades, económicas, laborales, afectivas, etc., y es fácil comprobar cómo la crisis financiera global enmarca cada una de sus pesadumbres y hace un poquito más difícil sus vidas. Sin embargo, también al conjunto puede achacársele cierta superficialidad, pues el somero vistazo social que es el film no puede entrar en honduras de entidad, ni ofrecer soluciones. Así las cosas sorprende mucho el logrado y sugestivo final, que, aunque efectista, no deja de ser un sentido homenaje al mundo del teatro, a la fuerza transformadora de las palabras, en donde los poemas de Blas de Otero sirven de catalizador y elevan la película hacia una suerte de desenlace filosófico-existencial que hace preguntarse a los actores sobre el sentido de su vida, de su libertad, de su destino, como si fueran protagonistas de la obra de un Creador (con mayúsculas) cuyo silencio interpela a todos, espectador incluido.

6/10
Cien años de perdón

2015 | Cien años de perdón

En una mañana lluviosa, seis enmascarados asaltan la sede central del Banco Mediterráneo, en Valencia. El grupo, liderado por "El Uruguayo", tiene previsto en teoría vaciar las cajas de seguridad y escapar por un túnel excavado que comunica con el metro. Pero éste ha quedado inundado, pues ha caído demasiada agua, y además uno de los empleados consigue presionar el botón de alarma, por lo que la policía rodea el lugar. Mientras, Ferrán, jefe de gabinete de la presidenta de la Generalitat Valenciana, se entera del atraco, pero descubrirá que los culpables no son simples ladrones, sino que alguien de su partido les ha enviado allí por algo... Tras Combustión, una de carreras automovilísticas callejeras, Daniel Calparsoro trata de seguir la línea de los nuevos thrillers españoles, cuya trama policíaca sería una excusa para la crítica social. Para ello ha reclutado al libretista Jorge Guerricaechevarría, responsable de Celda 211 y El niño (y al actor de ambas Luis Tosar), aunque el cineasta parece tener en mente sobre todo La caja 507, con la que la trama tiene algunos puntos en común (el intérprete de aquélla, José Coronado, también interviene aquí de forma breve). Al realizador se le da bien componer eficaces secuencias de acción, por lo que el arranque resulta bastante prometedor, y logra que su reparto sea convincente. Por desgracia, le falta una vuelta de guión a los personajes, a los que les falta un toque de humanidad que les saque del maniqueísmo. Acaba perdiendo definitivamente a Calparsoro su poca sutilidad para la denuncia, y su ansia por meter demasiados temas: la corrupción política, los desahucios, las preferentes y las malas praxis de los bancos, las reducciones de plantilla... ¡y hasta el corralito argentino! Una cosa es rodar cine negro que describa lo peor de la sociedad (la base de los mejores clásicos del género) y otra componer un panfleto, donde aunque no se menciona ningún partido político sólo falta que el realizador nos indique a quién piensa que debemos votar en las próximas elecciones.

4/10
Negociador

2014 | Negociador

Después del éxito espectacular e inesperado de Ocho apellidos vascos, se aguardaba con verdadera expectación el nuevo proyecto de Borja Cobeaga como guionista y director, pues la temática es todavía más delicada a la hora de levantar ampollas entre los espectadores, la negociación siempre negada –simple diálogo, era el eufemismo que se debía utilizar– entre el gobierno español y la organización terrorista ETA. El hilo narrativo no puede ser más elemental. En 2005, cuando gobierna José Luis Rodríguez Zapatero, Manu, un vasco que se siente también español, ha tendido cables para hablar con el entorno terrorista, no en balde algunos etarras fueron compañeros de pupitre, y éstos han aceptado mantener una reunión en Francia. A lo largo de un mes, en un retirado hotelito, Manu negocia oficiosamente –o dialoga– con Jokin, representante del mundo etarra, un primer documento que pueda sentar las bases del final de la violencia. Entre ellos hay un mediador británico con una traductora, que toman buena nota de todo para tratar de llegar a un entendimiento. Negociador es una producción modesta económicamente, rodada con pocos actores y los escenarios imprescindibles. Cobeaga, consciente de la gravedad del tema que tiene entre manos, opta con inteligencia por la modestia abarcadora, pasajes divertidos de tipismo muy vasco y muy español –ese miedo exacerbado al ridículo que tan bien nos define–, pero que no conviertan el film en un despiporre poco adecuado. El laconismo de Ramón Barea y Josean Bengoetxea ayuda, mientras que los modos más exagerados de Carlos Areces, resultan medidos. La cinta funciona en líneas generales, aunque esa necesidad de acelerar y pisar el freno no deja de pesar un poco. Así que el director concibe momentos surrealistas, las cosas discurren suavemente, se plantean las contradicciones y las coincidencias entre las partes enfrentadas. No cae en la equidistancia, sabe poner banderillas en los momentos adecuados, la inesperada escena del restaurante con el camarero de Logroño; pero a la vez señala la necesidad de hablar, de acercarse, de conocerse, y esto sin ingenuidades, con sutileza no se evita la mención del miedo al tiro en la nuca, el luto o las acciones policiales. La estructura circular, el film acaba como empieza, subraya que cualquier avance, por pequeño que parezca, es algo.  

5/10
El club de los incomprendidos

2014 | El club de los incomprendidos

Valeria acaba de trasladarse a Madrid con su divorciada madre Mara, y no está nada contenta con el cambio de ciudad, ahí no tiene amigos, ni con el bar con el que Mara quiere ganarse la vida. Chica de gran personalidad, al llegar a su nuevo instituto tiene un encontronazo, lo que le lleva a tener sesiones fuera de clase con un orientador, lo que le sirve para conocer a otros chicos problemáticos, Eli, Bruno, Raúl, María y Ester, con los que hace buenas migas hasta formar una simpática pandilla, el Club de los Incomprendidos. Resultan ser una auténtica piña, hasta que cada uno empieza a guardar sus particulares secretos, lo que podría dar al traste con lo que parecía un unidísimo grupo. Adaptación de la primera de las novelas de la saga juvenil “El club de los incomprendidos” de Blue Jeans, “¡Buenos días, princesa!”, se trata de una digna cinta española dirigida al público adolescente, que tiene detrás al equipo de Bambú, Ramón Campos, Gema R. Neira, Carlos Sedes y compañía, o sea, a los responsables de populares series de televisión como son Gran Reserva, Gran Hotel, Hispania y Velvet. La idea es pintar los altibajos sentimentales y falta de madurez de unos chicos y chicas de instituto, que tratan de encontrar su lugar en el mundo mientras descubren el amor y la amistad, pero también los rasgos feos que pueden estropearlos, como la deslealtad y la falta de sinceridad. El planteamiento recuerda un poco al clásico del cine “teen” El club de los cinco. Es cierto que los sentimientos pintados son algo básicos y balbuceantes, y la mirada algo superficial, cuestiones como las ganas de fiesta, la tentación de hacer el gamberrete o el gusto por el lujo se pasan de puntillas, prestando tributo a lo políticamente correcto, mientras se suman situaciones sobre emparejamientos ocultos porque afectan a un tercero, abuso de menores o algo que se le parece, confusiones sobre si te gustan o no las personas del mismo sexo... Pero en general se procura ofrecer un producto más o menos blanco e inicuo –al menos, con los baremos vigentes en la sociedad actual– para atraer a las salas al mayor número posible de espectadores. El reparto está muy logrado, entre los adultos sobresale Raúl Arévalo en su pequeño papel, mientras que el de Lluís Homar es un personaje bastante prescindible. Pero son los chicos los reyes de la función, y entre ellos destacan las naturales interpretaciones de Charlotte Vega, Jorge Clemente y Andrea Trepat; quizá sean demasiado "guapillos" para su condición de friquis o pringadillos, pero en fin, son licencias para atraer al espectador. Llama la atención el esfuerzo de producción, con Madrid muy bien fotografiado, y escenas impactantes como la del puente y la de los soterrada M-30.

