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Cannes 2009: Amenábar desembarca con "Agora"

Alejandro Amenábar presentó con Ágora lo que bien podría denominarse el nuevo y posmoderno “cine de romanos”. Mientras que el hongkonés Johnnie To servía su habitual ensalada de tiros en Venganza (2009), y el cine filipino era representado con la sórdida historia de Kinatay.

Cannes 2009: Amenábar desembarca con "Agora"

Venganza (2009), de Johnnie To, con Johnny Hallyday de protagonista, era una de las películas más esperadas de Cannes. La idea de ver al cantante francés enviado a China, para hacer un viaje de Macao a Hong Kong, despertaba una lógica curiosidad. En realidad la película, de la que se conocía el hilo conductor de antemano, no presenta ninguna sorpresa. Se trata de una producción francochina que podrá ser explotada en Francia gracias a la popularidad de Hallyday, y en Oriente gracias al prestigio de Johnnie To. El tema, ya incluido en su título, es simple. Un francés, Costello, cuyo nombre evoca un contenido mafioso, se traslada a Macao: su yerno y sus dos hijos han sido asesinados, mientras que hija, que ha sobrevivido, se encuentra en estado grave. Con su ayuda, Costello debe seguir la pista de los tres asesinos. Para ello recurre a su experiencia, pues veinte años atrás fue un asesino a sueldo. Así que comienza por contratar a tres colegas de la nueva generación, que van a conducirle a Hong Kong. El resto es fácil de adivinar, se trata de una larga serie de secuencias de tiroteos, realizadas con la maestría reconocida a Johnnie To, en la que resulta siempre admirable que los centenares de balas disparadas tarden tanto tiempo en encontrar a sus victimas. Venganza aparece así como un brillante ejercicio de estilo, avalado por numerosas astucias de la puesta en escena -por ejemplo hacer rodar una bicicleta a fuerza de disparos-, que son la marca distintiva del director de Hong Kong.

Una visión deprimente de Filipinas

Alguien se lamentaba, después de la proyección de Kinatay de Brillante Mendoza, de la visión de la vida filipina que nos llega a Cannes, teniendo en cuenta que Servis, también de Mendoza, fue presentada en el festival el año pasado. En efecto, después del espectáculo de un cine, cita de homosexuales, Brillante nos presenta su versión del horror, a través de un grupo de policías corruptos. El resumen del guión es sumamente sencillo. Sin que se nos expliquen las razones, un grupo de cuatro policías detienen a una prostituta, a la que conducen a una casa de campo. Allí, después de abusar sexualmente de ella, la matan y la descuartizan a machetazos, y hacen paquetes de sus restos que depositan luego en diversos lugares. De toda esta brutal escena es testigo un alumno de la escuela de policías, reclutado para que conozca bien el oficio. Como la película es larga y una buena parte transcurre en una penumbra cercada de la oscuridad, no es de extrañar que el ejercicio sea, no solo terriblemente penoso, sino también muy aburrido. Detrás de esta trama hay una red de droga y prostitución, de la que nunca se darán datos más precisos, y un engaño de los policías corruptos que con su macabro proceder crean un falso “serial-killer” psicópata.

La leccion de historia religiosa de Ágora

De las primeras reacciones tras la proyección de Ágora, puede concluirse que la película ha provocado una mezcla de admiración y desconcierto. Presentada en la Sala Lumière, la nueva obra de Alejandro Amenábar recibía todos los honores que el Festival puede hacer a una película fuera de concurso. La proyección ha sido seguida con atención, y los aplausos han dominado frente a algunos escasos silbidos de protesta. En primer lugar, Ágora produce admiración por la belleza y la magnificencia de los decorados y del vestuario. En cierto sentido, Amenábar reactualiza las “películas de romanos”, con un cuidado perfecto de la parte visual. En la rueda de prensa que ha seguido, se insistía en el esfuerzo de la producción para crear en “duro” Alejandría, recurriendo al color que ornaba los monumentos antiguos. Amenábar insistía en el esfuerzo de documentación sobre la época, pero al mismo tiempo reconociendo que existía una escasa documentación sobre el personaje de Hypatia, y que sus trabajos científicos se han perdidos. Al añadir ciertos personajes, como el del esclavo Davus (Max Minghella), que juega un papel importante en la acción, Amenábar admite una parte de ficción en su historia. Ésta transcurre en el siglo IV de nuestra era, en la ciudad de Alejandría bajo dominación romana, donde se enfrentan un cristianismo cada vez más poderoso frente a los cultos paganos en plena decadencia. En tal contexto el personaje central, Hypatia, es una mujer tolerante, dedicada a la ciencia, que será víctima de los extremistas cristianos que han terminado por imponerse en el país.

Es la cuestión religiosa la que produce perplejidad, y por ello ha acaparado la atención de las preguntas: sobre las creencias de Amenábar, las intenciones de la película en este terreno, la significación actual del conflicto presentado. El autor de Los otros ha repetido lo ya dicho otras veces: que no tiene fe, y ello aunque ha sido educado en la religión católica. Su película no sería anticristiana, como algunos pretenden, sino que podría también decirse que es una película cristiana, al atacar ciertos excesos. En fin, lo que sí ha afirmado claramente es su “condena de todos los fundamentalismos”. Por ello ha admitido que la milicia cristiana que aparece en la película podría evocar a los talibanes. También se le ha preguntado si hacer de la protagonista una mujer atea no era una interpretación personal. La respuesta ha sido que Hypatia no era cristiana, aunque entre sus amigos había cristianos, y que su verdadera religión era la ciencia.

Todas estas respuestas no disipan claramente el sentido de la película. Y existen además ciertos elementos, como el antisemitismo reprochado a los cristianos, que será causa indudable de polémica. Su defensa racionalista de la ciencia y de la tolerancia, que encarna la protagonista de la historia, se manifiesta en una situación histórica sumamente compleja que será difícil que el público sin formación histórica pueda comprender. De ahí que la perplejidad sea la reacción dominante ante esta película.

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