Hollywood, ese ecosistema donde abundan los egos, los filtros de Instagram y los contratos con letra pequeña, se ha visto sacudido este fin de semana por una amenaza inesperada: no una huelga, no un reboot de Crepúsculo, sino… una actriz hecha de ceros y unos.
Se llama Tilly Norwood, y aunque no necesita maquillaje, camerino ni catering vegano sin gluten, ya ha provocado un drama digno de telenovela. Su creadora, la actriz y productora Eline Van der Velden, ha explicado en Instagram que Norwood “no es una sustituta de los humanos, sino una obra de arte, un nuevo pincel para pintar historias”. Vamos, que si Chaplin levantara la cabeza, quizá le diría: “Gracias por el consejo, Van Gogh”.
Lo cierto es que agentes de talento ya han olido negocio y están rondando a Tilly Norwood como moscas a una lámpara azul. Una lámpara que, por cierto, nunca se equivoca de marca en el set y jamás llega tarde porque, sorpresa, vive en la nube.
La indignación no se ha hecho esperar. Melissa Barrera clamó en redes: “Qué asco”, frase que parece escrita por alguien con mucho enfado. Kiersey Clemons pidió nombres de los agentes traidores. Mara Wilson, con la lógica de siempre, preguntó: “¿Y qué pasa con las mujeres de carne y hueso cuyas caras habéis usado para fabricarla? ¿No os valía ninguna?”.
Pero el premio a la ocurrencia del día se lo llevó Lukas Gage, que aseguró que Norwood es “una pesadilla para trabajar”, que “no daba con su marca” y que “siempre llegaba tarde”. Chiste fino, porque en Hollywood nada ofende más que un colega impuntual. Toni Collette, por su parte, reaccionó con emojis de gritos, confirmando que a veces una imagen vale más que mil discursos sindicales.
La polémica ha sido tan grande que ya circula una cuenta parodia de la actriz digital. Porque si algo nos enseña internet es que nadie está a salvo de un meme, ni siquiera un holograma.
Próxima parada: ¿Oscar virtual?
Van der Velden, en su intervención en el Zurich Summit, deslizó que quería que Norwood fuese “la próxima Scarlett Johansson o Natalie Portman”. Palabras mayores para un render con wifi. Claro que, en la práctica, Tilly ya tiene ventajas: no envejece, no pide subida de sueldo y no necesita que la saquen de un lío de relaciones públicas.
La pregunta que flota en el ambiente es: ¿veremos algún día a una IA recoger un Oscar? Conociendo a la Academia, probablemente antes veremos una estatuilla honorífica para ChatGPT: The Movie.
En cualquier caso, yo lo tengo muy claro, si hacen películas con actrices generadas con IA, que no cuenten conmigo para ver el film, que manden un espectador virtual al cine para verlo.