5/10
La isla mínima

2014 | La isla mínima

El sevillano Alberto Rodríguez continúa la estela de su anterior trabajo, Grupo 7, en otro film policíaco, que también se desarrolla hace unas décadas en el sur de España, y que nuevamente está rodado con un estilo naturalista. En La isla mínima, dos jóvenes hermanas han desaparecido en un pueblecito de las marismas del Guadalquivir en 1980. Para investigar el asunto viajan al lugar dos policías madrileños de personalidades contrapuestas, Pedro, representante de la nueva hornada de la policía democrática, y Juan, agente de la vieja escuela, que no duda en utilizar métodos violentos si necesita conseguir información para resolver el caso. De nuevo Rodríguez ejerce como coguionista con Rafael Cobos. El dúo supera ampliamente su anterior trabajo, cuyo punto más débil residía precisamente en un libreto que a pesar de despertar el interés y describir muy bien a los personajes, se estancaba rápidamente y se volvía reiterativo. Por contra, La isla mínima desarrolla con mayor fortuna una trama policíaca muy clásica que en realidad sirve de mera excusa para la descripción social de la época, un momento histórico en el que España es una democracia, pero aún está anclada en el pasado. El film muestra una España rural marcada por las reivindicaciones de los jornaleros, la marginación a la mujer, la extrema pobreza y otros problemas. Sólo cabe achacarle que ofrece una imagen exageradamente tenebrosa y negativa del pasado de España, más en consonancia con la mayoría del cine patrio que con la ofrecida por cineastas como David Trueba en Soldados de Salamina y Vivir es fácil con los ojos cerrados, por poner algún ejemplo. Pero por lo demás, Rodríguez le saca mucho partido a un presupuesto limitado, pues con pocos elementos compone una esmerada ambientación, y como es habitual en su cine hace gala de una enorme imaginación visual, como queda patente en los planos cenitales de las localizaciones. Se luce en diversos momentos, como la persecución nocturna de un Dyane 6, un tiroteo en medio de una intensa lluvia y otras secuencias de altura. En el apartado interpretativo Rodríguez vuelve a recurrir al gran Antonio de la Torre, que demuestra que no hay papel pequeño, aunque ha quedado relegado a un rol muy secundario, el padre de las secuestradas, al que le pone una enorme intensidad. Como es habitual, Raúl Arévalo se muestra sumamente eficaz como poli bueno. Aunque aparecen muchos intérpretes destacados como Manolo Solo (El laberinto del fauno) como periodista carroñero muy bien defendido, en La isla mínima roba por completo la función Javier Gutiérrez, conocido por su rol de graciosete en Águila roja, inmenso en un papel completamente opuesto, lleno de dramatismo, pues encarna al otro protagonista, el poli malo, un tipo de turbio pasado, pero al que logra humanizar y dotar de matices.

6/10
Murieron por encima de sus posibilidades

2014 | Murieron por encima de sus posibilidades

Isaki Lacuesta, un director con vitola de autor, ha demostrado ya su oficio cambiando de género y estilo con gran facilidad, pero esto tiene sus riesgos, este film trae a la memoria el nombre de Juanma Bajo Ulloa, cuya carrera entró en declive, paradójicamente, con su película más alocada y comercial, Airbag. Murieron por encima de sus posibilidades aborda de modo transgresor y salvaje los efectos de la crisis económica y de valores en una serie de tipos, que han acabado asesinando a personas cercanas en un momento de profundo hartazgo. Recluidos en un centro psiquiátrico, deciden fugarse para secuestrar al director del Banco Central, que tiene una guarida secreta para sus juergas en el mar, debajo de lo que parece una simple chalupa. Lacuesta reúne un reparto coral de actores muy conocidos, sin querer hacer un recuento exhaustivo desfilan por ahí Raúl Arévalo, Luis Tosar, Carmen Machi, José Coronado, Imanol Arias, Ariadna Gil, Emma Suárez... Y orquesta un montón de situaciones surrealistas, delirantes, brutales, y hasta tarantinescas, que no falte “de ná”, incluido el gore. Pretende ser divertido mostrando una sociedad egoísta, compuesta por individuos tarados, que han creado un monstruo de muchas cabezas que difícilmente puede ser sanado, si cortas una saldrán cuatro nuevas. En realidad, resulta irritante y cansino, e incluso se diría que algunos de los intérpretes no acaban de encontrarse demasiado cómodos enredados en el disparate en que consiste el film.

3/10
Las ovejas no pierden el tren

2014 | Las ovejas no pierden el tren

Tras ganar el Goya al mejor corto por El columpio, Álvaro Fernández Armero dedicó la década de los 90 a la comedia, con Todo es mentira, Brujas y Nada en la nevera, que pese a que no acaban de funcionar, tenían cierta frescura, algún momento cómico eficaz y pintaban a la juventud del momento. Tras buscar nuevos trenes a los que subirse en el terreno del thriller y el documental acabó refugiándose en la telecomedia, y desde la fallida Salir pitando, de 2007, no había vuelto a rodar para la gran pantalla. Ahora regresa con Las ovejas no pierden el tren, un film muy coral que pivota alrededor del matrimonio formado por Luisa, que regenta una modesta academia, y Alberto, escritor en crisis creativa y personal. Por sus problemas económicos se mudan con su hijo, Lucas, a una casa rural. Ambos arreglan una cita a la hermana de Luisa –que no acaba de encontrar al hombre de su vida–, con un periodista deportivo. Por otro lado, Juan, el hermano periodista de Alberto, se ha divorciado y sale con una chica mucho más joven, pero no contaba con que tienen gustos diferentes. Y el padre de Alberto y Juan sufre Alzheimer, por lo que la familia se plantea llevarle a una residencia. En su mejor película, lo que no es decir mucho, pero menos es nada, el también guionista Fernández Armero acierta al mezclar sus naturales diálogos y sus personajes espontáneos con varios elementos dramáticos, que dotan al film de algo de fondo, en torno a las relaciones familiares, los problemas de comunicación con los seres queridos, y las ventajas de una vida sencilla en una sociedad en la que las personas tienden a complicarse la vida. Además, ha contado con un reparto de lo más adecuado, en el que brillan Raúl Arévalo e Inma Cuesta, que tienen una buena vis cómica, y también Candela Peña, Jorge Bosch, la prometedora Irene Escolar (una convincente Juana la Loca en Isabel) y las veteranas Kiti Mánver y Petra Martínez como las respectivas madres de los protagonistas. Acaba resultando más ligera de lo que podría haber sido, y subyacen detalles de humor cutre característicos del director. Pero apunta cuál es el tren que debería coger Armero de cara al futuro. Además, se permite homenajear a su actor fetiche del pasado, Coque Malla, pues su conocido tema musical “Por las noches” da un toque nostálgico a la banda sonora.

