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SIN ESPECIFICAR

El Papa abrumado de Nanni Moretti

Después de La misa ha terminado (1985), Nanni Moretti retoma a personajes de tipo religioso, pasa así de un sacerdote, que interpretaba él mismo, a nada menos que a un Papa, cuya interpretación ha confiado a Michel Piccoli. Como su última película, El caimán, era un ataque en toda regla a Silvio Berlusconi, podía pensarse que la sátira sería la nota dominante de Habemus Papam. Los medios vaticanos lo temían, pero la visión de la película, tanto en Roma como en Cannes, disipaba este temor. Si bien la negativa de permitir rodar en el Vaticano se confirmaba, Moretti ha podido utilizar el abundante material fílmico de las ceremonias en la plaza de San Pedro, en particular de los funerales de Juan Pablo II. Ciertamente ha debido construir en decorados la capilla Sixtina para rodar las escenas del cónclave, en las que asegura haber respetado a la letra el ceremonial.

La película cuenta, después de la muerte de un Papa, la elección del siguiente. Para el contenido del cónclave el cineasta asegura haber recurrido a su imaginación, pero incluso si el humor domina, nunca se hace en términos desagradables. Y si los que aspiran al poder son discretamente evocados, se ve que la mayoría de los participantes ruegan a Dios que les aparte de una tal responsabilidad.

La película entra en su fase de fantasía cuando el Cardenal Melville (Michel Piccoli) no es capaz de presentarse ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. La Iglesia entra en un periodo difícil, pues el nombre del elegido no puede ser anunciado y en consecuencia el cónclave entra en un periodo de espera. Como el nuevo Papa quizá es víctima de una depresión, se llama a un psiquiatra (que interpreta el propio Moretti), y que finalmente es objeto de las críticas más acerbas del cineasta. Mientras tanto el Papa sale de incognito del Vaticano y se mezcla con la gente ordinaria. No hay aquí ningún episodio de crítica al Pontificado, ningún tema espinoso es evocado, solamente el cardenal Melville, aficionado al teatro, encuentra una compañía de teatro que monta una obra de Chejov. Entretanto -es la parte más paródica de la película-, el psiquiatra ha organizado un torneo deportivo entre zonas del mundo para entretener a los cardenales.

La película deja una impresión amable, cordial, incluso si un detalle u otro pueda resultar chocante. No anuncia, por parte de Moretti, como algunos han dicho, el fin del cristianismo. Al contrario, las muchedumbres son numerosas delante del Vaticano y que un cardenal no se sienta con fuerzas de cumplir su misión no tiene nada de escandaloso. Finalmente la crítica que puede merecer la película es la de su razón de ser: o sea el abordar con demasiada ligereza un asunto -el pontificado de Juan Pablo II lo ha demostrados- que en cualquier caso tiene una importancia capital en la vida del mundo.

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