Se ha producido en redes sociales un encendido debate a propósito de la no renovación en Trece del programa conducido por José Luis Garci “Classics”, que incluía programación de una película clásica, junto a una presentación y tertulia.
El motivo ha indignado a tirios y troyanos, pues al parecer habría existido una indicación de la cadena televisiva para que en la próxima temporada se seleccionaran sólo películas en color, que se supone que atraen a más espectadores. Motivos de audiencia y cancelación de programa en Trece. Hay quien ha recordado que TVE, televisión pública pagada con los impuestos de todos los españoles, debería estar para hacer cosas sin motivos comerciales, y que debería recuperar el programa. Aunque todos recordamos que “¡Qué grande es el cine!”, el programa con el que José Luis Garci empezó todo, era de TVE, y alguien pensó que no valía la pena respaldarlo. Rectificar es de sabios, o sea, que estaría bien que “Classics” volviera a su antiguo hogar. Aunque me permito dudar que esto ocurra, siempre queda la coartada de algún que otro rinconcito ya existente.
De todos modos, algo marcha mal en cuestión de gustos en el mundo, cuando un espectador considera que “blanco y negro” equivale a antiguo y rancio, y cuando muchos niños, me dicen sus padres, son incapaces de aguantar medio minuto de una película sin colorines, y en realidad ellos mismos tampoco. Me parece que la cosa no va de capacidad cromática, sino de excesos de pantallas e incapacidad de fijar la atención en algo más allá de unos... segundos, minutos, imposible más de media hora sin cambiar de la pantalla de la tele o el ordenador, a la del teléfono móvil. Y no digamos si un plano se alarga, o hay un diálogo elaborado.
Falta educación, aficionar a la lectura, tener tertulias y coloquios en familia y con los amigos sobre lo que vemos. ¿Por qué encandilan Garci y sus tertulianos a sus seguidores? Porque son sabios en la materia cinematográfica, sí, y se han preparado la peli, pero también porque hablan, destacan algo, y entregan un intercambio de puntos de vista enriquecedor. El arte de hablar y escuchar se ha perdido, ahora sólo hay posts enfurecidos en las redes sociales y trolls afanosos en atacar y linchar al que piensa distinto.
Hay además un fenómeno curioso. Nunca ha habido tantas películas al alcance de un click para quien quiera verlas. Recuerdo haber estado en un coloquio hace años organizado por Fox Vídeo con Gerardo Sánchez, donde nos preguntaban sobre el modo en que se veían las películas, y yo manifesté mi deseo de que algún día pudiera verse cualquier película que uno deseara ver, una filmoteca universal al alcance de todos. Esto es ya una realidad gracias a internet, o casi, pero... ¡la mayoría de los espectadores no la aprovecha! No saben qué ver, son, si se me permite la expresión evangélica, “como ovejas sin pastor”, tienen el gusto estragado, incapaces de saber qué merece la pena o qué podría gustarles, se asoman a las plataformas de streaming, y pinchan en lo que hay en portada o en lo que el algoritmo de turno adivina que les va a gustar, donde claro está, nunca habrá una propuesta desafiante.
De modo que color o blanco y negro no es la cuestión, la cuestión es la capacidad, cada vez más escasa en un público pasivo, para ver algo diferente, formativo, que alimenta el debate, nuestra formación cultural, y que sí, nos entretiene, lo que no significa necesariamente ver películas “de encefalograma plano”.
