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Así va a afectar el coronavirus a las películas y series de televisión

El cine del futuro (II)

(Ilustración: @noazabal.art) Desde que se inventó la televisión, las salas de cine han visto las orejas al lobo del cine en casa. Hubo que reinventarse, con formatos de pantalla espectaculares y la presentación del hecho de ir al cine como un acto social. Lo que sirvió para aguantar el tipo ante la tele, los reproductores de VHS, DVD y BD, e incluso el streaming, lo ha tumbado un bichejo al que Trump llama “el enemigo invisible”, el onmipresente coronavirus o Covid-19.

El cine del futuro (II)

Nunca se había visto antes nada igual. Todos los cines de un país, cerrados a cal y canto. Ha ocurrido en España y en la mayor parte del resto del mundo, con contadas excepciones exóticas, como los autocines de Estados Unidos. La salud es lo primero, todos lo hemos entendido. Pero es que además, la situación no suponía renunciar a ver películas. Es más, quizá no se haya consumido nunca tanto cine, como en estas semanas de confinamiento obligatorio. Imposible tener cifras de las películas vistas en este tiempo, pero cualquiera que tuviera acceso a internet o un almacén de títulos esperando ocasión propicia para ser vistos, ha aprovechado. Dudo que haya muchas personas que puedan decir “pues chico, mujer, lo que sea, yo estos días no he visto ninguna película, no me interesa”, el que esté en disposición de hacerlo sería poco menos que un extraterrestre.

Son tiempos de gran incertidumbre. La pregunta del millón en esta tesitura, que se hacen sobre todo los exhibidores, pero en general cualquier productor y distribuidor que no quiere perder los ingresos de la primera ventana de explotación de las películas es: ¿Cómo será el regreso a la normalidad, por llamarla de algún modo? ¿Tendrá la gente ganas de ver cine en una sala? ¿Dominará el miedo? ¿Pensará el potencial espectador que para ver algo que puedo visionar en mi casa, no merece la pena exponerme a virus letales? Porque sí, a diferencia de otros espectáculos públicos, como pueden ser un concierto o un partido de fútbol, alguno puede pensar que en lo relativo al cine, con la experiencia doméstica en su casita le basta.

Como mínimo, habrá un período de transición más o menos largo hasta una normalidad, que puede que no sea nunca la normalidad que conocíamos hasta ahora. Podemos imaginar a la gente haciendo cola en la taquilla, guardando la distancia social, o que se imponga la obligatoriedad de adquirir las entradas previamente por internet. También cabe imaginar que habrá que dejar muchas butacas vacías, para que durante el visionado de una película se guarde la distancia de seguridad para evitar contagios. Antes del estado de alarma, ya se había decretado en salas de cine que no se superara un tercio de su aforo. Quién sabe lo que ocurrirá cuando vuelva la anhelada “normalidad”.

Las salas, como ha hecho el “adelantado” Antonio Banderas con su teatro malagueño, deberán tranquilizar al público asegurando un desinfectado diario y aun entre sesiones, y la oferta de mascarillas, más spots previos a la película recomendando su uso aunque estés sano o tu tosecilla se deba a una alergia primaveral de toda la vida, y no al Covid-19. Las colas en los baños pueden resultar molestas, y las palomitas nos las entregarán con guantes, y plastificadas, quién sabe.

Los hábitos de streaming adquiridos durante el confinamiento juegan en contra de las salas de cine. Además, después del encierro, y con el buen tiempo, es de imaginar que el común de los mortales querrá tomar el aire, que le dé el sol, hacer deporte, moverse. Las actividades sedentarias tendrán un retroceso. De acuerdo, todo es coyuntural, y al final se deberían recobrar unos hábitos parecidos a la pandemia. Pero claro, esto podrá ser si de verdad nos sentimos seguros, con una vacuna y preparados para los virus del futuro. Pero entre tanto, el miedo persistirá, y algunas actividades tan placenteras como la colectiva de ver cine en una sala a oscuras ante una gran pantalla y rodeado de extraños, se verán afectadas. Y nadie puede predecir si la situación revertirá, pero entre tanto el negocio de la exhibición va a sufrir y necesitará apoyos: públicos, y del público amante del cine.

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