31) "El séptimo sello", de Ingmar Bergman
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Análisis de guión

31) "El séptimo sello", de Ingmar Bergman

El reciente fallecimiento de Max von Sydow, con 90 años de edad, nos invita a analizar el guión de una de las películas más emblemáticas que protagonizó a las órdenes de Ingmar Bergman: “El séptimo sello”, un título fascinante, cuyo libreto firmó el propio Bergman.

Como ocurre en toda la filmografía de Ingmar Bergman, el libreto de El séptimo sello trata temas de inmenso calado. Estamos ante una obra densa y simbólica, angustiosa y lírica, con diálogos y pasajes muy estudiados, que sirven para abordar el sentido de la vida, el silencio de Dios, el problema del sufrimiento y la enfermedad, el más allá o la necesidad de amar y ser amados. El texto completo del libreto, en inglés, puede leerse aquí.

La estructura en el fondo es relativamente sencilla, pero no se ajusta a los clásicos tres actos. Estamos más bien ante una obra lineal, en que la idea central “te ha llegado la hora de morir”, se va desarrollando hasta que, en efecto, llega esa última hora. Se sigue pues la estructura del viaje del héroe, el caballero Antonius Black, recién llegado de las cruzadas, que se desplaza hacia su castillo, aunque hacia donde realmente viaja es hacia el último momento de su vida. Le aguarda la muerte, y en el trayecto la angustia cobrará mil formas, con algún momento breve de solaz.

La muerte sale al encuentro

Ingmar Bergman, de un modo muy concentrado y directo, entrega el planteamiento argumental, envuelto del pasaje bíblico del Apocalipsis que justifica el título, “Tras haber abierto el séptimo sello, se hizo un silencio en el cielo como de una media hora. Vi entonces a los siete ángeles que, de pie, están en la presencia de Dios; les fueron dadas siete trompetas.”

sello1Estamos en la Edad Media, y el caballero Antonius Block y su fiel escudero Jöns acaban de regresar de las cruzadas. Ambos descansan a la orilla del mar, embargados por un profundo sueño. Entonces, detonante de la narración, la muerte, en forma de hombre envuelto en una túnica oscura y con la cabeza cubierta, anuncia a Antonius que viene a llevarle consigo, durante mucho tiempo le ha acompañado de cerca, y ahora le ha llegado la hora. El otro se resiste a partir, piensa que aún le quedan cosas por hacer, y no es la menor de todas la de descubrir el sentido de la existencia. De modo que le propone un trato: ambos comparten la afición del ajedrez, con su estrategia de anticiparse a lo que va a ocurrir, de modo que jugarán una partida, y si gana la muerte le llevará, si no, le concederá una tregua. La muerte acepta, y en cualquier caso para el caballero le supone ganar un poco de tiempo.

A partir de aquí, toda la narración consiste en pasajes que ayudan a hacerse una foto bastante completa de lo que lleva consigo la existencia terrenal.

El viaje de la vida

La vida es un viaje, estamos en continuo movimiento. Después de haber participado en las cruzadas, Antonius y Jöns vuelven a casa, al castillo del primero, donde esperan reencontrase con sus esposa. Ambos conforman una pareja que recuerda don Quijote y Sancho Panza. El primero se ve atenazado por angustias existenciales, el otro está más pegado al terreno, canta canciones populares o las inventa, con su punto de picaresca.

El regreso no es precisamente alegre, porque hay una epidemia de peste negra. Hay numerosas muertes y rumores de extraños sucesos, todo teñido de colores apocalípticos. La desgracia se atribuye a la acción del diablo, que puede utilizar como intermediarias a mujeres acusadas de brujería. Jöns encuentra a un hombre en el camino, al que interroga si llevan el rumbo correcto, pero descubre que es un cadáver, lo que le permite dar muestras de un particular sentido del humor que muestra su pragmatismo de aceptar las cosas tal como vienen, sin hacerse grandes ilusiones sobre la bondad de las personas.

