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Rodar en Bagdad

El rodaje de una película siempre es una tarea harto difícil. Implica a un montón de personas, hay que cumplir un calendario de rodaje, pueden surgir mil detalles que dificultan la paz necesaria para que el director y su equipo rueden a pleno rendimiento creativo. Así las cosas, puede entenderse el mérito de Mohamed Al Daradji por haber realizado Ahlaam en plena guerra de Irak.

Rodar en Bagdad

Rodar esta película ha debido ser como una carrera de obstáculos, en que hay que sortear mil y un problemas.

Pues sí, y lo primero que tengo que hacer es pedir perdón por ofrecer una película tan fuerte, tan dura, pero es que la realidad de Irak es así. Realmente sólo el hecho de plantearse el hacer una película en Irak es ya un problema. Por un lado no hay cultura de cine en mi país, entre 1991 y 2003 no se han hecho películas. Luego está el problema de la seguridad durante el rodaje, y no sólo de la seguridad, sino del puro sentirte seguro. De algún modo no puedes dejar de ignorar que en cualquier momento te puedes morir, puedes sufrir tortura, los americanos pueden ponerse nervioso… Y con ese panorama, debes seguir adelante.

En Irak no había cámaras para rodar en 35 milímetros. Sólo había una, y encima se nos rompió a mitad de rodaje, lo que nos obligó a estar tres semanas parados mientras la arreglaban en Siria. También hay problema para tener película, no hay stock, y además por el tipo de material que es resulta problemático, pues puede usarse como arma química, lo que nos obligó a superar un montón de controles. Y había dificultades con el suministro eléctrico.

Otro problema fue el casting, hasta el punto de que empezamos a rodar sin tener a la actriz principal, que hace el papel de Ahlaam. Nadie quería actuar, por el peligro del rodaje, y también por la delicada escena de la violación. Al final encontramos a Aseel Adel, que aceptó trabajar con nosotros bajo tres condiciones: que ella reescribiría la escena de la violación, que el papel del violador lo haría su auténtico marido, y que podría tener a su bebé cerca durante el rodaje.

Me gustaría saber cómo ideó el guión, si hubo margen para la improvisación, si ha quedado tal y como lo había pensado…

Varios elementos influyeron en el libreto. Por un lado, un día caminando por Bagdad me encontré con un grupo de locos por la calle, que habían escapado del centro donde estaban, y colaboré en devolverlos a su sitio. También visioné un reportaje de la BBC que mostraba la situación de un centro psiquiátrico en Bagdad, y había un personaje muy parecido a Ahlaam. De modo que se puede decir que en el resultado final hay un 40% de realidad y un 60% de ficción.

Por otro lado, una vez terminado de escribir el guión vi que era imposible meter todo lo que había escrito en la película. Yo diría que aparece un 60%. Por otro lado se daba como una especie de interferencia mutua entre la realidad y lo que tenía escrito, de modo que una influía en lo otro.

Estos días en que se cumplen 5 años de la intervención americana en Irak, hay quien dice que la situación está mejorando claramente. ¿Usted qué opina?

Bueno, tengo que decir claramente que la situación no es buena. Falta seguridad en las calles. Entiendo que los americanos digan que las cosas están mucho mejor, y si yo fuera americano seguramente diría lo mismo, pero… Es verdad que las cosas han mejorado con respecto a hace dos años, pero… Por ejemplo, cuando vuelva a Irak, desde al aeropuerto de Bagdad a mi casa deberá pasar por 25 puntos de control de seguidad. Una rueda de prensa como ésta, con micrófonos, y tranquilidad… Sería impensable que se celebrara. Y pese a todo tengo esperanza, estoy seguro de que vendrá un tiempo y un mundo mejor, soy optimista…

Muchos piensa que uno de los grandes errores de Estados Unidos en Irak fue desmontar el ejército, al que identificaban con Saddam.

Estoy de acuerdo, fue un error desarmar al ejército, porque no era el ejército de Saddam, igual que el ejército español no es el ejército del presidente del gobierno, eso es un simplismo. La gran pena de la invasión de Estados Unidos es que no tenían ningún plan para el día después. Y se dio la ironía de que muchos soldados del ejército regular se pasaron a los insurgentes, no por razones políticas, sino por simples razones de subsistencias, para poder llevar dinero a casa.

Dice que se ve optimista, pero su película pinta un país desastroso durante el gobierno de Saddam, y las cosas tras la invasión casi empeoran…

De verdad que pienso que mi película es optimista, aunque entiendo que sea difícil de aceptar. A mí me parece que la gente sueña en la película con tiempos mejores, y el plano final de Ahlaam en la azotea, son una sonrisa, con una magnífica vista de Bagdad sin el humo del fragor del combate, va en esa dirección de esperanza, de un futuro en paz.

Yo entiendo que sus abuelos, después de la guerra civil española, verían las cosas muy difíciles, y en parte serían imposible imaginar un futuro esperanzador, y sin embargo han mejorado mucho las cosas desde entonces. La vida es así, hay que confiar.

Para hablar de esto me gusta usar la imagen de una casa que se quema. Esa casa está asegurada, y es posible su reconstrucción. Lo que resulta imposible reconstruir son las fotos que allí había, los recuerdos, la memoria. Eso sólo el tiempo lo puede curar. Para mí la compañía aseguradora es la comunidad internacional, y deberá pasar mucho tiempo para que las cosas mejoren.

Habla de su película con mucho cariño…

Claro, tiene un montón de historia, y está sembrada la trama de cosas pequeñas, detalles sutiles, que hablan de la caída de Bagdad, la enfermedad de garganta de los niños… Trabajé a fondo con los actores, haciendo talleres de interpretación con ellos.

Ahlaam nunca habia actuado en cine. Alí en la vida real es un periodista. Y su personaje en un momento simboliza el auténtico Irak, singularmente cuando va sin ropa y un anciano le presta su chaqueta del ejército de antaño. No he pretendido hacer un film de propaganda.

¿Se hace mucho cine en Irak?

Muy poco, más que un movimiento, hay individuos que hacemos cine, y que somos amigos. Hay que pensar que en un país de 28 millones de habitantes hay 18 salas, y que no están preparadas para proyectar en 35 milímetros en muchos casos, sino que se hace en DVD. En Irak hay una escuela de cine que funciona bien, yo inicialmente estudié allí, pero completé mi formación en Holanda y Gran Bretaña. El rodaje de mi película de alguna forma fue como una escuela en vivo para el resto del equipo, pues yo era el único que tenía alguna experiencia previa de filmación.

¿Hay comunicación en cine con el vecino Irán?

Es complicado que se produzca esa relación con Irán, porque es un cine con mucha intervención gubernamental, y por razones políticas, incluido el punto de vista de los estadounidenses, no puede ser.

¿Se ha podido ver su película en Irak?

La película se ha estrenado en muchos países, y ha tenido buena acogida en África e India. En Irak tardó un poco más en estrenarse por razones de seguridad, y también porque la actriz protagonista lo prefería así. Pero dio su consentimiento, e hicimos dos proyecciones con gran asistencia de público. Al primer pase acudieron 1.400 personas, y aunque explotó una bomba cerca la gente decidió continuar con el visionado. Y al segundo aún más gente; en esta ocasión se interrumpió la proyección por un aviso de bomba; la cosa estuvo parada un par de horas, pero la gente se quedó, decían que había riesgos en cualquier parte, así que… Para mí fue especialmente emocionante ver la película con mis paisanos.

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