5/10
Casting

2013 | Casting

Javi ha salido de su último casting derrotado y lo último que quiere es ir a otra prueba. Pero a ésta tiene que ir. Le obliga su novia, el alquiler y, sobre todo, que no tiene otra opción. Lo que no sabe es que allí conocerá a Esther, una actriz con quien pasará algunas horas hasta que les toque el turno, en un viaje emocional de flirteos, emociones y desengaños que le ayudará a encontrarse con él mismo... Aunque no quiera... Aunque eso pueda cambiarle toda su vida.

El tiempo entre costuras

2013 | El tiempo entre costuras | Serie TV

El tiempo entre costuras adapta la novela homónima de María Dueñas, sorprendente debut literario de la autora, que se convirtió en un gran éxito de crítica y público. Se encarga de la realización Ignacio Mercero, hijo del mítico Antonio Mercero, que ya tiene enorme veteranía al frente de capítulos de numerosas series españolas de ficción, como La chica de ayer o Los protegidos. Con pequeños cambios puntuales, como alguna escena añadida que no traiciona al original, El tiempo entre costuras sigue al pie de la letra el argumento del libro. Meses antes del inicio de la Guerra Civil, Sira Quiroga, jovencísima empleada de un taller de costura madrileño, abandona a su novio funcionario, con el que está a punto de casarse, para viajar a Tánger con Ramiro Arribas, el hombre del que se ha enamorado. Pero éste la deja abandonada, embarazada, llevándose todo su dinero... Logrado relato del paso de la inocencia a la madurez, el guión de Susana López Rubio (Física o química, Hospital central) y Carlos Montero (El comisario) aprovecha el enorme potencial de la trama, bien urdida por la novelista. La miniserie sorprende por el despliegue de producción, atípico en la televisión española, que permite localizaciones en ciudades de diversos países (Madrid, Tánger, Tetuán, Lisboa), vestuario de la época más que convincente, y atrezzo adecuado. El tiempo entre costuras está rodada con una enorme elegancia, que parece tomar como punto de referencia los clásicos de Hollywood, y su retrato histórico –centrado en las desigualdades femeninas de la época– es más inteligente de lo habitual. Logra atrapar más o menos desde su inicio. Además, Adriana Ugarte realiza un gran trabajo mostrando la evolución de la protagonista, y está en medio de un plantel solvente, en el que destacan Raúl Arévalo (el novio funcionario) y Elvira Mínguez (la madre).

6/10
La vida inesperada

2013 | La vida inesperada

Un guión original de Elvira Lindo, inspirado claramente en sus experiencias neoyorquinas. Sigue sobre todo a dos personajes. Juanito, que vino a la Gran Manzana persiguiendo su sueño de ser actor, pero que debe ganarse la vida dando clases de cocina española. Y su primo Jorge, inversor de postín a punto de contraer matrimonio, que ha venido a pasar una temporada indeterminada con él, y que en el fondo no está muy seguro del rumbo que ha impreso a su vida. La experiencia compartida de estar en un país distinto al propio, las posibilidades amorosas y profesionales, conformarán la “vida inesperada” a que alude el título. El film dirigido por Jorge Torregrossa –director de Fin y numerosos capítulos de series televisivas– trata sobre todo de captar esa atmósfera del pez navegando en nuevas aguas en las que puede surgir cualquier cosa, y ello con el característico costumbrismo y sentido del humor de Elvira Lindo. El resultado es desigual, porque si bien hay escenas muy auténticas y con gracia –las conversaciones con la madre vía Skipe–, la foto en su conjunto se diría “movida” o “borrosa”, en tal sentido responde bien a una sociedad de pensamiento “líquido”, poca segura de sus valores, si es que los tiene, donde todo se reduce a cierto buen “rollito”, a sentimientos epidérmicos que vienen y van. Todo dentro del esfuerzo por madurar y situarse en la vida, y reconocer las propias cualidades para seguir adelante. En cualquier caso La vida inesperada es una cinta de agradable visionado, con buenos trabajos de Javier Cámara y Raúl Arévalo.  

5/10
Con el culo al aire (2ª temporada)

2013 | Con el culo al aire (2ª temporada) | Serie TV

Charo, la profesora de los hijos del churrero, aparecen en el cámping para averiguar el porqué de la prolongada ausencia de estos en el colegio. Al ver que los recién casados Tino y Alicia viven en un cámping, decide llamar a los servicios sociales. Asustados por la posibilidad de que les quiten a sus hijos, Tino y Alicia afirman tener un piso en la ciudad confían en que Ángel les deje uno de los pisos de su inmobiliaria para salir del embrollo.

Gente en sitios

2013 | Gente en sitios

Juan Cavestany, director de las comedias El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad, dio un giro surrealista a su carrera con Dispongo de barcos, de carácter experimental, y un tono críptico. El cineasta ha continuado en la misma línea en su trabajo posterior, El señor, concebida para su descarga en internet por un precio simbólico, y en Gente en sitios, que bien podría ser uno de los vértices de una peculiar trilogía. Gente en sitios parece desafiar lo que se entiende generalmente como pelicula. Encadena pequeños sketches, sin ningún nexo aparente de unión, con múltiples personajes. Una pareja acude a visitar un piso en venta, pero el empleado de la inmobiliaria les juega una mala pasada, un tipo le ha dicho a un desempleado que le ayudaría pero no sabe cómo, un marido que contempla aburrido la televisión recibe una reprimenda por parte de su esposa porque se le ha pasado por alto que ésta se ha cambiado de cara... En los diversos fragmentos de Gente en sitios predominan las risas, pero también hay espacio para el drama (una mujer se golpea brutalmente al caerse cuando intenta devolverle su bufanda a una desconocida) y el surrealismo más absoluto (un tipo enseña a caminar a un hombre parado en la calle). Algunos destilan cierta frescura, aunque otros resultan interminables a pesar de su brevedad, y ofrecen la sensación de que el director se ha limitado a encadenar material diverso, sin ningún sentido planificado de antemano. Aunque el espectador medio de las salas de cine que acuda a ver este film sin estructura aparente pensará con toda probabilidad que le han tomado el pelo, Gente en sitios no resulta del todo desdeñable, pues aunque sólo están esbozadas se pueden entresacar pequeñas reflexiones sobre la incomunicación ciudadana, y la falta de miras y el desconcierto del hombre actual. A Juan Cavestany se le debe reconocer una enorme valentía a la hora de arriesgarse, y su capacidad para sacar adelante Gente en sitios con un presupuesto nimio, y aún así haber podido convocar a destacados actores del cine español más interesados por el proyecto en sí que por cobrar sus cachés habituales. Muchos de ellos sostienen por sí mismos con talento momentos aislados del metraje, como Eduard Fernández (un excelente padre al que convencen para rodar un vídeo televisivo cuando acude a buscar a su hijo a su centro escolar). También cumplen Raúl Arévalo, Carlos Areces, Luis Bermejo, Antonio de la Torre, José Ángel Egido, Tristán Ulloa, Maribel Verdú, y hasta Ernesto Sevilla, Santiago Segura y Adriana Ugarte, que incluso saben a poco.

