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Blog de Hildy

Trileros: Chorros de tinta, también digital, del Juego del Calamar

Todo el mundo habla de la serie coreana “El juego del calamar”. De modo que se convierte en tema prioritario en los medios de comunicación, hay que hablar de la cosa, con ocasión o sin ella. Podía ser el título de una película, “buscando el click desesperadamente”.

Hace unas semanas vi y reseñé en Decine21 la serie coreana El juego del calamar. Netflix ya la había puesto a disposición del público, no fue un visionado previo al estreno. Aunque con tramos salvajes, me sorprendió agradablemente y así lo dije en mi crítica, donde le di una puntuación de 7 sobre 10. En ese momento nadie hablaba de la serie, lo que me resultaba un poco chocante, porque enseguida advertí que tenía pegada, y que podía lograr un éxito, monos rojos y máscaras mediante, semejante a La casa de papel.

El caso es que finalmente así ha sido, se corrió el boca a oreja, de modo que El juego del calamar se ha convertido en una serie “must-see”, de las que hay que ver, si no quieres quedarte fuera... de juego, claro, en las conversaciones con tus amigos y en las redes sociales. El corolario para los medios es que había que generar noticias sobre la serie a toda costa.

Netflix proporcionó un titular muy jugoso, “la serie más vista de la historia de Netflix”. Alguien se enteró, oh, sorpresa, que para hacer la traducción a las distintas lenguas se habían empleado programas de traducción automáticos del estilo “Google Translator”, con lo que se recogieron las protestas de los traductores profesionales que veían maltratado su oficio, al final ellos se convertían en los que revisaban la versión final. Por cierto, que espero que lo hagan mejor que el coreano que traducía al español en el primer capítulo de La Fortuna, donde el personaje de Álvaro Mel debía ocuparse de traducir al ministro ante las equivocaciones del intérprete. Seguro que sí.

Luego estaban las noticias frikis, claves de interpretación, pistas que el espectador debería haber interpretado para anticiparse a algunas sorpresas, y tal y cual. Aunque el colmo son unas tarjetas que pululan y que imitan a las de la serie, con las que se invitaba a los concursantes a participar.

Y claro, también estaban las noticias sobre las cualidades adictivas de las serie, y los posibles efectos perniciosos entre el público joven, en el patio los chavales juegan al calamar, a ver si se nos van a matar, piensa alguno, y en fin, pedagogos y educadores se lanzaron a opinar a toda velocidad. Además no son desdeñables las opiniones de los famosos, como la de Arturo Pérez-Reverte.

No es que me escandalice de que los medios busquen puntos de vista novedosos para hablar de El juego del calamar. Pero en muchos casos revela una simple identificación de “tema que genera muchas visitas”, o sea, no se piensa que aquello sea interesante para el lector, sino que se trata de idear un titular original que incluya “El juego del calamar” y algo pintoresco (“Las canicas se ponen de moda en el cole”, o lo que sea), que lleve al click. Y confieso que hacer de trilero no me va...

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