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Notas de la película de Ken Loach, inspirada en la realidad de historias escuchadas en oficinas del paro y bancos de alimentos

Paul Laverty se explica: Lo que hay de cierto detrás de “Yo, Daniel Blake”

¿Es “Yo, Daniel Blake” una película exagerada, a la hora de denunciar la deshumanización burocrática de las prestaciones sociales por enfermedad y desempleo? Es evidente que Ken Loach, director, y Paul Laverty, guionista, tienen inquietudes sociales, son muy, muy combativos, y carecen de pelos en la lengua, pero...

Paul Laverty se explica: Lo que hay de cierto detrás de “Yo, Daniel Blake”

Pero las historias que han inspirado Yo, Daniel Blake, Palma de Oro en el último Festival de Cannes, tienen una base más que real, como explica detalladamente Paul Laverty en un amplio artículo escrito por él mismo, y que reproducimos a continuación.

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“Notas a propósito de Yo, Daniel Blake”, por Paul Laverty

A pesar de los rumores, Rebecca [O'Brien, productora] y yo sabíamos que Ken [Loach] no tardaría en querer hincarle el diente a algo nuevo después de Jimmy's Hall. Y así fue.

Era un atractivo cóctel que se convirtió en Yo, Daniel Blake.

laverty loach2Nos llamó la atención la campaña sistemática contra todos los que viven de las prestaciones sociales instigada por la prensa de derechas y una serie de venenosos programas de televisión. La mayoría era burda propaganda que se deleitaba de la forma más lasciva en la miseria de personajes patéticos. Y mucho mejor si tenían problemas de bebida, una señal inequívoca de que desperdiciaban el valioso dinero de los contribuyentes.

No es de extrañar que esto condujera a la más absoluta aberración. Se realizaron estudios que decían que una persona normal creía que más del 30% de los pagos de prestaciones sociales se solicitan de forma fraudulenta. La realidad es que es un 0,7%. No fue ninguna sorpresa descubrir que mucha gente que vive de las prestaciones sociales había sido insultada y atacada y un número considerable había sido objeto de violencia física.

Esta distorsión manipulada encajaba perfectamente con la narrativa de austeridad del Gobierno y los recortes sociales se convirtieron en un objetivo fundamental. ¿Quién no recuerda el discurso de Osborne sobre las "persianas bajadas" de las hordas de gandules que seguían durmiendo a primera hora de la mañana en el último congreso del partido conservador? Otro dato: sólo el 3% del presupuesto social se asigna al paro, mientras que los ancianos, los votantes preferidos de los conservadores, se llevan el 42% en pensiones.

Pero la chispa de esta historia surgió con una llamada que recibí de Ken para que visitara con él Nuneaton, donde transcurrió su infancia. Allí mantenía una estrecha relación con una ONG dedicada a las personas sin hogar. Conocimos a fantásticos trabajadores  y nos presentaron a algunos de los jóvenes con los que trabajaban. Un chico al que habían ayudado recientemente nos contó la historia de su vida. Nos impactó cuando mencionó de pasada el hambre y las  náuseas y mareos que sufría mientras intentaba trabajar (como es habitual, con contratos de cero horas en condiciones precarias).

Ken y yo escuchamos un montón de historias mientras viajábamos por el país. Los bancos de alimentos se convirtieron en una fuente inagotable de información. Nos llamó la atención que cuando hicimos Mi nombre es Joe o Felices dieciséis, o incluso películas anteriores de Ken, una de las grandes diferencias residía en el mundo nuevo de los bancos de alimentos.

A medida que fuimos conociendo nuevas historias vimos que en la actualidad, mucha gente tiene que escoger entre comida o calefacción. En Escocia coincidimos con un hombre formidable, con principios y muy sensato, desesperado por trabajar, que se negaba en redondo a hacer trabajos para desempleados y que había recibido un sinfín de sanciones del Ministerio de Trabajo y Pensiones. Nunca ponía la calefacción, sobrevivía con latas de comida barata de Lidl y casi se congela en febrero de 2015.

Hemos oído historias de "desalojos por venganza". Esto quiere decir que los inquilinos eran expulsados de sus hogares por tener la osadía de quejarse de las averías y de las malas condiciones de las viviendas. Nos dieron ejemplos de pobres a los que se trasladaba de Londres y a los que se ofrecía lugares donde vivir fuera de la capital, en una especie de operación de limpieza social. Y era imposible no recordar cuando Ken y sus compañeros hicieron Cathy Come Home hace unos 50 años, aunque era algo de lo que nunca hablamos.

blake8Como prueba de que los estereotipos no siempre valen, nos enteramos que muchos de los que acuden a los bancos de alimentos no son parados sino trabajadores pobres que no llegaban a fin de mes. Los contratos de cero horas causaban estragos en muchos de ellos. Les resultaba imposible planificar sus vidas con certeza y pasaban del trabajo irregular a la complejidad del sistema de prestaciones sociales.

Otro grupo importante con el que hablamos en los bancos de alimentos fueron los que habían sido sancionados por el Ministerio de Trabajo y Pensiones (DWP) (es decir, que dejaban de recibir prestaciones como castigo y la sanción podía durar entre un mes y tres años). Algunas de las historias eran tan surrealistas que si los incluíamos en el guión hubieran socavado nuestra credibilidad, como es el caso de un padre, que fue sancionado por asistir al nacimiento de su hijo o un pariente por asistir a un funeral, a pesar de informar al Ministerio de Trabajo y Pensiones sobre los motivos. Millones de personas han sido sancionadas y sus vidas y las de sus hijos arrojadas en manos de la desesperación por una simple decisión administrativa. A los delincuentes los tratan con más justicia, y las multas son a menudo menores de lo que pierden los solicitantes de prestaciones cuando reciben una sanción.