sellojuglaresComo contrapunto, Bergman nos introduce a Jof, un juglar con corazón de oro, alma sencilla que ve en una visión a la Virgen María enseñando a caminar al Niño, lo que cuenta enseguida a su esposa Mia, con la que tiene un hijo, el pequeño Mikael. Pero ella se ríe, tomándolo por una de sus típicas fantasías. De este modo conocemos a otra pareja que muestra la dualidad idealismo-espíritu vs. sentido común-pragmatismo. Aunque habría que hablar de trío, pues con ellos, como cómico itinerante y líder, está también Jonas Skat, y que les propone preparar una función con canciones que de algún modo recoja el simbolismo de la muerte que está rondando a la población por culpa de la peste negra.

Omnipresencia de la muerte

La muerte sigue cobrando presencia en la narración, todo nos habla de ella. El caballero Antonius y el escudero Jöns hacen un alto junto una pequeña iglesia. Jöns entra en ella, y dentro se encuentra con un pintor que en las paredes trabaja con frescos que muestran la danza de la muerte, son imágenes que se supone que ayudarán al sacerdote en su predicación a la hora de aleccionar acerca de que conviene estar preparados para cuando llegue la última hora. “¿Por qué pintas cosas sin sentido?”, le interroga Jöns, y el otro responde “Yo pensé que servirían para recordarle a la gente que tienen que morir”. “Pues no creo que hagan a la gente más feliz”, sigue, y la réplica es “¿Por qué debería uno hacer siempre feliz a la gente? Quizá no sea malo asustarles un poco de vez en cuando.” Todo un intercambio dialógico sobre el realismo de lo que hay frente a la tentación de cerrar los ojos, subrayado con una descripción gráfica de los efectos corporales de la peste.

selloconfesionEntretanto el caballero busca la paz en la iglesia, y creyendo que está ante un sacerdote, le pide que escuche su confesión. Es un momento que sirve para definir mejor a Antonius y para que conozcamos sus pensamientos más íntimos. No sabe que en realidad está hablando no a un cura, sino a la muerte, que espera poder jugar la partida de ajedrez con ventaja gracias a inesperada revelación. Porque el caballero expresa toda su angustia, “mi corazón está vacío”, “quiero conocimiento”, “aprehender a Dios con los sentidos”, no le gusta que “se esconda en una niebla de semimilagros y milagros no vistos”, y admite que ni siquiera tiene fe en sí mismo, y que Dios puede ser una imagen que nos fabricamos para ocultar nuestro miedo: “mi vida ha sido una búsqueda fútil y errante, un mucho hablar sin sentido”. Después de sonsacarle, la muerte se da a conocer y promete que se encontrarán en la posada donde pernoctarán.

La peste: se buscan culpables

Tras reunirse Antonius con Jöns y salir de la iglesia, se encuentran con unos soldados que retienen a una mujer acusada de brujería, ella asume el papel de chivo expiatorio, hay que encontrar una razón, una culpable, para una peste incomprensible, más para los que vuelven de unas cruzadas donde se supone que han abrazado desinteresadamente la causa de Cristo.

selloiglesiaPero si se trata de buscar culpables o motivos para un castigo, la aparición de Raval puede dar algunas luces. Jöns le descubre despojando de sus objetos valiosos a un cadáver y amenazando a una joven, y reconoce en él a uno de los teólogos de Roskilde, al que describe como “Doctor Mirabilis, Coelestis y Diabilis”, por su doblez, él era uno de los que persuadió a Antonius a partir a las cruzadas. Y encuentra un sentido a los diez años de ausencia, “que me parecían un despilfarro. Nuestra vida era demasiado buena y estábamos demasiado satisfechos de nosotros mismos. El Señor quiso castigar nuestra complacencia. Por eso Él te envió a escupir tu santo veneno y emponzoñaste al caballero”. Dejará irse a Raval y tomará a la joven bajo su protección, aunque tal vez también como alguien que pueda sustituir a su mujer, en caso de que ya no le espere.

