Decine21
Análisis de guión

35) "Algunos hombres buenos", de Aaron Sorkin

Ahora que Aaron Sorkin acaba de escribir y dirigir “El juicio de los 7 de Chicago”, es el momento perfecto para recuperar y analizar el guión basado en su propia obra teatral de otro drama judicial, la película con la que debutó en el mundo del cine, “Algunos hombres buenos”.

En todas las películas se suele identificar con facilidad el detonante, los hechos que desatan la historia que se va a contar. En el caso de Algunos hombres buenos, Aaron Sorkin lo presenta ya en le primera escenas, en que se sugiere la muerte accidental del marine Willy Santiago, a manos del infante Louden Downey y el cabo Harold W. Dawson, cuando le aplicaban un correctivo en su acuartelamiento en Guantánamo en Cuba, unas horas antes de que se produjera su traslado a otro destino, que había solicitado repetidamente, pues se sentía acosado, por realizar algunas de las tareas físicas torpemente. Ambos son acusados de homicidio involuntario.

Presentando a los personajes

Algunos hombres buenos 3

La capitán JoAnne Galloway, de asuntos internos, se presenta voluntaria para ocuparse de su defensa, pero sus superiores prefieren confiar en el teniente Daniel Kaffee, que ha seguido los pasos de su padre ya fallecido como jurídico militar en la Marina, y que es un joven brillante pero algo frívolo. Piensan que será más fácilmente manejable, cara a que el caso se juzgue del modo deseado. Le ayudará en la investigación el teniente Sam Weinberg. Galloway logrará tener presencia en el caso cuando persuade a la tía de Downey para representarle en la defensa.

El primer acto sirve para presentar a los personajes y entender con más detalle qué ocurrió la noche en que murió Santiago. El capitán Jack Ross, que representa a la acusación, ofrece un trato a Kaffee para que la condena sea de un número determinado de años.

Algunos hombres buenos 2

Sale a la luz que Downey y Dawson podrían haber actuando obedeciendo órdenes del teniente Jonathan Kendrick comunicadas en privado bajo la fórmula de un “código rojo”, aunque en público mandó expresamente que no se tocara a Santiago. El “código rojo” es una forma extraoficial y algo salvaje de castigar a los marines que hacen algo incorrecto, se trata de algo que va más allá de las ordenanzas y que ha dado lugar a abusos, de modo que se han implementado instrucciones claras para su desaparición. Pero como sugiere el caso, siguen existiendo en la Marina, y concretamente en Guantánamo, los “códigos rojos”. Y la cadena de mando podría implicar a su superior, el teniente coronel Matthew Andrew Markinson, y más allá, al jefe del destacamento, el coronel Nathan R. Jessep.

Qué bonita es Cuba

Antes de la vista, Kaffee y Galloway viajan a Guantánamo para recabar detalles del caso “in situ”, y tienen una primera y duradera impresión del estilo de mando de Jessep, que en un lugar tan sensible y peligroso como Guantánamo, a unos metros del enemigo, no permite que nadie se mueva un milímetro de los cauces que señalan sus órdenes.

Algunos hombres buenos guantanamoEn la conversación, una provocación no casual de Kaffee a Jessep le ayuda a advertir a quién tiene enfrente, y el modo en que quiere que se resuelvan las cosas, de modo que no le salpiquen de ningún modo. Asoma el carácter impulsivo de Jessep, un elemento anticipativo acerca de cómo transcurrirán más tarde las cosas ante el tribunal.

Que nadie pierda el juicio

El segundo acto transcurre en su totalidad en la corte marcial para juzgar a Downey y Dawson, ante un jurado militar, y en vistas presididas por el juez Julius Alexander Randolph. Las cosas discurren por los cauces clásicos de los alegatos iniciales de la acusación y la defensa, y la declaración de los testigos. Pero con abundantes pulsos dramáticos que evitan que la trama decaiga y se empantane. Lo cierto es que el interés no decae en ningún momento, no dejan de ocurrir cosas y de producirse inesperadas revelaciones.

Algunos hombres buenos juicioEn una película como esta, de personajes, están muy trabajados los conflictos, los personajes chocan, en colisiones de mayor o menor intensidad, incluso entre los que supuestamente están en el mismo bando. La aparente ligereza de Kaffee choca con el concienzudo e implicado modo de hacer de Galloway. Weinberg es el amigo de Kaffee, que le ayuda a poner los pies en el suelo. Downey, y sobre todo Dawson, se toman el honor más en serio que Kaffee, aunque puedan ser algo rígidos. Por supuesto Kaffee choca con el fiscal Ross, y también ocasionalmente con el juez. O con los testigos de la acusación, ya sea un médico parcial, el teniente Kendrick, y sus siguientes superiores, Markinson y Jessep, aunque el primero se pueda convertir en inesperado aliado.

A lo largo del juicio ocurren muchas cosas que ayudan a mantener el interés. Se juega con el par de fuerzas, “este caso está perdido”, cuando todo parece en contra, como con la revelación de que Downey no recibió su orden directamente de Kendrick, sino de Dawson, y “esta caso está ganado”, cuando asoma inesperadamente la disposición a decir la verdad de Markinson. También parece un punto a favor saber había un vuelo antes del programado, en que podría haber volado Santiago fuera de Guantánamo, aunque la desaparición del registro de tal vuelo, tanto del lugar de partida como del de llegada, supone un nuevo jarro de agua fría.