4/10
Con el culo al aire

2012 | Con el culo al aire | Serie TV

  Al mal tiempo buena cara.  ¿Que no puedes pagar la  hipoteca? Pues haz las maletas y alquila un bungalow en el camping Los Ángeles. A 20 minutos de Madrid tendrás todas las comodidades que tienen los ricos y por sólo 180 euros al mes. Esta es la filosofía de vida para Faustino Colmenarejo, un reputado churrero, y los demás vecinos de este camping que con sus problemas y crisis personales salen adelante poniendo su mujer sonrisa. La llegada a este lugar de nuevos vecinos, la doctora Sandra Rojo y sus dos hijitas, pondrán a prueba la unidad de esta peculiar comunidad al verse envueltas en un asunto familiar peliagudo.  A través de la voz de Faustino conoceremos los dramas de las familias protagonistas de la serie, pero siempre con un tono de desenfadada comedia. Dos amigos que intentan superar sus respectivas rupturas sentimentales; una madre de familia adicta a la cerveza, un matrimonio de la jet set sin un duro; la doctora que intenta superar su adicción a las pastillas mientras saca adelante a sus pequeñas; el dueño del camping y su rebelde hermana; el matrimonio anciano cansado de su vida en el camping; y la nueva familia del churrero compuesta por su novia, la hija de ésta y sus dos hijos. La serie muestra el día a día en el camping mientras va profundizando en la vida de cada uno de los personajes, que a excepción quizás de la de la doctora, sencillamente carecen de interés. Después de un capítulo de casi hora y media el espectador puede perder las ganas de saber qué les ocurrirá a los personajes en los próximos capítulos. Y es que las historias no están mal contadas, algunas son divertidas e incluso creíbles, pero no despiertan gran interés, quizás porque son de lo más previsibles. Sabemos que la hija de la novia del churrero acabará aceptando a la nueva pareja de su padre. Sabemos que los ricos y estirados del Mercedes, acabarán siendo unos más de la pandilla. También intuimos que la chica que le da calabazas al guiri del grupo acabará cayendo rendida a sus pies… y un largo etcétera. Tramas y personajes previsibles, pero eso sí,aceptablemente interpretados. Destaca un siempre cómico y divertido Paco Tous (Los hombres de Paco), como el churrero Faustino y también María León (La voz dormida), que da vida a la recién llegada doctora. Otros rostros conocidos de la pequeña pantalla cumplen su cometido, como Toni Acosta (Un paso adelante) y Cesáreo Estébanez (Farmacia de guardia), al menos para mantener una serie que aunque no es nada del otro mundo, ofrece suficiente entretenimiento para colmar a los menos exigentes.  

4/10
Los amantes pasajeros

2012 | Los amantes pasajeros

El vuelo de la compañía aérea Península despega desde Madrid en dirección a México. Pero por problemas con el tren de aterrizaje deberán abortar el viaje. Durante varias horas se mantendrán volando por el espacio aéreo español a la espera de tener luz verde para un aterrizaje de emergencia. Con el fin de evitar problemas, la mayoría de los pasajeros han sido drogados convenientemente. El piloto es un bisexual que está enrollado con uno de los tres azafatos homosexuales que completan la tripulación, junto con el copiloto, éste también con líos de género. Entre los pasajeros están una dominatrix de alto standing, un pobre tipo que huye de una chica enferma, una vidente medio tarada que quiere perder la virginidad, un misterioso hombre de negro, un empresario corrupto y una pareja de recién casados. Todos tendrán sus minutos de historia. Dentro del surrealista y disparatado universo de Pedro Almodóvar Los amantes pasajeros es a la comedia lo que La mala educación es al drama. En otras palabras, estamos ante una de las peores películas del director manchego, al menos de los últimos tiempos. Fracasa estrepitosamente en su intento por encontrar la tecla para meterse al público en el bolsillo, cosa que es la verdadera especialidad de Almodóvar y la clave de su éxito. Sin ese don para llegar a la gente, sus argumentos estrafalarios, erótico-festivos y rebuscadamente inverosímiles se vienen abajo. Y aquí ocurre justamente eso. La trama de toda la película es un monumento a la ligereza, la zafiedad, la exageración del mundo de locas homosexuales y conversaciones vanas de portera, tan típico de su filmografía; pero al contrario que otras veces en Los amantes pasajeros nada adquiere consistencia, todo es anecdótico, trivial, tonto: al final el espectador tiene la sensación de haber estado viendo una gigantesca nada, un conjunto de sketches televisivos de muy baja ralea, montañas de chistes verdes, ejercicio de locazas que en otros tiempos darían que hablar y hoy en día no producen risa, sino más bien aburrimiento. Es como si Almodóvar hubiera querido regresar a los 80, con una bomba de frescura escandalosa, y el trasnochado experimento le hubiera explotado en la cara. Hay lógicamente algunos momentos, contados, en que es imposible no sonreírse (o reírse de la pura vergüenza), tales son las esperpénticas situaciones “amaneradas”, así como ciertos coscorrones a las corrupciones del poder y de los negocios que funcionan momentáneamente. También destaca, claro, el numerito musical, por lo insólito y artificioso de la ocurrencia, y ese aire kitch del conjunto, con la luminosa fotografía de colores claros, limpios, de pintura warholiana. Pero, al fin, todo es tan demente y ridículo que ni un impresionante elenco de actores y actrices de enorme renombre –hay cameos hasta de Antonio Banderas, Penélope Cruz y Paz Vega– es capaz siquiera de evitar la catástrofe de la vacua y procaz farsa que inunda cada uno de los minutos del film. Y, si hay que salvar algo, el trabajo de Blanca Suárez en las pocas tomas de exteriores sería una buena opción.

2/10
Promoción fantasma

2012 | Promoción fantasma

Todos, incluido él mismo, piensan que Modesto está loco, porque en ocasiones ve muertos. Cuando le contratan como profesor en el colegio Monforte, va a constatar que sus visiones responden a la más pura realidad. Los cinco chicos muertos que pululan por el lugar son los fantasmas de cinco alumnos que murieron años atrás en un pavoroso incendio, del que la institución aún no se ha repuesto, para desconsuelo de la directora Tina. ¿Qué tendrán que hacer para descansar en paz? Modesto cree que deben resolver algún tema pendiente, como por ejemplo, aprobar el curso, así que se ofrece a darles clase. Tras la prescindible Spanish Movie, Javier Ruiz Caldera entrega una película que combina razonablemente el subgénero de instituto al estilo John Hughes, con el fantástico y la comedia. El director maneja numerosas referencias cinéfilas, y consigue que el resultado no sea un pastiche indigesto. No diremos que su film es una obra maestra, pero dentro de su carácter ligero está bien contada, dibuja bien las peripecias y problemas de los distintos personajes, y la mezcolanza de géneros no chirría. Los efectos visuales son resultones, hay algunos buenos gags, y aunque no se evita el recurso a la zafiedad, existe un poquitín de contención. Funciona bien un reparto con especialistas en comedia como Raúl Arévalo y Alexandra Jiménez.

