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Análisis de guión

36) "El buscavidas", de Sidney Carroll y Robert Rossen

Se cumplen 60 años de “El buscavidas”, la mejor película sobre el billar jamás filmada, basada en una novela de Walter Tevis, de moda por la serie “Gambito de dama”, y que protagonizó Paul Newman. Ofrecemos un análisis de su modélico guión, escrito por Sidney Carroll y Robert Rossen, y nominado al Oscar.

El guión de El buscavidas de Sidney Carroll y Robert Rossen es muy fiel al espíritu de la novela de Walter Tevis en que se basa, aunque también introduce algunas variaciones dignas de mención, a las que aludiré en este análisis. Sabe conservar la idea de historia de perdedor con escasos principios, que trata de mantenerse a flote haciendo lo que sabe hacer, y que al final de su aventura aprende, tal vez, algunas valiosas lecciones. Se trata sobre todo de una historia conducida por personajes, Eddie Felson, Sarah Packard, Charlie Burns, Minnesota “El Gordo”, Berth Gordon y Findley, todos tienen su particular importancia, aunque por supuesto Eddie es el protagonista e hilo conductor principal.

Poner en situación

La escena de apertura, auténtico prólogo al que seguirán los títulos de crédito, sirve a la perfección para definir al protagonista y el mundo en que se mueve. Eddie Felson apodado “El Rápido” y Charlie Burns se han detenido en una cafetería de carretera, esperando que amaine el intenso calor. Se supone que son viajantes comerciales que acuden a una convención. En el lugar hay una mesa de billar, y algunas personajes jugando. De modo inocente, como para matar el tiempo, Eddie acepta jugar, y por supuesto les inflige una tremenda derrota, ganando unos dólares. Es un buscavidas, un timador en el sentido de que oculta su talento para el billar de modo otros inocentes aficionados acepten apostar con él y sacarle el dinero. Charlie es su socio, que le acompaña en una vida de carretera, de ciudad en ciudad, buscándole partidas.

Pero Eddie Felson ha alcanzado una habilidad con el billar superior a lo normal. De modo que su deseo es competir con el mejor, de modo que Charlie le lleva a Ames, a un salón de billar con muchas mesas, donde suele jugar Minnesota “El Gordo”. Aquí ya no se trata engañar a un incauto y ganar unos pocos dolares, sino de jugar con el más grande, con apuestas en que hay varios miles de dólares en juego.

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Cuestión de carácter

Todo el primer acto de la película consiste en un largo ten con ten entre Eddie y Minnesota, más de 24 horas jugando, en que la partida atraviesa escenarios distintos y sirve para definir con precisión a los personajes decisivos. Insertos de relojes marcando la hora, los personajes arremangados o secándose el sudor, las botellas de whisky que se van vaciando, sirven para subrayar el paso del tiempo. Eddie demuestra que, aunque es un desconocido en el circuito del billar, tiene un talento consumado, y va encadenando golpes maestros. Se mueve por la mesa como un bailarín, y exhibe su arrogancia juvenil sin recato. Contrasta de modo evidente, y no solo por el físico, con su rival, también un gran jugador, pero que no emplea más saliva de la necesaria a la hora de hablar.

Los primeros compases del juego se decantan a favor de Eddie, que llega a ganar varios miles de dólares. Tras unas cuantas horas de juego, y haber superado los diez mil dólares, Charlie le recomienda retirarse con ese dinero. Pero le pierde la soberbia. No se irá a no ser que lo pida Minnesota. Es esa actitud prepotente del joven que su rival sabe detectar, porque acabará siendo la causa de su derrota, por eso pide que prosiga el juego. En una pausa, “El Gordo” aprovecha para ir al baño, refrescarse y acicalarse, para volver a la mesa con aire despejado y preparado. Todo lo contrario de “El rápido”, que sigue bebiendo, lo que a va mermar sus habilidades.

En efecto, las tornas van a cambiar, y Minnesota recupera lo perdido y aún le gana a un cada vez más tambaleante e inseguro Eddie lo que tenía. Éste se va a irritar cuando en preparándose para tirar, tiene en su campo visual a un desconocido que ha estado observando todo el rato, Bert Gordon, a quien pide que se aparte, lo que el otro hace... moviéndose apenas unos centímetros, como desafiándole. Es un conocedor del juego y de la mente humana, y sabe que tiene ante él a un perdedor, por lo que sus apuestas están con Minnesota. Eddie acaba pues perdiendo y se retira vencido y humillado, volviendo a la habitación de hotel que comparte con Charlie.

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Ponga una chica en su vida

Todo el largo segundo acto está marcado por el encuentro de Eddie Felson con Sarah Packard, a lo que se suman las dudas sobre cómo obtener fruto con su talento para el billar. Temprano, Eddie deja el hotel con su maleta y la bolsa de sus tacos sin despertar a Charlie, y se dirige a la estación de autobuses, tal vez pensando en irse él solo a otra parte. Deja sus cosas en la consigna, y se fija en una chica sola en la cafetería, a la que empieza a rondar. Le agrada la joven, algo seca, que dice su autobús sale dentro de un rato. La invita a un café, pero pronto se queda dormido y es ella la que paga antes de irse. Más tarde se encuentran en un bar, y ambos reconocen en el otro a un alma gemela, son perdedores natos. Ella le cuenta que tiene un piso, y que acude a la universidad dos veces a la semana, es de las emancipadas. Eddie la acompañará a su casa, haciendo amago de quedarse, pero no lo logrará, tendrá que buscar una habitación en un hotel. Por el momento, se queda en la ciudad.

