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Ambigüedad húngara y argentina

Después de una serie de proyecciones que obtenían un claro éxito, tanto entre la crítica como entre el público, entramos en una zona de obras más complejas en las que la nota de ambigüedad es dominante.

Ambigüedad húngara y argentina

Pertenecen a cinematografías menores y representan, en estilos completamente diferentes, las nuevas generaciones de cineastas. Todo ello en espera de la presentación de la película sobre Che Guevara de Steven Soderbergh, que con sus cuatro horas y media de duración ha obligado a cambios de horarios a los que Cannes no está habitualmente acostumbrado.

"Delta", el tema tabú del incesto

El director húngaro Kornél Mundruczó,  ya presente en Cannes en 2005, en la sección Un certain Regard, con Johanna, viene esta vez en competición con una película que podría desencadenar la polémica al abordar el tema del incesto. Sin embargo, la forma de abordar este tema evita toda provocación, incluso el director afirma que el incesto no es el tema central de su película, que toma su nombre del lugar de la acción, el delta del Danubio ya en Rumania.

Cuando la película comienza, un joven silencioso, sin nombre pero interpretado por el compositor Félix Lajkó, que firma la música de la película, vuelve a su pueblo en el delta del Danubio. Conoce así a su hermana, nacida durante su ausencia. Los dos hermanos se consagran a la construcción de una casa en la que desean instalarse, en las márgenes del río. Es en este ambiente bucólico, casi sin palabras, donde se instala una relación amorosa,  apenas evocada en las imágenes. Con todo, como en una tragedia antigua, la situación engendra la desaprobación de los habitantes del pueblo, que pronto comienzan a manifestar su agresividad. La hermana es víctima de un intento de violación.

El estilo de Kornél Mundruczó es de una gran sobriedad, los diálogos solamente los indispensables, la violencia es rodada siempre a distancia. Pero, naturalmente, dada la intención del autor, la pareja formada por los hermanos es mostrada de forma idílica, como una especie de retorno al paraíso perdido. La reprobación de Mundruczó recae sobre los habitantes del pueblo que piensan resolver por la violencia el problema que la pareja plantea. Todo ello es acompañado de intermedios poéticos en las que la belleza de la naturaleza es determinante. No puede decirse, sin embargo, que la película haya convencido a los críticos y a los espectadores de Cannes y cabe preguntarse si la presencia en la competición estaba justificada.

"La mujer sin cabeza", de Martel

La ambigüedad sería también la nota dominante de La mujer sin cabeza, tercera película de Lucrecia Martel, que ya había venido a Cannes en competición con La niña santa en 2004 y que había formado parte del Jurado el año siguiente. La directora argentina forma ya parte de los autores que Cannes ha inscrito en la lista de sus preferidos.

La ambigüedad esta vez no se refiere al fondo, sino a la forma del relato. La  película comienza con la imagen de una mujer madura, Verónica (María Onetto), que conduce su automóvil. Una fuerte sacudida es el signo de que acaba de atropellar a algo. La cámara se aleja y no se distingue a ciencia cierta la naturaleza del objeto que queda en la carretera. Una encuesta a la salida de la proyección deja también flotar la duda, si la mayoría afirma que se trata de un perro, otros han creído ver un hombre. En todo caso, estamos ante una situación “antoniana” en la que los hechos admiten varias interpretaciones. Verónica experimenta un fuerte sentido de responsabilidad por que su reacción ha sido la de continuar su camino sin querer comprobar sobre qué había pasado su coche. Su marido la tranquiliza y le habla de un perro, pero al mismo tiempo trata de borrar todas las trazas del accidente, incluso retira las radiografías que Verónica se había hecho para comprobar que el accidente no había tenido consecuencias. Al mismo tiempo, la prensa habla del cadáver de un muchacho encontrado en un regato cerca de la carretera. Durante toda la película el espectador desea explicaciones, pero sólo obtiene indicios. Lucrecia Martel afirma tener de vez en cuando pesadillas en las que piensa haber matado a alguien; en la zona del sueño es siempre difícil establecer un limite claro entre el sueño y la realidad. En su última película, la directora práctica una fórmula de intriga psicológica de la que el cine moderno usa y abusa. Quizá a causa de ello la reacción del público y de la crítica ha sido fría, como si la esperada explicación que nunca llega cristalizara en simple frustración.

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