Como buen bloguero del terror tenía cierta obligación (moral) de tragarme Devil Inside . Antes he llamado al Vaticano para preguntarles
Como buen bloguero del terror tenía cierta obligación (moral) de tragarme Devil Inside. Antes he llamado al Vaticano para preguntarles si era verdad eso que dice la publicidad de que ellos no querían que fuera a verla, pero el señor que me ha cogido el teléfono, muy amable, me ha aclarado que por su parte no había ningún problema. "Eso sí", me aclaró un poco a nivel personal, "he leído por ahí que es bastante mala. Así que allá usted. Ver bodrios no es un pecado, pero es tirar el dinero". Va a ser verdad lo que dijo mi vecino bloguero Hildy Johnson, en esencia que quien no quiere que la veas no es el Vaticano, que no ha dicho nada, sino la distribuidora, porque no han hecho pases para la prensa.
Resulta ser otra vez de ésas estilo "found-footage", o sea cámara en mano, con el dolor de cabeza que me dan, como las que son en 3D. Eso me aleja de un amplio porcentaje de los estrenos de Hollywood actuales... Tengo un problema, empiezo a pensar que por la crisis Hollywood ha recurrido como patrocinador encubierto a la empresa fabricante de Gelocatil. Creo que pronto además de ser crítico de cine voy a poder ser crítico de aspirinas.
Le han dado un toque anticlerical, que eso vende entradas (si El código Da Vinci arrasó, eso es que cualquier truño, con un elemento de ataque a la Iglesia católica puede ser rentable, amigos).
La cosa está un poco pillada por los pelos, pues acusa a la Iglesia de no permitir grabar exorcismos ahora "pese a que antes no se grababan mucho", y como eso me ha intrigado un poco he leído (luego diréis que los blogueros no nos documentamos) el nuevo Ritual del Exorcismo aprobado por Juan Pablo II, en 1999. Sobre ese aspecto la verdad es que exige discreción, pues dice exactamente que no se debe convertir el rito "en un espectáculo", por lo que no se dará espacio a los medios de comunicación social mientras se realiza. Hombre, tiene su lógica, en realidad yo agradezco que esto sea así. Si algún día me encuentro girando la cabeza y gritando obscenidades preferiría no salir en "El programa de Ana Rosa". También le pediría lo mismo a un médico que me tenga que operar de hemorroides, que por lo visto es como se llaman ahora las almorranas.
Por lo demás el principio promete y las secuencias de exorcismos que filma sin problemas de ningún tipo la protagonista con ayuda de dos sacerdotes 'poco ortodoxos' están bien ambientadas y dan muy mal rollo. Pero el resto es pésimo, los diálogos son absurdos y a veces grandilocuentes -lo que casa mal con el hecho de que se suponga que es un documental- y como la cosa no da mucho de sí, aunque dura poco más de hora y veinte se hace larga. La rematan con un final muy poco imaginativo, lo que provoca que la gente salga echando pestes del cine.
Por mí podrían publicitarla a partir de ahora como "la película que Juan Luis no quiere que veas", porque opino que nadie merece tragarse semejante tontada.
El caso es que en este momento cualquiera puede forrarse con una peli de terror en forma de falso documental cutre. Costó 1 millón, sólo en Estados Unidos recaudó 35, y ya ha superado los 60 en todo el mundo, a pesar de que no he escuchado ni leído nada positivo sobre la película. ¿Será cosa del diablo? Vaya racha que llevo últimamente, entre ésta y la de Daldry, que merecerá para ella sola la próxima entrada del blog.
