Ayer domingo tuvimos la triste noticia de la muerte del actor francés Alain Delon, que tenía 88 años. Me han sorprendido no sólo los muchos comentarios que el óbito ha suscitado, sino la superficialidad de la mayoría de ellos, que hablan de cualquier cosa menos de su cine.
¿Era Alain Delon más o menos guapo que Paul Newman? Es uno de los "grandes" debates suscitados en las redes sociales, a propósito de la muerte del actor. No falta quien dice que era guapo, pero no buen actor, y ahí lo dejan. Otros le tachan de reaccionario, ¡de derechas, qué horror!, por haber manifestado simpatías políticas por Jean-Marie Le Pen. O no soportan que discrepara de la idea de que las parejas homosexuales pudieran adoptar niños. También he visto frases grandilocuentes y perfectamente huecas sobre que con esta muerte se cierra todo un capítulo del cine francés y bla, bla, bla.
Comprendo que vivimos una época en que nunca ha sido más fácil opinar sobre todo, y querer hacerlo antes que nadie, mejor si es con una frase rotunda y que llame la atención, aunque encierre una espléndida nada. Más difícil para estos comentaristas improvisados resulta sincerarse y admitir con sencillez que no se ha visto casi ninguna de sus películas, porque son de otra época y la cultura fílmica por desgracia es cada vez más limitada, no hay más que ver los taquillazos de este verano, ninguno de los cuales pasará a la historia del cine, a no ser como fenómeno sociológico de la banalidad imperante. Quizá la buena noticia es que no he visto ningún titular que diga “Muere Alain Delon, que fue Julio César en Astérix en los Juegos Olímpicos”. Y con la Olimpiada de París tan próxima...
En fin, en la filmografía de Delon hay unas cuentas obras maestras en las que puso su granito o granazo de arena, me parecen formidables Rocco y sus hermanos y El gatopardo de Visconti, y también A pleno sol, Gran jugada en la Costa Azul, Los felinos y, desde luego, El silencio de un hombre, e incluso después de tirarse a La piscina, entrega las valiosas El clan de los sicilianos, Círculo rojo y La viuda Couderc. Sí, las décadas de 1960 y 1970 son las mejores de su carrera, luego no deja de trabajar hasta el final del segundo milenio, pero no es lo mismo.
Vivió mucho e intensamente, fueron numerosos sus romances, y su familia, en el comunicado en que comunicaba la muerte ha pedido respeto a la intimidad, cosa que ya se ve, a tenor de los muchos dimes y diretes, es muy difícil de hacer. Dicen ahí que “Alain Fabien, Anouchka, Anthony, al igual que (su perro) Loubo, tienen el inmenso dolor de anunciar la partida de su padre. Se apagó serenamente en su casa de Douchy, rodeado de sus tres hijos y los suyos. El actor de A pleno sol y El silencio de un hombre se ha ido a reunirse con María junto a las estrellas tan caras a su corazón.”
La María mencionada es la Virgen María, a la que los católicos tenemos tanto cariño, al igual que Delon, que le dedicó una capilla en su propia casa, donde quería ser enterrado. Decía tener pasión por la Virgen, “amo a esta mujer, todo lo que ha hecho. Evidentemente se conoce más a su hijo, ¿pero quién era en realidad? A María le hablo, le digo cosas, le pido cosas. Me trae alivio, una compañía que no tengo, ella siempre está ahí. Me escucha y me reconforta.” A mí ha gustado leer estas declaraciones a Paris Match del actor, de 2018, donde un hombre que ha tenido lo que tantos ansían, belleza, fama, mujeres, dinero, con las consiguientes turbulencias, al final encontraba paz en la doncella de Nazaret, la madre de Jesús... Muchos no lo entenderán. Yo no puedo entrar en su cabeza y en su alma, pero algo intuyo, sí, de esa confianza en su madre espiritual.
