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The End de la primera temporada de la precuela de "El Señor de los Anillos"

Siete cosas que me gustan mucho de "Los Anillos de Poder"... ¡y otras siete cosas que no!

Se acaba de lanzar “Aliados”, el octavo y último episodio de la primera temporada de la esperada serie de Amazon Prime Video, inspirada por la inmortal obra de J.R.R. Tolkien. Aquí van 7 aspectos que aplaudo con las orejas, y otros 7 que no me han gustado un pelo.

Siete cosas que me gustan mucho de "Los Anillos de Poder"... ¡y otras siete cosas que no!

Vamos a ser positivos, y empiezo por lo que más me ha gustado de “Los Anillos de Poder”.

1) Lo que se cuenta es coherente con la obra de J.R.R. Tolkien, no hay disparates o herejías que harían al gran escritor revolverse en su tumba.

2) El despliegue de producción es apabullante. Se recrean los distintos lugares habitados por elfos, hombres, enanos, pelosos y orcos con impresionante imaginería. Todo es grandioso, también los momentos de las batallas.

3) Las películas de Peter Jackson lograban mostrar la belleza de la Tierra Media y transmitir la sensación de amplitud, con la fatiga de los personajes desplazándose de un lugar a otro. Aquí también hay algo de eso, con planos generales muy hermosos.

4) En los libros de Tolkien asomaban con frecuencia poemas y canciones. Con una serie tan larga como la que nos ocupa hay espacio para incluir tales canciones, ocurre cuando acompañamos a los Pelosos, y en la canción final que nos habla de la forja de los Anillos de Poder, con el conocido poema “Tres anillos para los reyes elfos...”.

5) En lo referente a la trama, lo más logrado es la amistad entre el elfo Elrond y el enano Durin, y en general los conflictos entre una y otra raza de criaturas, incluida la cabezonería del rey enano a la hora de atender a las necesidades élficas.

6) Entre los pelosos, antepasados de los hobbits, está muy logrado el personaje de Nori, la más aventurera y atrevida de estas criaturas, que logra elevar el riesgo de que todos los suyos parezcan personajes un tanto etéreos.

7) El dibujo de los conflictos internos de los personajes, especialmente en Galadriel, de su lado oscuro con el más luminoso.

Y lo que no me gusta un pelo peloso

1) La trama hinchada hasta el infinito, la narración se hace muy larga, todo se estira como un chicle, se avanza con lentitud... Habría sido mejor una trilogía como las existentes de Jackson, que cinco temporadas, que parecen excesivas.

2) La abundancia de pasajes solemnes, con diálogos rimbombantes, que harían las delicias de las parodias de Cruz y Raya, como su célebre sketch despiporrante sobre Gandalf y Frodo, su "parte sin demora...".

3) Los aires a lo Juana de Arco de Galadriel, reimaginada como una gran guerrera, dando lecciones bélicas con ocasión o sin ella, algo bastante ajeno al modo en que nos la había mostrado Tolkien.

4) El empeño en incluir entre las distintas razas de la Tierra Media, hombres, elfos, enanos, pelosos, tipos blancos, negros, hispanos... Queda raro y no se entiende. Si existe alguna diferencia es la mencionada entre diferentes criaturas, ahí hay prejuicios y necesidad de convivir. En lo otro, algo chirría, no se sabe cómo se da esa diversidad. Son además muchísimos personajes los que conocemos, y algunos se dibujan con rasgos bastante básicos.

5) La búsqueda de la paridad, la inclusión de muchas mujeres. Tolkien imaginó su mitología de un modo determinado, donde no había tantas féminas. Podrá parecer bien, mal o regular, pero es lo que hay. Imaginar criaturas malignas chicas que buscan a Sauron, dar peso significativo a la reina de Númenor, la herrera con peto enamorada de un elfo, mostrar muchas mujeres guerreras... No es lo esperado, aunque lo reclamen los tiempos. Es como si alguien tomara las aventuras de Tintín, un mundo donde la única mujer de cierto peso es la Castafiore, y creara un nuevo álbum con multitud de chicas.

6) El jugar al desconcierto del “muero porque no muero”, se abusa de personajes que parece que van a morir pero resulta que no. Son trucos narrativos algo baratos.

7) El jugar al desconcierto con la identidad de Sauron, el factor sorpresa tiene sentido cuando tiene sentido. Aquí, jugar a que se oculta por razones peregrinas, y mostrar a alguien como caído del cielo, que balbucea... De nuevo, truquillos baratos.

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