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Zona friki

Pero, ¿le importan hoy a alguien las nominaciones a los Oscar?

A las 14.30 se conocerán las nominaciones a los Oscar, imagino que no habrá muchas sorpresas, pues "Una batalla tras otra" partirá como favorita, y con un poco de suerte la española "Sirât" estará presente en Película Internacional (con competidoras muy fuertes), y quién sabe, sonido o banda sonora.

Nominaciones a los Oscar 2026

Dicho esto, ¿a alguien le importan realmente los Oscar? Ya no es como en la época de Ben-Hur, o Titanic, eso está claro. Antes, los Oscar eran como la final del Mundial. Te vestías bien para verlos. Bueno, “bien” dentro de lo que permite un pijama con agujeros y una bata heredada de tu padre. Pero había respeto. Había liturgia. La noche de los Oscar era la noche. Ahora no. Ahora los Oscar son como un bautizo lejano: sabes que existen, te alegras por ellos… y no te despiertas para verlos.

Antes todo el mundo sabía cuándo eran los Oscar. Ahora te enteras dos días después, por una noticia escondida entre “se cae WhatsApp durante once minutos” y “un actor de Élite cambia de peinado”. Y dices: “Ah, ¿que ya fueron?”. Y nadie te corrige, porque a nadie le importa.

Antes los veías para saber qué películas tenías que ver. Ahora los ves —si los ves— para confirmar que no has visto ninguna. El presentador anuncia: “Y el Oscar a la mejor película es para…”, y tú respondes: “Perfecto, otra que no está en ninguna plataforma”. Antes ganaba una película que habías visto tres veces en el cine. Ahora gana una que se estrenó un martes a las tres de la mañana en una plataforma búlgara.

Antes los actores eran estrellas. Estrellas de verdad. Gente que parecía vivir en una nube de glamour, alcohol caro y divorcios imposibles. Ahora suben al escenario y dan las gracias a su coach emocional, a su terapeuta de respiración consciente y a su perro rescatado en 2019. Antes agradecían a Dios o a su madre. Ahora agradecen a su yo interior. Y el yo interior no compra entradas.

Antes los Oscar duraban mucho, sí, pero lo aceptabas. Era parte del trato. Como una boda larga o una sobremesa con cuñados. Ahora duran lo mismo, pero sin emoción. Tres horas y media viendo a gente que no conoces premiar películas que no has visto, presentadas por alguien que parece pedir perdón por estar ahí.

Y luego está la audiencia. Antes decían: “Los Oscar arrasan en audiencia”. Ahora dicen: “Los Oscar suben un 3% respecto al año pasado”. Un 3%. Eso no es subir. Eso es mover el mando sin querer. Eso es el gato sentándose sobre el sofá.

Antes los Oscar marcaban tendencia. Ahora van detrás. Premian cosas cuando ya nadie habla de ellas, intentando parecer relevantes, como un señor mayor usando palabras como “streaming” o “crush”. Los Oscar hoy son eso: una gala intentando ligar con un público que ya la ha dejado en visto.

Pero aun así, cada año, ahí están. Como un viejo pariente que nadie llama pero al que se invita por compromiso. Sabes que ya no es lo que era, sabes que no te interesa… pero algo dentro de ti quiere que vuelvan a importar.

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