Pero Eddie no lo tiene fácil para ganarse la vida. Su habilidad con el billar se ha corrido, de modo que no puede jugar en los salones importantes, donde podría ganar dinero. Tiene que apostar en otros juegos, como el póker, donde no es tan habilidoso. En una partida coincidirá con Bert Gordon, que le ha calado. En la barra del bar le invitará a una copa y le explicará lo que ha visto con él, su talento y su condición de perdedor, le falta carácter, algo que desde luego tiene Minnesota, y fue clava en su victoria. De todos modos él podría ser su manager, sustituyendo a Charlie, pero la desigual propuesta de reparto de ganancias –75% para Bert, 25% para Eddie– impide el acuerdo. De modo que sigue con partidas de tres al cuarto en lugares donde no es conocido.

piper laurie en cama

Finalmente el alcohol ayuda a que crezca la conexión entre Eddie y Sarah. Ella se siente atraída, y acaba acogiéndole en su casa. Y comparten algún momento de felicidad, como un picnic en el campo. Pero Eddie sigue preocupado por ganar dinero y proseguir su carrera. Y se arriesga demasiado en uno de los locales en que no le conocen. Le pierde la arrogancia frente a un rival buscavidas, con el que empieza disimulando su habilidad, para el final arrollarle de un modo humillante. Algo que no dejan de observar lo que habían apostado y han perdido, que encabezados por Turk reconocen en él también a un buscavidas a quien deciden darle un severo correctivo, dándole una paliza y rompiéndole los pulgares. Llegará ensangrentado a casa de Sarah que le cuida amorosamente.

Ese tiempo de recuperación supone para Eddie un tiempo de maduración y reflexión. Aunque agradece y estima el amor de la chica, también interioriza los comentarios que le ha hecho Bert. De modo que acaba aceptando las condiciones que le ha hecho para tutelar su carrera. Lo que supone irse a otra ciudad una temporada, para enfrentarse a Findley, otro jugador al que podría ganar. Eddie comunicará sus planes a Sarah, en lo que prometía ser una maravillosa velada romántica, en un restaurante muy elegante, que suponía para la chica estrenar el vestido que el otro le ha regalado. El chasco es grande, porque Sarah piensa que si el otro se va, ya no volverá. Y seguramente recaerá en el alcohol, y sus sueños de ser escritora no irán a ninguna parte.

¿Un protegido o una inversión?

En el tercer acto cobra relevancia principalísima Bert Gordon, para quien Eddie es una propiedad, una inversión a la que cuidar. A la expedición a Louisville acaba sumándose Sarah –es el principal cambio con respecto a la novela, para dar mayor protagonismo al personaje y darle un destino fatal–, que no quiere dejar a Eddie, y Bert tiene que aceptarlo, aunque siempre con la idea de no debería convertirse en un estorbo que eche a perder lo importante para él: ganar dinero.

berth gordon

El Kentucky Derby, donde se apuesta a las carreras de caballos, es el lugar donde simulan un encuentro casual con Findley, el hombre con el Eddie debería jugar y ganar al billar. Y en efecto, el tipo, millonario, les invita a su casa a una reunión social, que será ocasión para poder apostar. Pero no al billar americano en el que Eddie se siente cómodo, sino en el billar tradicional con tres bolas y a tres bandas. Aunque Eddie no lo conoce bien, piensa que los principios del juego son los mismos, y acepta medirse en esta modalidad de billar con su rival.

Sarah detecta la mala influencia en que se está convirtiendo Bert para Eddie, cada vez más hundido en un mundo “pervertido, retorcido y lisiado”, y cómo no le hace caso se refugia en el alcohol, y acaba en una habitación de la casa durmiendo la mona. Mientras, Eddie comienza ese camino en que no sabe parar, en que apuesta y apuesta, y pierde, de modo Bert le obliga a parar. El otro sube a la habitación donde está ella, y le coge dinero, y al final, su mentor decide respaldar su juego. Eddie acaba ganando, pero el precio es perder a Sarah, que es agredida sexualmente por Bert, y acaba suicidándose no sin antes dejar escrito en el espejo del cuarto de baño, con su pintalabios, las palabras “pervertido, retorcido y lisiado”. Eddie por fin se da cuenta de que sus acciones y decisiones tienen consecuencias terribles. Y tener una trifulca con Bert no soluciona las cosas.

climax

La hora de la verdad

La película se precipita a su clímax, que no puede ser otro que la revancha, un nuevo enfrentamiento de Eddie Felson “El Rápido” con Minnesota “El Gordo” en los billares de Ames, en que el primero apuesta todo lo que tiene. La amarga experiencia de Louisville con el suicidio de Sarah han dado por fin a Eddie el carácter que echaba en falta en él Bert Gordon. De modo que los golpes brillantes se suceden partida tras partida, y se alza con la victoria. La sorpresa es que Bert se atreve a reclamar su porcentaje, a pesar de haber sido el causante indirecto del suicidio de Sarah. Aunque no puede dejar de sentir algo de “vergüenza torera”, y baja su parte, con la amenaza de causarle unas lesiones en los brazos mayores que las que le procuró Turk. En un emotivo discurso Eddie le afea la conducta, a la par que asevera que si le deja vivo, él se ocupará de matarle a él. Finalmente Bert renuncia a su parte, aunque con la advertencia de que el otro deje mantenerse alejado de los salones de billar. Y, colofón, Eddie y Fats se reconocen mutuamente como grandes jugadores, para Eddie abandonar el local.

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