4/10
Balada triste de trompeta

2010 | Balada triste de trompeta

Tras cambiar completamente de aires con Los crímenes de Oxford, rodada en inglés, Álex de la Iglesia vuelve a filmar en su lengua materna, en una cinta más en su estilo habitual, marcado por el humor negro. La principal novedad es que De La Iglesia firma el guión en solitario, pues hasta ahora coescribía junto con Jorge Guerricaechevarría, que por su parte se fue a escribir Celda 211. El título hace referencia a la celebérrima canción de Raphael, aludida en la cinta. Javier vio morir cuando era pequeño a su padre, payaso de un circo que combatió del lado republicano en la Guerra Civil y posteriormente fue condenado a trabajos forzados en las obras del Valle de los Caidos. En los 70, Javier seguirá la estela de su padre, pues busca trabajo como payaso en un circo en el que formará pareja profesional con Sergio, capaz de arrancar muchas risas a los niños, pero de muy mal carácter cuando se quita la pintura, sobre todo cuando bebe. Quien paga los platos rotos es sobre todo Natalia, su novia, una bella trapecista. El recién llegado Javier se enamora hasta la médula de Natalia, a la que tiene que ver a espaldas de Sergio, que puede reaccionar de forma muy violenta si se entera... El film ha recibido dos premios de primera categoría en el Festival de Venecia, mejor director y guión, decisión que fue criticada pues se acusó al presidente del Jurado, Quentin Tarantino, de haber dado los premios a De la Iglesia por puro amiguismo. El relativo a la realización podría estar justificado, pues el cineasta se luce en la planificación de sus secuencias y rueda con un ritmo dinámico. Pero no se entiende de ninguna forma que se haya premiado el guión. En primer lugar, resulta repetitivo, pues De la Iglesia narró una historia muy parecida en Muertos de risa, donde dos cómicos mantenían una rivalidad a lo largo de los años –aunque el desencadenante no era una mujer–. Pero es que además se trata de un film vacío, con personajes extremos, pero poco creíbles, que acaba limitándose a narrar la persecución entre los dos protagonistas, enmarcada en la historia de España, y poco más. Los actores principales, Antonio de la Torre y Carlos Areces (conocido por el programa televisivo Muchachada Nui), se esfuerzan por componer unos personajes muy cambiantes, pero no consiguen que se empatice con ellos. Quizás se lucen más los numerosos secundarios, muchos de ellos habituales del cine de De la Iglesia: Terele Pávez, Santiago Segura, Sancho Gracia, Enrique Villén o Luis Varela.

4/10
También la lluvia

2010 | También la lluvia

  Año 2000. Un equipo de cine español se encuentra en Bolivia rodando una película centrada en Fray Bartolomé de las Casas, Cristobal Colón y la colonización de América. Su trabajo cuestiona la ambición que movía a los conquistadores, subraya la pacífica existencia hasta entonces de los indígenas, y aplaude la defensa de sus derechos por parte de adelantados como De las Casas y el sacerdote Antonio Montesinos. Sin embargo las intenciones revisionistas del film chocan con el modo en que el productor Costa se jacta de que tiene extras nativos por cuatro perras, o las indicaciones que dan a su actor principal indígena, Daniel, para que no se involucre en las protestas contra el gobierno, que pretende privatizar la explotación del agua. Inteligente película de Icíar Bollaín, en la que sin duda es su película más ambiciosa, por discurso narrativo y por el esfuerzo de producción. Cuenta con un libreto de Paul Laverty, guionista habitual de las últimas películas de Ken Loach. La idea es trazar un paralelismo entre la llegada al nuevo mundo de Colón y sus hombres, y el desembarco de los cineastas españoles, dispuestos a dar una lección de historia, aunque la explotación de antaño se repita en las autoridades actuales de Bolivia, e incluso en ellos mismos. Quizá puedan faltar matices en el dibujo del pasado y del presente, pero debe reconocerse un esfuerzo por ecuanimidad, apuntalado con gran astucia. Así, funciona bien la idea de comparar el despertar de la conciencia de De las Casas con el de uno de los cineastas; o la de invertir los términos entre las ideas de los actores y las de los personajes a los que representan. Por ejemplo, la añoranza del que encarna a Colón, que agradecería una visión más rica del descubridor en el guión, equilibra su retrato de personaje ambicioso, que a la vez se apoya en su correspondencia  a los Reyes Católicos. También es un acierto señalar que en la lucha por los derechos, conviene no perder de vista los que corresponden a las personas más cercanas. Bollaín ha crecido en aplomo como cineasta. El arranque del casting de indígenas, es un ejemplo estupendo de saber arrancar una historia. El ensayo de los actores vestidos de paisano –Colón descubriendo América, una escena que es un regalo para Karra Elejalde; el sermón de Montesinos, otro tanto para Raúl Arévalo– retrotrae a ficciones que solapan actuación y realidad como Vania en la calle 42. Y hay una tremenda fuerza en Luis Tosar –a él y a Bollaín se debe que pasajes más débiles, como la metedura de pata con el móvil o la búsqueda de la niña malherida, resistan– y en el debutante actor boliviano Carlos Aduviri.  

7/10
Primos

2010 | Primos

Diego está hecho polvo, pues la novia le ha plantado ante el altar en vísperas de su boda. Sus dos primos, Julián y Josemi, tratan de animarle llevándole a Comillas, el pueblo familiar donde veraneaban. Piensan que Martina, una chica que hacía tilín a Diego, podría ser un buen recambio. Se la encuentran con un hijo de padre desconocido. Además Julián conecta con El Bachi, el dueño del videoclub, convertido en un borrachín y con su hija dedicada a la profesión más antigua del mundo. Mientras que Josemi, hipocondríaco licenciado del ejército, se va a entender muy bien con el crío de Martina, que le hace descubrir cosas sobre su supuesta enfermedad. Daniel Sánchez Arévalo firma una comedia con puntos dramáticos, en la línea de sus anteriores trabajos Azul oscuro casi negro y Gordos. O sea, con treintañeros inmaduros –repiten con él los naturales Raúl Arévalo, Antonio de la Torre y Quim Gutiérrez–, guiados por las pulsiones del momento, buenos chicos en el fondo, pero irresponsables y con ideas demasiado primarias sobre el amor. En este caso destaca la camaradería de los primos, un canto a la amistad. Si puede haber cierta frescura narrativa, pesa lo de siempre: vertebración algo forzada de las subtramas de cada primo, abundancia de chistes zafios con una visión muy superficial del amor y la sexualidad, confianza excesiva en rostros “guapitos”, buen “rollito” y musiquilla “guay”.

