A nadie con ojos en la cara se le escapa que las cosas en Disney, compañía por antonomasia del entretenimiento familiar, están bastante caldeadas. En un afán de ajustarse a los tiempos, algunos no reconocen a la compañía fundada por Walt Disney.
Hace cerca de dos décadas, el ganador del premio Pulitzer James B. Stewart escribió un apasionante libro, nunca publicado en español, titulado “DisneyWar”, que detallaba las luchas de poder ocurridas por aquel entonces en el seno de la exitosa compañía creada por Walt Disney. Fue un auténtico choque de trenes entre Roy Disney, sobrino de Walt y presidente de la división de animación, que deseaba ser fiel al espíritu original del “lugar más feliz sobre la tierra” –si citamos una canción Disney– y las ideas de negocio del presidente y director ejecutivo del cotarro Michael Eisner. Entre los disgustos de la época se cuentan la salida de Jeffrey Katzenberg, impulsor de El rey león, de la compañía, y las desavenencias con Steve Jobs, creador de Apple y unos de los nombres clave de Pixar.
Aunque Stewart no descansa, y ha coescrito recientemente con Rachel Abrams un libro sobre las luchas internas dentro de Paramount, “Unscripted”, bien estaría que se lanzara con un nuevo título que me permito sugerirle, “La Segunda DisneyWar”, porque las peleas dentro de la compañía del ratón liderada, todavía, por Bob Iger, están más encendidas que nunca, sobre todo por algunos movimientos erráticos que probablemente habrían hecho arrugar la nariz al tío Walt.
A Disney se le acusa, y hay motivos para ello, de haber sucumbido a la ideología woke. Con resultados discutibles a la hora de apostar por la diversidad sexual y racial en sus historias, hasta el propio Iger en una sesión organizada por el New York Times admitió que tal vez deberían prestar más atención a su misión de entretener, y menos a la de enviar “mensajes”.
Entre las acciones de Disney que han causada estupefacción están las de limitar los rodajes en estados como Atlanta que aprobaran leyes restrictivas con el aborto. Se posicionó en contra de la legislación del gobernador de Florida de Roy DeSantis que frenaba el adoctrinamiento sexual en las escuelas, lo que provocó una revisión de las leyes fiscales de privilegio para la compañía, que fue denunciada ante los tribunales, con la derrota de Disney. Y en fin, el empeño en incluir personajes gays en todo tipo de producciones, incluidas las cintas de animación familiares, han llevado a un resultado decepcionante en taquilla de títulos como Lightyear o Mundo extraño. También cabe señalar el enfrentamiento con Elon Musk, dueño de X, antes Twitter, al que Disney ha decidido negar su publicidad; Musk, lejos de arredrarse, no deja pasar ocasión para sacudir a Disney, incluso alentando pleitos de despido improcedente por las ideas, el caso de Gina Carano, actriz de The Mandalorian.
Dentro de pocas semanas, a Disney le toca la renovación de cargos en la junta directiva de la compañía, y varios inversores descontentos con Iger pugnan por tener sillas en dicha junta. Destacan Nelson Petz, del fondo de inversión Trian Fund Management, que reclama dos puestos, y la compañía con menos peso Blackwells Capital, que buscan el respaldo de los pequeños accionistas para salirse con suya. Petz pide rentabilidad, y márgenes como los de Netflix, y a la vista de todos está que desde 2021 el valor de las acciones ha caído a la mitad.
Disney ha presentado recientemente los resultados del último trimestre de 2023, que han sido mejores de lo previsto. Presume de crecer ligeramente en suscriptores a Disney+, de un acuerdo con Fox y Warner Discovery para gestionar deportes en streaming en Estados Unidos, de la inversión en el exitoso videojuego “Fortnite” y de que el exitoso último documental de Taylor Swift va a estar en Disney+.
Habrá que estar atentos a la fecha del 3 de abril, en que veremos cómo queda la junta de gobierno de Disney, y si Iger, que ya se fue una vez, y volvió ante la torpeza de su sucesor Bob Chapek, aguanta el tirón. Hay algo de decepción en cómo están funcionando en los últimos tiempos las marcas de Star Wars, Marvel, e incluso Pixar. Y podría producirse un cambio de timón, sobre todo en tiempos en que el wokismo parece perder adeptos, por sus limitaciones creativas y la cultura de la cancelación que tanto daño han hecho.