Lo profano y lo sagrado

Ante la amenaza de muerte que se cierne sobre la población, caben dos posturas, y ninguna acaba de resultar completamente satisfactoria, tal vez deberían complementarse, nos dice muy gráficamente Bergman.

Introducidos por Skat, los juglares hacen su representación, con el concurso de Jof y Mia, y la muchedumbre congregada se distrae con su espectáculo. Pero de pronto algo atrae la atención de la gente: una talla de un Cristo crucificado, acompañado de una procesión penitencial envuelta del humo del incienso, les recuerda la realidad de la peste que acecha, y que tal vez la conciencia tiene algo que reprocharles; muchos caen de rodillas, y los rostros se desencajan cuando un fraile truena con voz potente “Dios nos ha castigado. Todos pereceremos por la peste negra.”

selloprocesionLuego sigue una conversación entre Antonius y Jöns, en que éste lleva la voz cantante, y en que frente a relatos sobre la Santísima Trinidad, él contrapone su filosofía de andar por casa: “Mi pequeño estómago es mi mundo, mi cabeza es mi eternidad y mis manos, dos soles maravillosos. Mis piernas son los péndulos del tiempo, y mis pies sucios son dos espléndidos puntos de partida para mi filosofía. Cualquier cosa vale tanto como un eructo, la única diferencia es que un eructo resulta más satisfactorio.”

Siguen los momentos en que convive lo profano y lo sagrado. El herrero se queja a Jöns de que no encuentra a su mujer, más tarde la encontrará coqueteando con otro hombre, el juglar Skat, pero ella dará la vuelta a la tortilla para seguir llevando la voz cantante en casa; y entretanto Jof el juglar será considerado sospechoso, y va a ser vapuleado, y obligado a hacer el oso en la taberna contra su voluntad, con el concurso del malvado Raval, sólo es salvado in extremis por Jöns. Mientras, el pueblo ve señales apocalípticas por todas partes, que indican que el día del juicio final está cerca.

Algo parecido al paraíso

El caballero, que ha recalado junto al carruaje de los cómicos, contempla embelesado la bella estampa de Mia con el pequeño Mikael, y charla con la encantadora juglar, que trae un poco de paz a su ensombrecida alma. La llegada de Jof malherido le permite ser testigo del tierno amor de esta pareja, más luz para su despejar por un momento su turbación. Y compartir con ellos un sencillo refrigerio, fresas con leche, es una verdadera bendición.

sellosolazLa confianza que surge lleva a Antonius a sugerir a los cómicos que eviten ir a Elsinore, por donde se está propagando la peste, y que compartan ruta hacia su castillo. Al matrimonio les parece una buena idea, estarán más protegidos frente a bandidos y otros peligros. En un momento de confidencia, Antonius le explica que como ella y Jof, también son dos, y que antaño fue muy feliz con su esposa, con la que espera reunirse pronto, la añoranza crece alimentada por el encuentro con los juglares. Y confiesa que todos sus miedos parecen una fruslería en el ambiente de felicidad que ha compartido degustando las fresas: “Recordaré este momento. El silencio, el crepúsculo, los cuencos de fresas y leche, vuestros rostros a la luz del atardecer. Mikael durmiendo, Jof con su lira. Trataré de recordar de qué hemos hablado. Llevaré este recuerdo entre mis manos con tanto cuidado como si fuera un cuenco lleno hasta el borde con leche fresca.”

La partida debe continuar

El caballero se ha distraído, y lo va a pagar en la partida de ajedrez que disputa con la muerte. Primero se muestra optimista, tomando ventaja en el juego, pero cuando su rival sugiere que podría llevarse consigo a sus nuevos acompañantes Mia y Jof, a Antonius le muda el semblante.

Durante el viaje, vuelve a asomar malos presagios, como el de cruzarse con la bruja a la que conducen a la hoguera. Cuando Antonius escucha que se dice que Tyan, la bruja, ha estado en tratos con el diablo, le pregunta por él, porque piensa que podría darle acceso a Dios. De nuevo una entidad sobrenatural, aquí diabólica, resulta elusiva, no la ve en los ojos de Tyan.

