IMG-LOGO
Blog de Hildy

¿Ha surgido alguna obra maestra del cine en tiempos del Covid-19? Me temo que no.

Es un lugar común pensar que las dificultades aguzan el ingenio, hasta el punto de que de la necesidad, podemos hacer virtud. ¡Cuantos ejemplos a la hora de sortear la censura para hacer obras de arte! ¿Ha ocurrido esto con la creatividad artística del audiovisual, a propósito del Covid-19? Mi impresión es que no. Al menos, de momento.

Primero diré lo que veo, y luego aventuraré una hipótesis sobre las causas. Desde mediados de febrero, primeros de marzo, en España, y con otro calendario en distintas partes del Globo, nos hemos visto sacudidos por una pandemia inesperada, que nos ha cambiado la vida. Para algunos en sentido completamente literal, porque, sencillamente, han muerto. Para el resto, si hemos tenido la suerte de no enfermar, en el mejor de los casos hemos vivido y seguimos viviendo entre confinamientos, mascarillas, lavado de manos, distancias sociales, aforos reducidos y videoconferencias.

Con este paisaje, cabía pensar que los cineastas y creadores de series tendrían material de sobras para desarrollar su talento y contarnos historias inspiradoras, que reflejen nuestros miedos, pero también acciones heroicas y desinteresadas, o los interrogantes que han podido venir a visitarnos acerca del sentido de la vida, de cómo pasábamos los días, y de lo que merece la pena cuidar y amar.

Para ser completamente justos, podemos pensar que ha pasado poco tiempo para que de este caldo de cultivo hayan surgido obras maestras, en el cine y en las otras disciplinas artísticas. Habrá quien dirá que si no tenemos vacunas contra el coronavirus, menos vamos a tener una película que quede para la historia como la definitiva sobre la cuestión. Concedido, pero los primeros amagos e intentos de crear arte alrededor del Covid-19 son, cuando menos, decepcionantes, pura anécdota oportunista.

Empezando por lo más elemental, ha sido un poco agotador este tiempo ver a artistas varios grabando mil chorradas –no se me ocurre mejor palabra para definir sus vídeos de Instagram y demás redes sociales–, desde bailoteos a bromas varias hasta mensajes buenistas de diverso corte, recomendaciones de prudencia y tal y cual, lo más “audaz” que he visto es el recitado de sonetos de Shakespeare por parte de Patrick Stewart, pero claro, ya estaban escritos por el bardo inglés.

relatos con fin a dos 42159 e1Luego a todas las plataformas de streaming se les ocurrió grabar una suerte de antología de cortos al estilo de “cuentos asombrosos”, con la pandemia al fondo, que más que motivo inspirador, es elemento oportunista, aunque de efecto boomerang, cuando la gente sufre, puede pensar que hacer bromas con lo suyo no está bien. He visto los de Amazon Prime, reunidos bajo el paraguas de Relatos con-fin-a-dos, y en fin, siendo amable y evitando hacer hierro, digamos que son eso, cortos con final más o menos inesperado, algunos con un poquito de ingenio, otros ni eso. Mucho me temo que las propuestas de HBO (En casa) y TVE (Diarios de la cuarentena, aquí con historias cruzadas) no son mucho mejores.

También estos días se ha hablado de Songbird, producción de Michael Bay, especialista en acción catastrofista, que trata el tema de la pandemia, y donde, oh, paradoja, ha habido protestas de los sindicatos por descuidos en las medidas de seguridad durante el rodaje. También ha sido noticia el reciclado de películas de serie Z que ya estaban medio rodadas, alguna de zombies me suena, en fin, que arte, no mucho.

Así las cosas, y hablando desde el punto de vista estético, el documento audiovisual de mayor belleza producido estos días que he tenido ocasión de contemplar, fue completamente inesperado. Me refiero al acto de oración presidido por el Papa Francisco durante la pandemia el pasado 27 de marzo en una plaza de San Pedro vacía, con antorchas iluminando diversos puntos, la lluvia cayendo sin parar, las figuras de un Cristo crucificado al que los fieles rezaban en el Medievo en tiempos de peste, y la de la Virgen Salud del Pueblo Romano, el Pontífice bajo el paraguas. Está claro que hubo mucho de providencial para su impactante efecto dramático, asistimos a la tormenta perfecta por así decir, pues confluyeron una serie de elementos, incluido el miedo y la tristeza de tantas personas, para posibilitar ese rato de meditación esperanzada tan bello. Pienso que cualquier alma sensible, creyente o no, reconocerá la belleza de esa retransmisión, muy superior a otro acto posterior en el Vaticano, el rezo del rosario ante la gruta de la Virgen de Lourdes, visualmente bastante anodino.

Deseo creer que las obras de arte imperecederas en torno a la pandemia llegarán algún día. Pero de momento no han asomado la patita, y más bien hay sensación de bloqueo creativo. Igual que están bloqueados algunos estrenos, y hay miedo a rodar películas ambiciosas, el cine es, además de arte y entretenimiento, un negocio de alto riesgo económico, y hoy, más que ayer. Y viendo otras señales de mediocridad política, falta de liderazgo moral, apatía y ganas de simplemente, seguir como estábamos, hay que concluir que no gozamos de las mejores coordenadas para colocar en el mapa obras maestras. Pero nunca se sabe, porque el genio asoma siempre inesperadamente, y el espíritu del ser humano, aun en épocas de decadencia, nunca deja de sorprendernos.

Lo último del mundo del cine