3/10
Gordos

2009 | Gordos

Segundo trabajo de Daniel Sánchez Arévalo, considerado una de las más firmes promesas del cine español, tras su opera prima Azul oscuro casi negro. El joven cineasta reincide en el territorio de la comedia dramática, vuelve a ser el autor del guión, y recurre nuevamente a varios de los actores de su opera prima: Antonio de la Torre –que considera su actor fetiche–, Raúl Arévalo y Roberto Enríquez. Los tres tienen papeles de importancia, ya que ha vuelto a firmar una película coral. Todos los personajes coinciden en el grupo de terapia para superar los complejos derivados de la obesidad organizado por Abel, un tipo felizmente casado con Paula, profesora de gimnasia, con la que está a punto de tener un niño. Acude una joven católica a punto de casarse con su novio, un homosexual que poco antes se había hecho popular por su revolucionario método de adelgazamiento, una ingeniera de telecomunicaciones cuyo novio ha pasado un tiempo en Estados Unidos y no sabe que ha engordado, y un investigador de la policía científica, padre de dos chicos adolescentes que se pelean todo el rato. Sánchez Arévalo tiene sobre todo mucha mano para dirigir a los actores. Destaca en este sentido el trabajo de Antonio de la Torre, que engordó más de 30 kilos para el papel, y resulta muy convincente, al igual que el resto del reparto. El realizador madrileño es también un hombre con inquietudes, que en principio parece querer tratar asuntos de interés, como los traumas y las obsesiones derivadas de la obesidad. También parece que intenta criticar a una sociedad obsesionada por el culto al cuerpo, quizás en la línea de Las mujeres de verdad tienen curvas o la obra teatral ‘Gorda’, de Neil LaBute. Pero las buenas intenciones del realizador se diluyen por su excesiva recurrencia al humor soez, tan simplón que acaba impidiendo que funcione la parte dramática del film. También carga su visión caricaturesca de la religión, aplicada a la relación de pareja. Los conflictos de los personajes no acaban de resultar interesantes, sobre todo por sus giros absurdos hacia derroteros poco coherentes con lo que se nos ha dicho antes de ellos.

2/10
El patio de mi cárcel

2008 | El patio de mi cárcel

Drama carcelario cuya supuesta principal novedad –no es tal, ahí están títulos como Cuatro minutos y el español Entre rojas para desmentirlo–, estriba en que las ocupantes y funcionarias del establecimiento penitenciario donde transcurre la mayor parte del film son mujeres. Dirige una mujer, Belén Macías, debutante en el largo cinematográfico, que coescribe el guión con otra mujer, Arantxa Cuesta. Aunque bastante coral, la trama se centra sobre todo en Isa, una atracadora madre de una hijita, y enganchada a las drogas. Otras presas son Dolores, una gitana que mató al marido que la maltrataba, y que adora a su hijo, una promesa del flamenco; Rosa, una prostituta; Ajo, lesbiana, enamorada de Pilar, que sufrirá un desengaño; y Luisa, una ingenua colombiana, pillada transportando drogas, que deberá “adaptarse”. Estas mujeres comenzarán a ser tratadas con humanidad por Mar, una funcionaria de prisiones que impulsa con ellas un grupo de teatro. Cuenta con el apoyo de la directora de la cárcel, pero otras compañeras guardianas, sobre todo una bastante amargada, ve con malos ojos la iniciativa. Película bienintencionada, pero fallida. Está rellena de un buenismo bastante hueco. Reúne la mayoría de los tópicos carcelarios –peleas, matones, droga, amores “homo”, visitas, la humillación del desnudo cuando ingresan en prisión, el tráfico con mercancías varias...–, sin demasiada gracia. Como el film incluye abundantes trazos impresionistas, viñetas de una y otra presa, no falta algún pasaje más o menos conmovedor, sobre todo en torno a Dolores. Pero casi todo suena a ‘déjà vu’. Quizá donde más falla Macías es en la presentación del teatro como actividad que ayuda a las mujeres a reconocerse como personas para lograr la deseada rehabilitación. Lo cierto es que resulta muy inverosímil que las presas puedan montar una obra donde se dejan ver desnudas, y donde se pone en solfa el sistema penitenciario. Además, en ningún momento se advierte que el teatro ayude a la reinserción, o a aumentar el interés cultural, el deseo de aprender, etc; tal y como se presenta en el film, es poco más que un pasatiempo, que como mucho les ayuda a reclamar un mejor trato. Algunas relaciones amorosas surgen de modo caprichoso, poco creíble. A pesar del esfuerzo de las actrices, el conjunto es poco consistente, y la idea de prolongar la trama a lo largo de los años no permite vislumbrar algún tipo de evolución en los personajes, que en el fondo son casi iguales al principio y al final.

3/10
8 citas

2008 | 8 citas

Como su título indica, este film reúne las historias de ocho citas amorosas de distinto porte, con nexo de unión mínimo: el temático, algún personaje que repite presencia, y el último corte de un funeral, donde un tanto forzadamente se supone que están presentes la mayoría. Escriben y dirigen la cinta los debutantes Peris Romano y Rodrigo Sogoroyen. Aunque el arranque, la historia de un tímido kioskero que no se atreve a declarar su amor a una vecina a punto de dejar la ciudad, hace suponer una visión poliédrica y fresca del amor, lo cierto es que tal previsión se queda pronto en espejismo. El resto de viñetas de la película trata de modo más previsible los celos, las familias de los enamorados, y sobre todo del sexo, que invita a hacer aquella vieja pregunta de por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo. Así, en cuanto a mirada antropológica, el film se queda muy pobre. En cuanto a situaciones graciosas, hay alguna, aunque a veces uno piensa que podría estar ante algún sketch de la serie televisiva Escenas de matrimonio. Tiene su gracia el ver a tantos buenos actores en una película coral, pero queda la impresión de que no se les ha sacado todo el jugo. Véanse por ejemplo a Miguel Ángel Solá y Adriana Ozores combatiendo la rutina conyugal en un fin de semana “diferente”, o la anecdótica aparición final de Belén Rueda.

3/10
Los girasoles ciegos

2008 | Los girasoles ciegos

  Una trama muy novedosa en el cine español. Ambientación en la época inmediatamente posterior a la guerra civil, represión implacable de los vencedores, policías sádicos con las familias de los vencidos, curas libidinosos, curas manipuladores... El “Cara al sol” por partida doble... En fin, por si alguien no lo ha pillado, lo del párrafo anterior pretendía ser una ironía, pues estamos ante la enésima incursión de la cinematografía patria en la triste guerra fraticida, y como es habitual, desde una óptica de los vencidos muy poco sutil. Ignoramos si la trama original de la novela de Alberto Méndez se aguantaba sobre el papel, pero podemos constatar que no lo hace sobre el celuloide. El film describe la tragedia que le toca vivir en Orense a una familia, los padres Ricardo y Elena, los hijos Elenita y Lorenzo, tras el final de la guerra. El padre es un hombre significado de izquierdas, se oculta en un escondite secreto de la casa familiar. La hija huye con su novio fuera de España (o eso pretende), así que Elena vive la ficción de ser una viuda con un niño. Mientras Salvador, diácono que tiene intención de ordenarse sacerdote, vive una cierta crisis después de los horrores que ha visto en el campo de batalla. Sus dudas vocacionales conviven y se alimentan con su obsesión lasciva por Elena desde el primer momento en que la ve. Firman el guión del film el fallecido Rafael Azcona y José Luis Cuerda, quien también dirige. Una vez planteada la situación, con la metáfora de "los girasoles ciegos", que alude al desconcierto de los personajes, el conjunto resulta tremendamente reiterativo, y muy poco creíble. Que nadie detecte los deseos lujuriosos de Salvador hacia Elena resulta complementa inverosímil, y que éste la siga por la calle como un tímido colegial, que cuenta “trolas” al superior del “cole” donde da clases, producirá sonrojo en cualquier espectador inteligente. Y ver a Ricardo blasfemando a grito pelado por la ventana, en un momento en que se viene abajo, resulta sencillamente patético. Muchos episodios se añaden al metraje sin que contribuyan a la progresión –los avatares de hija y novio, el registro nocturno…– y el gran drama que debiera ser el obligado encierro, en ningún momento parece tal. Con tal panorama, lo mejor del film es Maribel Verdú, que aguanta el tipo en un film que hace aguas por todas partes.  

