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Blog de Hildy

Cuando la información de películas y series toca fondo en rigor y profundidad

Yo exijo críticas de cine "pata negra", basta ya de tonterías

"Esta película ha sido vista por un ser humano de principio a fin en una sala de cine, e incluso ha dedicado un poco de tiempo a pensar en ella". Esta advertencia, al principio de la crítica de una película, sería muy de agradecer en los raros tiempos que corren.

Yo exijo críticas de cine "pata negra", basta ya de tonterías

El viernes pasado acudí a un pase de prensa de la película La semilla de la higuera sagrada, que se estrena el próximo viernes. Es una película de prestigio, premiada en el pasado Festival de Cannes, todo un reconocimiento a su director, el iraní Mohammad Rasoulof, perseguido por los ayatolás de su país. Creí que la sala estaría a rebosar, pero poco más de una media docena de colegas respondimos a la convocatoria. Es cierto que la película ha pasado por varios festivales, y es posible que críticos e informadores hayan podido verla en otros foros, pero la cosa me hizo pensar. Ya no es sólo que la profesión de periodista cinematográfico en sus diversas facetas esté en franco declive, sino que los que nos dedicamos a esto a veces podemos conformarnos con cualquier cosa a la hora de hablar de una película.

Por eso yo propondría que en las críticas e informaciones de películas hubiera una especie de “etiqueta de calidad”, que avalara el esfuerzo y rigor que se han aplicado al texto o reportaje de que se trate. Igual que en vinos no es lo mismo decir “criado en barrica de roble durante tres años” que “vino de garrafón”, a mí me parece que no es lo mismo “reseña escrita con IA” que “crítica elaborada tras visionado de la película en sala oscura con el teléfono en modo avión y durante sus dos horas y cuarenta y ocho minutos de metraje”. El ideal sería alcanzar el certificado de “crítica pata negra”, pero de ésas cada vez van quedando menos, me temo. Ahora, con petición expresa de perdón a los becarios, se le pide a uno que haga un “corta y pega”, o que le diga a la Inteligencia Artificial “escríbeme una crítica sesuda de La semilla de la higuera sagrada, destacando su compromiso en la lucha por los derechos humanos en Irán”, y hala, a tirar con eso, que hay que aprovechar el tiempo. El resultado es la mediocridad absoluta, la falta de voces diversas –¿la diversidad era esto?–, los promedios de cosas como los porcentajes de MetaCritics o Rotten Tomatoes, cada vez importa menos los que diga tal o cual crítico, ¡buaanhhh!

Ay, cómo se está devaluando el análisis cinematográfico. Entre que no paran de estrenarse películas y series, en salas y plataformas de streaming, que no da tiempo a visionarlo todo, y que muchos consideran una “pérdida de tiempo” dedicar el tiempo de su duración, ni más ni menos, a la contemplación de una obra audiovisual, los que escribimos de cine vamos de c...., por decirlo mal y pronto. Y nos dejamos arrastrar por la insoportable presión de abarcar mucho y apretar poco, con el precio de reseñas superficiales, apresuradas e incluso con faltas de ortografía y errores gramaticales.

He aquí el modo en que en muchas ocasiones el profesional del análisis fílmico y seriado se ve abocado a visionar lo que toca:

-En sala de cine, con luces apagadas, de principio a fin. Es el modo ideal y fetén, como se ha hecho toda la vida. Por supuesto, podía entrarte el sueño y acabar dando una cabezada, o que la cosa se te hiciera insoportable y estuvieras mirando el reloj todo el rato, pero en fin, al menos podías decir “la he visto en las mejores condiciones posibles”.

-Con un enlace de visionado, que te proporciona la distribuidora. Aquí caben todo tipo de posibilidades que lastran las condiciones óptimas de ver una película o serie, y por tanto, el juicio sobre la misma: marca de aguas insufrible, para que no piratees, verla en la pantalla de un ordenador con un tamaño de la imagen no óptima, estar en modo multitarea, haciendo varias cosas a la vez...

-Otras veces, ni siquiera es el enlace que te da una distribuidora, hay quien se busca la vida, y busca en algún sitio donde descargar una versión que alguien ha subido fraudulentamente ahí, con mayor o menor calidad, en versión original con subtítulos creados por IA, y en fin, seguro que te sale una crítica pistonuda.

-Con los enlaces de visionado existe además una gran tentación, cuando la cosa se pone “heavy”: aumentar la velocidad de visionado, si tenemos un vimeo, hasta el doble de velocidad se puede poner, y en fin, si pasada media hora, la cosa no parece que vaya a dar mucho más de sí, y uno está cansado, y tal y cual, pues se entiende, se entiende que pisemos el acelerador.

-¿Cuántos episodios o cuántas temporadas hay que ver de una serie, para considerar que “la he visto”, “puedo hacer un juicio ecuánime y ponderado”, que diría parafraseando a un inculpado que desconocía lo que quería decir con esas palabras? Difícil pregunta con difícil respuesta. En un mundo ideal, hay que ver todos los episodios y todas las temporadas. Siendo pragmáticos, y sabiendo que el tiempo infinito no existe, tenemos horas y minutos limitados, y con la reducción de la jornada laboral ya ni te cuento, pues claro, hay que confiar en el sentido común del crítico, que no se deje llevar por la pereza, y sea capaz de recalar en un puerto, tomar aire, y dictar sentencia, si cree que puede dar una razonable ya. A veces convendrá decir “tras ver los cuatro primeros capítulos...”. En fin, lo que tengo claro es que es muy, muy, pero que muy difícil, que una serie me esté pareciendo malísima, y que su octavo y último capítulo me pueda hacer recapacitar hasta gritar “¡Eureka! ¡Esta serie es una obra maestra!”. Puede que el buen vino lo hayan guardado para el final, pero más habitual es que estemos ante el llamado “final por derribo”, o como mucho con algo abierto y sorprendente para emocionar únicamente al espectador incauto.

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