Los personajes crecen

En esta línea de amagar y no dar, se juega con el espectador-lector del guión con una posible subtrama romántica que nunca prospera. Podemos ver que Galloway empieza a sentir rendida admiración por Kaffee, y que él valora en ella a alguien que es más que una persona empeñada sin más en que se haga justicia, es humana. Y llegan a tener un momento distendido en que cenan juntos en un bar de marisco, pero la cosa no irá más allá de lo estrictamente profesional, aunque crezcan el aprecio y simpatía mutuos.

Algunos hombres buenos crecen

Vemos además un arco de evolución del personaje, muy claro en el caso de Kaffee, pero también en el de Galloway. El primero empieza a implicarse más en serio en el caso. Los recursos de su bate de béisbol y el encestar en una canasta de baloncesto en su piso, hablan de esa disposición a luchar. Y también la idea de no decepcionar la memoria de su padre, aunque ya no esté, que pudiera enorgullecerse de él. Mientras que la segunda, advierte sus debilidades, cuando en un par de ocasiones pierde los papeles en la sala, y también cambia su percepción de Kaffee, advierte que es alguien mucho más brillante que ella, y que obtener una sentencia favorable para los acusados depende en gran medida de él. Ella actúa un poco a modo de Pepito Grillo con el otro, al igual que también hace Weinberg.

Las cosas se complican, pero hay una baza por jugar

Un golpe inesperado es el suicidio del teniente coronel Markinson, que no ha podido soportar la presión de las órdenes de su superior, y de ver a los acusados abandonados a su suerte, a lo que se une el dato de que la inexistencia del supuesto traslado de Santiago no se puede probar. Se han quedado sin su mejor baza para la defensa, de modo que todo parece perdido...

¿Todo? No. Punto de giro hacia el tercer acto, Kaffee decide tras un intenso debate con Galloway y Weinberg no exento de vacilaciones y fuertes recriminaciones, llamar al estrado al coronel Jessep, y provocar el reconocimiento de que fue él quien ordenó el “código rojo”. Es una jugada muy arriesgada, porque si se demostrara que es una acusación infundada, las cosas se podrían poner muy feas para Kaffee, incluso ser él mismo objeto de una corte marcial.

¿Ordenó usted un código rojo?

El tercer acto es de enorme intensidad, y está vertebrado sobre todo por el duelo vibrante entre Kaffee y Jessep. El tenso pulso se inicia con la presentación de pruebas circunstanciales que sugieren que Santiago no tenía intención de trasladarse a ningún sitio: no hizo el petate, ni comunicó a nadie de fuera de la base, familia y amigos, un traslado que había ansiado durante mucho tiempo. También juega con la presencia de dos militares de la base de St. Andrews donde Santiago iba a ser trasladado, y que podrían confirmar que la existencia del vuelo esfumado. Pero en este trama, aunque con rabia contenida, Jessep mantiene el tipo al tiempo que exhibe su desprecio hacia Kaffee, a quien no considera como un hombre curtido que sirve a su país jugándose el tipo, sino como un aficionado de salón, que no se ensucia en su faena diaria.

algunos hombres buenos codigo rojo jack nicholson

Varias señales de Galloway y Weinberg sugieren su escasa esperanza en que provocar a Jessep para que confiese que fue él quien ordenó el código rojo funcione. Pero en un duelo dialéctico en que saltan las chispas, el clímax de la película, Kaffee le sitúa en un callejón sin salida, si en la base se cumplen siempre sus órdenes, y señaló claramente que nadie debía tocar a Santiago, no se entienden las prisas para su traslado; y si Downey y Dawson aplicaron el correctivo sin tener en cuenta su mandato, eso significa que sus órdenes no se acatan. A no ser que... “¿Ordenó usted el código rojo?”, pregunta a la que su arrogancia responde con la admisión “Pues claro que lo ordené , joder”. A partir de ese momento todo cambia, Jessep será detenido y tendrá que afrontar una corte marcial. Y estando al mando de la situación durante la declaración del testigo, Kaffee podrá permitirse señalar cuando puede y cuando no puede abandonar el estrado por haber terminado su declaración. Él manda, y el otro debe obeder.

Un epílogo para hombres de honor

Algunos hombres buenos de honor

Llegamos al epílogo, en que Downey y Dawson serán absueltos de los cargos de homicidio y conspiración para el homicidio, pero serán licenciados sin honores como marines, no vale decir simplemente que cumplían órdenes. Dawson tiene su propia transformación, y hay un recocimiento mutuo con Kaffee de que el honor va más allá de los galones, sobre todo se alcanza y mantiene cuando se hace lo correcto y se rectifica. El reconocimiento de que está ante un oficial, ante el que se cuadra, Kaffee, señala también al espectador que éste ha madurado definitivamente, convirtiéndose en el hombre del que estaría orgulloso su padre.

Lo último del mundo del cine