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Blog de Hildy

Una película diseñada para competir en los Oscar

¿Cuánto valen las acciones que Martin Scorsese nos vende en “El lobo de Wall Street”?

El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese , se basa en las memorias de su protagonista, Jordan Belfort , al que da vida en la pantalla Leonardo

¿Cuánto valen las acciones que Martin Scorsese nos vende en “El lobo de Wall Street”?

El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, se basa en las memorias de su protagonista, Jordan Belfort, al que da vida en la pantalla Leonardo DiCaprio. A juzgar por el modo en que se ha ido preparando su estreno, cualquiera diría que sus responsables han emulado los métodos especulativos de Stratton Oakmont, la compañía con la que Belfort amasó una fortuna.

 

Siempre fue una película pensada para competir en los Oscar, por lo tanto su estreno tenía que ser cerca del final del año. Pero Martin Scorsese y equipo le han echado emoción a la cosa, que si llegaban, que si no llegaban, a lanzar a tiempo su producto al mercado. Emoción hasta el último momento, en que finalmente, sí, llegan por los pelos a tiempo. Uno, que es un mal pensado, se pregunta hasta qué punto esta carrera contra el reloj ha sido real, una jugada para alimentar el interés por el film.

 

Vista la película, que precisamente describe los manejos de Belfort para vender acciones de nulo valor real –juegan a que los tontos compren y ellos también, pero los chicos de Stratton Oakmont vendiendo a tiempo para recoger pingües beneficios mientras los otros se quedan con cara de tontos, viendo que sus acciones pasan a valer menos que nada–, no puedo evitar considerar si a la postre Scorsese, con sus 3 horas de metraje, no ha hecho otra cosa que vendernos humo. Ha retrasado la venta de sus acciones creando expectación, ha colocado bien las preferentes entre unos clientes privilegiados, los críticos a favor, y luego a confiar en que el resto del paquete atraiga a los suficientes compradores –cinéfilos, admiradores de Leonardo DiCaprio, amantes de los desmadrado...– para obtener beneficios.

 

Porque la película, no exenta de interés, es dar vueltas durante mucho rato a lo mismo, unos tipos liderados por Belfort, en permanente estado de hiperexcitación, por el sexo, la droga, el dinero y el poder, pero completamente vacíos e infelices. “Goodfellas” de cuello blanco, la referencia a Uno de los nuestros resulta obligada, la película está cortada por el mismo patrón. El subidón adrenalítico, auténtico chute por el que uno puede dejarse llevar, me recordó a la por algunos sobrevalorada y ya casi olvidada, Salvajes, de Oliver Stone.

 

Scorsese es un cineasta con talento, y su propuesta no deja indiferente, logra atrapar la atención. No obstante produce una cansina sensación por el estiramiento excesivo de situaciones, su cinismo agota y algunas situaciones resultan difícilmente creíbles. ¿Alguien puede imaginarse que tu jefe, en el primer día de trabajo, te anime a masturbarte como modo de mantener el grado de atención que exigen tus obligaciones? Como humorada negra sobre el desquiciamiento del mundo de los valores bursátiles puede uno acabar aceptando ésta y otras tantas “gracias”, pero al final queda esa sensación deprimente de que vivimos en un mundo que no tiene remedio, donde sólo existen dos opciones, la de ser un granuja y pasarlo bien, y la de ser honrado y aburrirte mogollón. Mirada simplificadora que acaba siendo complaciente con el egocentrismo que no conduce a ninguna parte.

 

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