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Andamos escasos de líderes: el atractivo de Katniss Everdeen en un mundo oscuro como el de “Los juegos del hambre: Sinsajo”

Andamos escasos de líderes: el atractivo de Katniss Everdeen en un mundo oscuro como el de “Los juegos del hambre: Sinsajo”

He visto esta mañana Los juegos del hambre: Sinsajo (parte 1), y aprovecho que ningún embargo me ata las manos para comentar las claves del éxito de esta saga distópica juvenil imaginada por Suzanne Collins. A priori uno podría pensar que pintar un futuro oscuro donde reducen a escombros lo que solías llamar tu hogar, con los cadáveres, o lo que queda de ellos, semienterrados entre cascotes, no es lo que demanda un espectador joven que desea la paz a toda costa, que no sabe lo que es el servicio militar obligatorio, que ha vivido bastante bien hasta la fecha, y al que se le vaticina un panorama complicado, sin trabajo fácil al alcance de la mano, corrupción y políticos mangantes a mansalva, y el fanatismo creciente del terrorismo islámico entre algunas lindezas, que ya describí en parte, al explicar cómo un puñado de películas pintan en la actualidad una sociedad enferma, sin que queramos verlo del todo.

El caso es que tenemos a Katniss Everdeen, una líder o lideresa (aunque me suena fatal, la Real Academia admite la palabreja), que da gloria verla, y no sólo porque la encarna la guapa y encantadora Jennifer Lawrence. Y en unos tiempos en que nos faltan modelos ilusionantes, referentes en el gobierno de las naciones que transmitan la impresión de que se ocupan de los problemas del ciudadano, llega la señorita Katniss, que hace precisamente eso: asume su liderazgo, aunque no le apetece, e incluso pueda pensar que no tiene cualidades para ello, y no piensa en que debe maquillarse así o asá, o salir con la bandera ondeando al viento, como reclaman los asesores de imagen. Ella va a visitar a los heridos de no sé qué distrito, está con ellos, y punto. Y cuando el presidente Snowden ordena un ataque impresentable, da rienda suelta a su indignación con un maravilloso discurso, donde no se para a pensar si me dará o me quitará votos.

Katniss es una indignada con causa, una convencida de que “podemos” cambiar las cosas, y aludo así a cierta formación política que da miedo, pero cuyo atractivo social en España se entiende perfectamente ante unos partidos incapaces de reinventarse y pedir perdón, con muchos de sus miembros insensibles a sus tropelías inmorales, que no ven como tales, ni siquiera cuando se destapan.

¿A qué líder actual seguirías, amigo lector? ¿A Obama, a Rajoy, a Hollande, a Putin, a Cameron? Hoy por hoy sólo el Papa Francisco ejerce un liderazgo sin fisuras, pero sin desdoro del benéfico influjo que puede ejercer y ejerce en el mundo, hacen falta más líderes en todos los órdenes de la sociedad, capaces de asumir sus tareas como servicio al ciudadano y no como forma de acceder a determinadas prebendas. Aunque claro, para eso hace falta una fibra moral a la que muchos han renunciado, a veces sin darse cuenta.

Queda la añoranza de que venga una Katniss Everdeen y nos salve. Tal vez no sea perfecta y hasta se equivoque, pero le agradeceremos su servicio desinteresado, su propósito de hacer lo que haya que hacer. Esto los jóvenes lo detectan en Los juegos del hambre, de ahí que aplaudan las novelas y películas, e intuyan que no habrá triunfo sin sacrificio.

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