Vivimos tiempos en que las salas de cine solo se llenan con blockbusters. Es lo que hay. La gente ve el cine en sus casas, y aquí, todo el mundo cree que Netflix es el rey. Pues sí, y no. Todos sabemos que además de películas, hay series, y que además de series, hay otros muchos contenidos. Y aquí el rey se llama... YouTube, que es propiedad de Google.
Recientemente Ben Fritz publicaba un reportaje en el Wall Street Journal donde, con cifras de Estados Unidos, señala que los vídeos de YouTube no sólo son líderes en las pantallas de los teléfonos móviles, la tabletas y los ordenadores portátiles y de mesa, sino también, en las pantallas de televisión. Por encima de un Disney que tiene sus canales televisivos además de Disney+, o de Netflix, a quien todos consideran el ganador de la llamada guerra del streaming, frente a las propuestas de los grandes estudios, la realidad es que YouTube es la que se lleva el gato al agua en relación a lo que se ve en los hogares. Y es que este gran contenedor de vídeos, además de que permite alquilar películas, ofrece documentales y material sin cuento, que suben tantísimos particulares entusiastas, además de influencers emprendedores, y grandes grupos multimedia, que tienen ahí sus canales, todos ofrecen interesantísimos contenidos irresistibles.
Los datos de Nielsen de mayo de 2025, señalan que YouTube tiene un 12,5% de share en Estados Unidos, frente al 10,7% de Disney o el 7,5% de Netflix. Por supuesto, en el caso de Netflix estamos hablando de única y exclusivamente la plataforma de streaming, frente a otros contenidos, pero la fortaleza de YouTube es más que notable, y hay que pensar que Ted Sarandos y compañía de gastan un porrón de millones en producir contenido; un contenido que ahora ofrecen por entregas en los títulos más esperados, pues se constata que el tirón de series como Miércoles o Stranger Things conviene estirarlo un poco. No hasta el punto de caer en la cadencia de episodio semanal, como hacen otros operadores, aunque todo se andará. De momento saborean un momento de dulce victoria, con una gran capitalización en bolsa, el aumento de número de suscriptores y sus primeras incursiones en el modelo con publicidad, de modo que los resultados trimestrales no hacen más que aumentar la cotización de las acciones.
YouTube ha mejorado su app para televisión, y los creadores están produciendo videos más largos y de mayor calidad, que cubren todos los gustos y muestran una gran profesionalidad. Sus responsables han renunciado a la idea de crear contenido propio –es notable el caso de Cobra Kai, que acabó aterrizando en Netflix–, y en cambio permiten a plataformas como HBO Max o Paramount+ ofrecer suscripciones integradas a esas plataformas. La capacidad de generar ingresos por publicidad o en versión prémium sin anuncios es la envidia del sector, y está claro que Netflix, desde que se subió al carro de la opción de suscripción con publicidad, se mueve en esa misma dirección.
Lo cierto es todo está cambiando mucho, de modo que el estándar de una plataforma de streaming ofreciendo solo películas y series es cosa del pasado. En una convergencia hacia la televisión convencional a la hora de ofrecer acontecimientos deportivos en directo, o programas reality, más otras propuestas como los videojuegos, aquí la clave es tener el mayor número de usuarios posibles, y que todos aporten ingresos cada mes, mientras crece el valor de la compañía. Por supuesto existe el peligro burbuja, y que las compañías pinchen, pero YouTube tiene una fortaleza inmejorable, y Netflix se mantiene fiel a su capacidad de adaptarse a lo que toca, que comenzó ya desde su fundación, cuando eran un videoclub que servía sus películas por correo postal, hace poco más de 25 años.