El caballero se caracteriza por su carácter indagador, cuando la muerte le dice si nunca dejará de preguntar, él contesta que no. La suya es la búsqueda angustiosa de la verdad, de la razón de su existir. Y en esa búsqueda ve que debe mostrar misericordia, calmando a la mujer que se enfrenta a la muerte.

Y sí, la muerte no descansa, y es después de resolverse con tono bufo las desavenencias matrimoniales del herrero, el portador de la guadaña viene a llevarse a Skat, que había fingido clavarse un puñal. Ironías, hizo muy bien su interpretación, pero la muerte es también una verdadera profesional, y cancela fatalmente la función que había previsto.

Por su parte, Raval, contagiado por la peste, pide ayuda y misericordia, que Jöns no desea darle, incluso conteniendo a la joven que le iba a dar de beber algo de agua, “no tiene sentido”, asegura el escudero.

El caballero y sus compañeros de viaje –Jöns, Mia, Jof y su hijo, el herrero y su esposa– caminan rumbo al castillo, atravesando un tupido bosque, donde los elementos naturales, viento, oscuridad, no presagian nada bueno.

sellofamilia

La muerte y Antonius están de nuevo delante del tablero. Y la jugada en que le arrebata la dama, invita a pensar lo peor en regreso a casa. Mia y Jof contemplan al caballero ante su juego de ajedrez, y el alma cándida y pura de Joff es capaz de ver que tiene ante sí como contrincante a la muerte, una visión terrible, pero que Mia desdeña como una de sus ensoñaciones fantasiosas. De todos modos él toma la iniciativa, no dejará que su familia caiga en las garras de la muerte, de modo que separarán del grupo para salvarse, una fuga en toda regla. Y en efecto, la partida va a terminar con un jaque mate, el próximo encuentro del caballero con la muerte, será el último. Y además, por si hubiera alguna duda, ella le asegura que no tiene ningún secreto que revelarle, ninguna iluminación traerá consigo la muerte.

El castillo al final del camino

Por fin llegan al castillo de Antonius Block, donde Karin su esposa, acoge a los viajeros. El reencuentro es agridulce, a Karin le cuesta reconocer a su marido, cuando lo ve a la luz, “puedo ver que eres tú. En algún sitio en tus ojos, en algún sitio en tu rostro, escondido y asustado, está el muchacho que partió hace ya tantos años.”

El caballero está cansado, dice, y no sólo físicamente. Y Karin reconoce ese momento final, en que la peste negra acecha, y lee el pasaje del apocalipsis del séptimo sello.

Ante la llegada definitiva de la muerte, se contraponen las reacciones de caballero y escudero. “Desde lo hondo a Ti grito, Señor”, dice Antonius, “ten misericordia de nosotros, que somos pequeños e ignorantes, y estamos asustados”. A lo que sigue Jöns con palabras terribles, “Desde lo hondo donde se supone que estás, donde probablemente estamos todos nosotros. En lo hondo no encontrarás a nadie que escuche tus lamentos o sea conmovido por tus sufrimientos. Limpia tus lágrimas y mírate en el espejo de tu indiferencia.” Se da un toma y daca entre los deseos de creer y gozar de la compasión de Dios, del caballero, y de la creencia de su escudero de que es inútil tal postura, que al final calla sus pensamientos, obedeciendo a Karin que le pide que no siga con sus oscuras consideraciones.

sellofin“Es el final”. Y Jof, que está con Mia y su hijo, asegura tener una visión de la muerte, arrastrando consigo al caballero, al escudero, al herrero y a su esposa, y a todos los demás, tomados de la mano, “en danza hacia las tierras oscuras, mientras la lluvia lava sus rostros y limpia la sal de las lágrimas de sus mejillas”. En la estampa familiar, la esposa responde “tú, con tus visiones y tus sueños”, dejando abierto el misterio.

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