2/10
Soy El Solitario

2008 | Soy El Solitario

Un hombre usa sus habilidades para atracar bancos. Es camaleónico. Cambia su estilo de vida después de cada robo y tiene una forma de llevar a cabo sus actos muy fría, de ahí el nombre de El Solitario. Miniserie inspirada en hechos reales sobre los delitos, la investigación y posterior detención de uno de los atracadores de bancos más famosos de España, de nombre Jaime Giménez Arbe. Los productores estuvieron asesorados por la Policía y la Guardia Civil. Protagonizan Pepo Oliva y Emilio Gutiérrez Caba, pero también están presente nombres de calado como Raúl Arévalo o Roberto Enríquez.

4/10
Tocar el cielo

2007 | Tocar el cielo

31 de diciembre. En Buenos Aires y Madrid, diversas personas interrelacionadas lanzan globos al aire con sus deseos de felicidad prendidos a los mismos (a falta de una visión trascendente, que permita la plegaria, ahí queda tan vacío rito), a ver que les depara el nuevo año. A partir de ese momento seguimos sus evoluciones, mientras tratamos de aclararnos acerca de los lazos que les unen. Por un lado, en Buenos Aires, están Amparo, española, que se casa con Santiago, sólo como un trámite que le facilite la adopción de un hijo, su sueño dorado. Al otro lado del charco está Pedro, intelectual de izquierdas, aunque no está muy claro a qué se dedica profesionalmente; vive con su hijo Fidel, que no es el "revolucionario" que habría deseado; tiene una muy buena amiga, Gloria, a la que van a diagnosticar un cáncer; y tontea con Elena, una amiga de Fidel, a la que ayuda a hacer un trabajo de literatura. Tras Elsa y Fred, el argentino Marcos Carnevale, sin renunciar a entregar un amor otoñal, trata de ofrecer una historia más compleja, con un zoo humano de personajes, con dificultades para manejar sus derroteros vitales, donde se quiere ofrecer un contraste entre la muerte y la vida, aunque ni una ni otra parecen tener demasiado sentido, salvo el de que hay que pasar por ellas. El film tiene interés sobre todo como espejo del desconcierto social de los países ricos; pues realmente no se entiende por qué Amparo no intenta vías más normales para realizar su maternidad, ni los infantiles motivos que llevan a Fidel a llevar una doble vida, ni las razones de Elena para quedar fascinada por el egoísta Pedro... A no ser el puro capricho... Aunque claro, justificar las debilidades argumentales en las debilidades de los individuos, que actúan dando palos de ciego, parece demasiado fácil. Hay demasiadas ideas "felices" (por así decir), como la del murciélago y el veterinario del zoo, o la avioneta que sirve para dar título al film (se supone), y poco más, deslavazadas... Faltan estructura sólida y personajes de hierro, y sobra sentimentalismo fácil, bañado de música "ad hoc".

3/10
Siete mesas de billar francés

2007 | Siete mesas de billar francés

Gracia Querejeta ha demostrado ya en su filmografía una capacidad de abordar historias y situaciones de interés humano. La película que nos ocupa no es perfecta, pero se mira con simpatía y está muy por encima de la media del cine español. Aunque es un drama, contiene muchos puntos de humor que la suavizan. Pero si uno trata de analizar con un poquito de rigor el guión de Gracia y de David Planell, hay demasiados excesos, lo que no ha impedido el premio al mejor guión en el Festival de San Sebastián. El crudo resumen del punto de partida –el mismo día que se le muere su padre, Ángela descubre que su marido policía es un corrupto, y encima tenía un hijo con otra mujer– suena a increíble culebrón. Quizá la virtud de la directora es “colar” esto y otros puntos, para llevarnos a la decisión de Ángela de trasladarse a Madrid con su hijo, y poner a punto el negocio en decadencia que regentaba su padre, un salón de billares; para revitalizar aquello Ángela decide formar un equipo de billar, que con sus esperados triunfos atraiga a los clientes. Lo integrarán viejos amigos de la familia, y ayuda a Ángela Charo, la mujer que vivía con su padre, a la que nunca llegó a proponer matrimonio. La película despliega una serie de personajes más o menos entrañables –Evelin, la empleada hondureña, Antonio, el dueño de una zapatería, enamorado de toda la vida de Charo, “El tuerto”, Jacinto y su sobrino Fele, el niño…–, y se aplica un esquema propicio para el enfoque “culebrón” y que viene “al pelo” en una película de billar: la jugada a tres bandas, la sombra del padre muerto rebota y afecta a las vidas de Ángela, Charo y Antonio. Un reparto ajustado hace el resto –están muy bien Maribel Verdú y Blanca Portillo, esta considera mejor actriz en San Sebastián–, una partida apañada, aunque se nota demasiado que lo del billar es una excusa, poco nos importan las habilidades de los personajes con el taco.

6/10
¿Por qué se frotan las patitas?

2006 | ¿Por qué se frotan las patitas?

Luis, un hombre de mediana edad, cena en Nochevieja con toda su familia. Poco después, su mujer desaparece sin dejar rastro, porque está harta de que no se la valore. Al mismo tiempo, Luis descubre que su madre y su hija, las otras mujeres de su vida, también le han abandonado por motivos desconocidos. Debut cinematográfico de Álvaro Begines, uno de los miembros del grupo humorístico-musical ‘No me pises que llevo chanclas’, esos que pusieron de moda la canción ‘Ay, que pena me da que se me ha muerto el canario’. Bejines copia al milímetro la fórmula de El otro lado de la cama, esto es, una trama ligera, tirando a ordinaria y chabacana, que sirve para enlazar números musicales, en que actores que no se dedican habitualmente a cantar interpretan famosas canciones de pop español. Si el film de Emilio Martínez-Lázaro tenía cierta frescura, a pesar de sus limitaciones, esta imitación de medio pelo hace aguas por todas partes. Las coreografías son pobres, y los actores cantando en playback dan vergüenza ajena. La trama se dispersa en multitud de personajes sin interés y algunas situaciones parecen sacadas de Torrente, el brazo tonto de la ley. Únicamente salva el tipo algún actor de categoría, como Lola Herrera y el omnipresente Antonio Dechent, en la decimocuarta película que ha rodado en el año 2006. Otros, francamente, hacen el ridículo, como Manuel Morón, ceceando y poniendo una voz extraña que no tiene ninguna gracia.

