El invierno se ha ido. Llega la primavera, y con ella las lluvias de abril, los días más largos y cómo no, la nueva temporada de Juego de tronos. Este año prometía porque por primera vez los capítulos han sobrepasado a los libros, así que lo que los guionistas pueden ir a su aire, sin lastres pesados. Pero algo huele a podrido en Desembarco del Rey. Acaba de emitirse el primer episodio, por lo que aún es pronto para juzgar nada, aunque no puedo evitar constatar que la serie de HBO está más muerta que Ned Stark.
(Atención, detalles de la trama, no lo leas si no has visto el capítulo). El primer episodio del año se titula “La mujer roja”, lo que alude a Melissandre, la bruja de buen ver (no en vano la interpreta la deslumbrante Carice van Houten). Pero resulta que todo es apariencia, pues el gran golpe de efecto final de esta entrega consiste en que cuando se quita el collar para irse a la cama, resulta ser una vieja caduca.
La imagen de la señora decrépita sirve como metáfora del estado actual de la serie, que a simple vista también puede parecer que goza de vitalidad, pero que por debajo está ya bastante achacosa. Porque a los guionistas les han dicho que se queden ‘quietos paraos’. “Por favor, queremos mantener la serie en emisión, como reclamo para que la gente se suscriba a HBO. Así que no vale avanzar y que se resuelva nada”.
¿Sigue habiendo asesinatos horribles, lo que supone la seña de identidad de esta ficción audiovisual? Pues sí, en este episodio mueren muchos personajes… Pero dornienses, a los que les han dedicado tan poca atención, que da igual que la diñen o que se vayan de vinos, aprovechando que en realidad las secuencias de este reino se ruedan en Andalucía. “Ningún hombre débil volverá a regir en Dorne”, dicen las Serpientes de Arena, que toman el poder con acciones violentas pero, ¿a quién le importa esta subtrama?
¿Fallecerá también de forma inesperada algún personaje bondadoso, como es habitual? Puede que la pobre Samsa Stark, pues aparte de llevar el apellido equivocado, ha pasado a ser protegida de Brienne de Tark, uno de los personajes que caen mejor, pero que tiene un pequeño problema… ¡es un poco gafe! Se supone que velaba por la integridad de Catelyn Tuly (madre de la chica), y de Renly, y ambos pasaron a mejor vida. “No, muchas gracias, es un bonito detalle, pero mejor no me protejas”, tendría que haberle dicho.
Pero vamos al grano. ¿Hacía dónde debería ir la serie? Exacto, se supone que Daenerys ha reclutado un ejército para invadir Poniente. Pero pasan las temporadas y siempre encuentran excusas para que la rubia no se mueva. ¡Vaya por Dios! Esta vez resulta que la ha secuestrado Khal Moro, recambio de última hora para el añorado Khal Drogo. Total, que se ve que la mujer va a estar liada y no podrá iniciar ninguna guerra.
En su ausencia ha dejado a Tyrion y Varys, al frente de Mereen. Pues bien, resulta que éstos tampoco pueden iniciar las hostilidades porque… ¡los hijos de la Arpía han quemado todos sus barcos! Ya es casualidad. Se ve que el Destino no quiere que nadie mueva ficha.
Para colmo de males, los episodios duran 46 minutos, en lugar de los cincuenta y tantos acostumbrados. Porque así se ahorran ideas (ya no tienen muchas, conviene dosificarlas). Y los creadores de la serie, David Benioff y D.B. Weiss, ya se han apresurado a pactar con HBO que las próximas temporadas (se supone que otras dos y ya se acabará todo) sean más cortas. Buff, estamos intentando ganar tiempo...