Esto nos llevó a otro grupo muy importante de personas que arriesgaron sus puestos de trabajo para ayudarnos. Los trabajadores del Ministerio de Trabajo y Pensiones que nos hablaron de forma anónima estaban muy enfadados porque les obligaban a aplicar sanciones. Uno de los trabajadores de una Oficina de Empleo me enseñó una copia impresa que mostraba el número de sanciones que él y sus colegas habían impuesto, junto con una carta de presentación de su jefe, indicando que sólo tres "orientadores de empleo" habían impuesto suficientes sanciones el mes anterior. Si no se imponían más sanciones se les amenazaba con el PIP, "Plan de Mejora Personal", que suena muy orwelliano. Me voy a permitir dirigirme personalmente a esos jefes del Ministerio de Trabajo y Pensiones y a sus superiores políticos que han tenido que declarar en los Parlamentos del Reino Unido y de Escocia que no hay objetivos en el número de sanciones: "Sois unos mentirosos compulsivos que os escudáis detrás de la jerga legal, y vuestros trabajadores lo saben". Puede que no hubiera cifras concretas pero está claro que se les forzó a disfrazar los números.

Comida. Calefacción. Vivienda. Lo más básico y desde tiempo inmemorial. Sabíamos en nuestro interior que esta película tenía que ser dura. Elemental.

Había un sinfín de posibilidades. Los personajes podían parecerse a los jóvenes de Nuneaton que pasan de ser personas sin hogar a trabajadores con contratos de cero horas. Podrían haber sido discapacitados, como nos contaron los expertos en discapacitados que habían sufrido como media seis veces más recortes del gobierno que cualquier otro grupo, un escándalo de proporciones gigantescas. Como resultado, muchos de esos sancionados han sufrido depresiones y otras enfermedades mentales. En las memorables palabras de un funcionario, los blancos fáciles eran "fruta madura", que bien podría ser el título de una conmovedora balada de Billie Holiday.

El mundo de las prestaciones sociales es tremendamente complicado y cambia continuamente, sobre todo con el Crédito Universal que agrupa en una sola prestación varias de las prestaciones y ayudas que existen en la actualidad. Nos llevó bastante tiempo comprenderlo. Sin embargo, otro grupo que nos llamó la atención fue el formado por hombres y mujeres enfermos o heridos que habían solicitado el Employment Support Allowance (subsidio por incapacidad). Las evaluaciones médicas para recibir este subsidio se habían subcontratado con una empresa francesa que a su vez lo había hecho con una multinacional estadounidense tras una serie de escándalos. Las historias que escuchamos, y las prácticas que nos contaron, fueron legión. Un médico joven me dijo furioso que uno de sus pacientes se estaba muriendo de cáncer. Apenas podía caminar pero le consideraron "apto para trabajar". Un día se cayó en su casa y se cortó en la cabeza. Llamaron a una ambulancia pero se negó a que se lo llevaran porque al día siguiente debía sellar la cartilla en la Oficina de Empleo y tenía miedo a quedarse sin prestaciones por culpa de una sanción. Murió tres meses después. ¡Qué humillación innecesaria recibió este anciano en los últimos días de su vida!

Todas estas personas que se consideran aptas para trabajar se ven obligadas a pasar 35 horas por semana buscando un empleo. En algunas zonas del país había hasta 40 personas para cada puesto de trabajo anunciado. Un profesor me informó de que en el transcurso del último gobierno hubo una variación de 2,5 a 5 solicitantes para cada puesto de trabajo anunciado. Me vino a la mente Sísifo.

daniel blakeDaniel Blake y Katie Morgan no se basan en nadie que hayamos conocido. Los guiones no se pueden copiar y trasladar del banco de alimentos o de la cola del paro. Dan y Katie son totalmente ficticios pero llevan algo de todo lo que he contado anteriormente y mucho más. Se inspiraron en los cientos de hombres y mujeres decentes así como en sus hijos y que quisieron compartir sus historias íntimas con nosotros. Caras de personas inteligentes y sensatas me vienen a la mente, gente asustada, personas mayores angustiadas por la complejidad del sistema y las nuevas tecnologías, (muchos empleados de la Oficina de Empleo nos contaron que les hubiera gustado ayudar a más gente pero los jefes se lo impedían por temor a aumentar las cifras), jóvenes que habían perdido la esperanza demasiado pronto, y que recuerdo temblando de ansiedad cuando intentaban contar su situación, y muchos haciendo todo lo posible por conservar la dignidad atrapados en algo llamado prestaciones sociales cuando tenia todas las características del purgatorio. Y sí, os lo digo a vosotros, productores oportunistas y santurrones de programas de televisión que avivan el odio y promueven la ignorancia, había algunos borrachos y adictos con vidas caóticas y tatuajes espantosos.

El Estado siempre ha tenido una vena malvada a la hora de tratar a los más vulnerables. Nos basta recordar las fábricas del siglo XIX en las que se separaba a las madres y padres de los hijos para aplicar la dosis justa de crueldad.

El Reverendo Joseph Townsend, un vicario del siglo XVIII lo resumía así: "El hambre domesticará a los animales más feroces. Enseñará decencia y civismo, obediencia y sometimiento... Sólo el hambre puede espolear y animar a los pobres a trabajar". 

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