1/10
El camino de los ingleses

2006 | El camino de los ingleses

Versos sueltos de un poema nostálgico. Trazos impresionistas de un cuadro de la juventud que se fue. Hay que reconocer a Antonio Banderas director su capacidad de riesgo, a la hora de abordar una película ‘rara’, que para atraer al público, sólo tiene su popular nombre. El film, adaptación de una novela de Antonio Soler, transcurre durante un verano. Y aunque las coordenadas espaciotemporales no se definen con un explícito letrero, estamos en la querida Málaga de Banderas, a mediados de los años 70. Con la voz en off de un recién estrenado locutor de radio, que da a sus comentarios sobre el tiempo un tinte de poesía, seguimos el deambular de Miguelito. Éste es un joven al que acaban de extirpar un riñón, y en cuya estancia hospitalaria, gracias a las charlas con su compañero de habitación, ha descubierto que existe “otro mundo”, el de los sentimientos expresados a través del verso. Su primer amor, una joven con la que coincide en la piscina; sus problemáticos amigos y conocidos, con sus circunstancias, que incluyen un suicidio; la profesora, que le da otra visión de la literatura y las cuitas amorosas… Con estos elementos, típicos de las historias iniciáticas, agitados de modo singular en su coctelera, Banderas rememora lo que a la postre parecen, tamizados por la obra de Soler, sus recuerdos juveniles, su ingreso en la edad adulta y sus hasta entonces desconocidas posibilidades. Banderas director demuestra gusto en el encuadre (el arranque en la mesa de operaciones, sin ir más lejos), el montaje y el puntear de la música, aunque llega a hacerse cargante en la premiosa exposición. El tramo final del film, bellamente pasado por agua, es una buena muestra de sensibilidad. Pero pesa demasiado el limitado, limitadísimo horizonte vital de los personajes. Permitiendo una entrada excesiva al erotismo y al sexo sin compromiso –voyeurismo, prostitución, primeras experiencias, lecciones de alcoba…–, las posibilidades de la juventud quedan reducidas al mínimo. El nuevo mundo por descubrir sólo cabe intuirlo, pero Banderas no nos muestra, siquiera, la punta de ese gran iceberg.

6/10
Azul oscuro casi negro

2006 | Azul oscuro casi negro

Cuando su padre sufre un infarto cerebral, Jorge le sustituye como portero de un edificio, al tiempo que saca adelante sus estudios para ser economista. El hermano mayor, que está en la cárcel, le pedirá un extraño favor: el de dejar embarazada a una chica, también presa, de la que él se ha enamorado. Mientras tanto, el mejor amigo de Jorge sufre un trauma al descubrir que su padre mantiene relaciones sexuales con otro hombre. Primer largometraje del madrileño Daniel Sánchez Arévalo, que describe con eficacia una pluralidad de personajes. Aunque algunas subtramas son claramente fallidas, la emotiva historia de superación personal del protagonista es bastante destacable.

3/10
Cosas que hacen que la vida valga la pena

2004 | Cosas que hacen que la vida valga la pena

Incapaz de superar la ruptura con su esposa, Jorge sufre una depresión. Empieza a remontar cuando decide que “hoy puede ser un gran día” al ritmo de la canción de Serrat, y conoce en la oficina del paro a Hortensia, una divorciada de la que se enamora. Tras el fracaso de Desafinado, rodada en inglés, el director de Salsa rosa vuelve a la comedia “made in Spain”, a pesar de la amargura del tema central, el divorcio. Eduard Fernández y Ana Belén encarnan personajes muy cotidianos, frustrados, que se sienten como “restos de serie”. Menos mal que los secundarios le ponen humor a la cosa.

3/10
Los abajo firmantes

2003 | Los abajo firmantes

Un actor, recién llegado a una compañía de gira, propone leer un manifiesto contra la guerra de Irak. Oristrell improvisó con los protagonistas esta cinta sobre las protestas de los actores.

3/10
Compañeros

1998 | Compañeros | Serie TV

Un total de nueve temporadas, repartidas entre 1998 y 2002, se mantuvo esta serie en la televisión española. Fue una referencia en la pequeña pantalla, aunque sus comienzos fueron algo titubeantes. La trama, dirigida al público juvenil y familiar, se enmarca en el estilo de Al salir de clase, aunque era mucho menos frívola que ésta, y recogía las vicisitudes de varios compañeros en un instituto. La pandilla ofrecía momentos de gran diversión y también algunas lágrimas. Por la serie fueron apareciendo algunas caras que más tarde serían muy conocidas en el cine español, como Paz Vega, Juan José Ballesta o Alberto Jiménez.

4/10
Tarde para la ira

2016 | Tarde para la ira

Tras una persecución, a Curro le detiene la policía después de participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de prisión, dispuesto a redimirse y empezar una nueva vida. Pero se cruza con un desconocido, José, que despierta los fantasmas del pasado... Logrado debut como realizador de Raúl Arévalo, uno de los actores de moda del cine español, que logra imágenes sólidas y el ritmo vibrante con un punto de desaliño que requieren un thriller con hechuras realistas y duro dramatismo de estas características. Ello permite presagiarle un sólido futuro si continúa en esta línea siguiendo los pasos de Icíar Bollaín o Achero Mañas. A pesar de su inexperiencia, sorprende también como autor del guión junto al igualmente debutante en estas lides David Pulido, en torno a la espiral a la que conducen los deseos de venganza, y la dificultad de los presidiarios para reinsertarse. También construye unos personajes desfavorecidos bastante creíbles. Ayuda mucho a que estos resulten convincentes el buen reparto, encabezado por Antonio de la Torre, el otro intérprete en la cumbre del cine de la piel de toro, junto a Arévalo, junto al que terminó de consagrarse en Azul oscuro casi negro. Precisamente el punto fuerte del ahora realizador reside en su capacidad para escoger y dirigir a actores como Manolo Solo o Ruth Díaz, de los que saca buenos trabajos. 

6/10
Tarde para la ira

2016 | Tarde para la ira

Tras una persecución, a Curro le detiene la policía después de participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de prisión, dispuesto a redimirse y empezar una nueva vida. Pero se cruza con un desconocido, José, que despierta los fantasmas del pasado... Logrado debut como realizador de Raúl Arévalo, uno de los actores de moda del cine español, que logra imágenes sólidas y el ritmo vibrante con un punto de desaliño que requieren un thriller con hechuras realistas y duro dramatismo de estas características. Ello permite presagiarle un sólido futuro si continúa en esta línea siguiendo los pasos de Icíar Bollaín o Achero Mañas. A pesar de su inexperiencia, sorprende también como autor del guión junto al igualmente debutante en estas lides David Pulido, en torno a la espiral a la que conducen los deseos de venganza, y la dificultad de los presidiarios para reinsertarse. También construye unos personajes desfavorecidos bastante creíbles. Ayuda mucho a que estos resulten convincentes el buen reparto, encabezado por Antonio de la Torre, el otro intérprete en la cumbre del cine de la piel de toro, junto a Arévalo, junto al que terminó de consagrarse en Azul oscuro casi negro. Precisamente el punto fuerte del ahora realizador reside en su capacidad para escoger y dirigir a actores como Manolo Solo o Ruth Díaz, de los que saca buenos trabajos. 

6/10

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